Boletín Oficial de las Cortes de Aragón


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Respuesta escrita del Consejero de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente a la Pregunta núm. 465/21, relativa a la autoría de los ataques a los rebaños de ganados en Monegros (BOCA núm. 148, de 08/07/2021).

Boletín Oficial de las Cortes de Aragón n°:154 (X Legislatura) PDF

Los ataques a ganado registrados en la Comunidad Autónoma de Aragón en los últimos cinco años han sido protagonizados mayoritariamente por perros (Canis lupus familiaris), con una proporción anecdótica atribuible a lobo (Canis lupus) a partir de los hallazgos de necropsia.

Desde el punto de vista taxonómico, el perro no es sino la variedad domesticada del lobo. Físicamente, perros de razas grandes y lobos poseen características muy similares, huellas, tamaño de los caninos y distancia entre estos, caracteres que pueden ser medidos en la necropsia de especies presa.
Estas similitudes hacen que tanto huellas como amplitud del mordisco y diámetro de los orificios practicados por los caninos, no puedan ser utilizados para una diferenciación objetiva en el caso de ataque.
Sin embargo, hay otra serie de signos objetivos, derivados del comportamiento extremadamente distinto de perros y lobos, que sí son determinantes. Para comprenderlo, es preciso describir brevemente las características predatorias de ambas especies.
1. Criterios para determinar la autoría de muerte de las ovejas:
A. Tipología de mordisco:
El lobo, como animal salvaje cuya supervivencia depende del balance entre la energía obtenida al alimentarse de la presa y la energía invertida en su obtención, hacen ataques rápidos y certeros, para asegurar que la energía obtenida sea muy superior a la invertida.
Esto se traduce en mordiscos efectivos, buscando el desplome o la inmovilización de la presa. Los cachorros de entre 4 y 10 meses lo aprenden de sus progenitores durante el período en el que acompañan a la manada en la caza. Todo lobo joven dispersante es capaz de practicar este mordisco efectivo.
El punto elegido es el espacio retromandibular, en donde se encuentran los senos carotideos y el nervio vago. La presión de la mandíbula del lobo sobre esta zona se traduce en una bradicardia, es decir, un descenso de la frecuencia cardíaca normal, que inmovilizaría a la presa.
Para oveja y cabra, el efecto es fulminante. Y normalmente, ese es el único punto del cuerpo de la res que presenta lesión durante la necropsia. Incluso, a veces, es poco visible, ya que el lobo no busca desgarrar ni arrancar tejido, sino ejercer presión sobre la zona. Cuando el lobo es viejo y los caninos están desgastados, no suele haber ni orificios de caninos en la región mordida.
En caso de presas rápidas y ágiles (borregas) o grandes (carneros), el lobo puede morder otras localizaciones antes de atacar la región retromandibular en las regiones de las extremidades, para causar el desplome del animal atacado (cara posterior de los muslos y, en menor medida, de los húmeros).
En el caso de los perros, milenios de domesticación ha seleccionado ejemplares que conservan predisposición al juego durante toda su vida, no sólo en etapa juvenil, que es lo habitual en los animales salvajes. Los perros conservan el instinto depredador de su antepasado el lobo, de modo que todo perro se ve estimulado a perseguir una presa en movimiento; pero carecen del aprendizaje para la predación efectiva.
Es decir, la carencia de aprendizaje, la predisposición al juego y el instinto de depredación, unidos, provocan un cuadro lesionar que puede resumirse en mordiscos distribuidos de forma aleatoria por todo el cuerpo de la presa, muchas veces en puntos que son completamente inútiles para derribar a esta (columna vertebral, orejas, cola, parte distal de las extremidades, mitad del cuello, etc.). Además, los mordiscos son mucho menos intensos, porque los perros no mantienen la presión durante mucho tiempo, y se ven en la necropsia como zonas de hematoma, con incisiones de caninos más o menos profundas, sin apenas laceración muscular, limitada a los puntos de perforación de los caninos, o incluso con solo puntos de hematoma más intenso donde los colmillos presionaron la piel (contusiones puntiformes). A veces los desgarros interesan vasos sanguíneos y se observan hemorragias importantes.
En el caso de los perros de caza mayor extraviados o los de rehala, estos conservan su instinto de morder en el cuello, pero lo más frecuente es que la muerte se produzca por degüello, dando lugar a animales desangrados, con neumonía hemorrágica focal por aspiración, provocada al seccionar grandes vasos del cuello y tráquea.
B. Lesiones internas
En el caso de ovejas muertas por lobo, la única lesión interna que se detecta suele ser un pulmón uniformemente congestivo y prácticamente colapsado.
C. Patrón de consumo de la presa
Se observa cuando el cadáver ha sido consumido intensamente. Siendo el lobo un animal no estrictamente carnívoro, precisa ingerir vitaminas y aminoácidos que él mismo no puede sintetizar. En el caso de los rumiantes, la flora bacteriana simbiótica presente en el rumen, fermenta y transforma el alimento ingerido, sintetizando todos los nutrientes que el animal necesita, nutrientes que se hallan en alta concentración en el abomaso o cuajar, la parte del estómago más caudal.
El lobo, tras abatir al rumiante, practica una abertura inmediatamente caudal a la apófisis xifoides (abdomen junto a la parte más posterior del esternón), desgarrando la piel desde allí hasta el flanco, dejando toda una mitad del abdomen expuesta; acto seguido, en la mayoría de las ocasiones es el contenido del abomaso, situado en el punto descrito, lo primero en ser consumido.
Cuando los perros consumen las reses abatidas, lo que no siempre ocurre, el patrón de consumo es bastante aleatorio, suelen comer músculo, sobre todo de caderas, pectorales u hombros, y es frecuente que los perros desgarren piel y músculo abdominal en el ijar, extrayendo asas intestinales que no consumen y quedan extendidas desde la abertura.
D. Cantidad de animales muertos en el ataque
Es también habitual que los perros sigan persiguiendo ovejas aun después de haber matado varias (aún en mayor medida que los lobos), dando lugar a numerosas muertes por amontonamiento y asfixia de las reses. Mortandades de cientos de ovejas son comunes en ataques de perro. Se han registrado varios ataques de perro en los que, cada uno de ellos, ha superado en una noche el número de ovejas muertas por lobo en cuatro años en Aragón.

Zaragoza, 30 de julio de 2021.

El Consejero de Agricultura,
Ganadería y Medio Ambiente
JOAQUÍN OLONA BLASCO

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