Diario de Sesiones de las Cortes de Aragón


Propuesta de la Mesa de las Cortes, oída la Junta de Portavoces, de tramitación directamente y en lectura única de la Proposición de Ley del Himno de Aragón

Diario de Sesiones de las Cortes de Aragón n°: 045 de Plenos (II Legislatura)
Intervinienen:

El primer punto del Orden del Día es el relativo a la toma en consideración de la Proposición de Ley del Himno de Aragón, presentada por el Grupo Parlamentario Socialista, Grupo Parlamentario Popular, Grupo Parlamentario de Centro Democrático y Social y Grupo Parlamentario Mixto.

Toma en consideración de la Proposición de Ley del Himno de Aragón, presentada por los GG.PP. Socialista, Popular, de Centro Democrático y Social y Mixto.

Se remitió en su día a la Diputación General de Aragón, a efectos de que por este órgano de Gobierno se emitiera el criterio al respecto, sin que se haya emitido criterio al respecto de la toma en consideración de la mencionada Proposición de Ley.

¿Algún Grupo Parlamentario quiere hacer uso de la palabra a efectos de la presentación de la Proposición de Ley? Don José Luis Merino, de Centro Democrático y Social, tiene la palabra.

El señor DIPUTADO (MERINO Y HERNANDEZ): Señor Presidente, Señorías.

Parece que el resto de los Portavoces de la mayoría de los Grupos de esta Cámara, que hemos apoyado la presentación de esta Proposición de Ley -y que anunciamos de antemano la votación favorable-, han querido que saliera, como podría haber salido cualquiera de ellos, a hacer esta presentación inicial. Bien entendido que éste es un tema que, por la medida en que han trascendido las opiniones, las críticas -favorables y desfavorables- extramuros de este palacio, casi daría hoy la gana de decir algo así: «pues ya poco más nos queda que decir, está todo dicho».

Bueno, sin embargo éste es un procedimiento parlamentario necesario. Parece que alguien tiene que salir por lo menos a dar pie a las fuerzas contradictorias con el himno, para que se cumplan los trámites parlamentarios, quienes estamos pretendiendo que este himno se apruebe, o, mejor dicho, esta Proposición de Ley, y quienes, por otra parte, desean oponerse a ella.

Señorías, voy a ser lo más breve que pueda, porque si en algo estamos también la mayor parte de los Grupos -y, por tanto, creo que la mayor parte del pueblo aragonés en este momento, al que representamos- de acuerdo es que ésta es una cuestión que ha trascendido en exceso en importancia. Sustantivamente, el himno, como la bandera, como el escudo, como el día de Aragón, tiene una importancia, evidentemente, pero nos parece a nosotros que en estos momentos de la Comunidad Autónoma, donde tantos problemas hay planteados, donde hay la necesidad de resolver tantas cuestiones, donde tanto debate parlamentario tenemos en estos momentos en marcha, nos parecía, nos ha parecido a todos que realmente su importancia debía ser menor y que, quizás, el deseo hubiera sido también que hoy no tuviéramos que estar debatiendo en esta Cámara acerca de este tema, sino que sencillamente estuviera sometido a votación, y por unanimidad saliera.

Pero, bueno, las cosas no son así, y en este sentido tenemos que decir algunas palabras, repitiendo lo que ya hemos dicho fuera de esta Cámara en otras ocasiones. Y me voy a referir sólo a los cuatro puntos que yo entiendo, sin perjuicio de que oigamos otras cosas después, más -digamos- críticos en torno a la Proposición que hoy se trae a este Parlamento.

Se ha hablado de la oportunidad de la Proposición del himno, se ha hablado del método utilizado, se ha hablado de su contenido, criticándolo en su contenido musical y, sobre todo, en la letra, y se ha hablado de un tema que es acerca de su iniciativa o acerca de su valor popular.

Me voy a referir brevísimamente a cada una de ellas. Señorías, la oportunidad y el método surgen en este Parlamento como consecuencia de una iniciativa de la Mesa de las Cortes, que adopta por unanimidad la decisión de encargar a un importante músico-compositor aragonés, el señor García Abril, la composición musical y la letra, en definitiva, de un posible himno para Aragón. A nosotros hasta este punto nos parece que el tema es absolutamente correcto, jamás, al menos desde mi Grupo, hemos entrado -salvo que entendiésemos que se estaba cometiendo un desafuero, que nunca hemos visto- a discutir las decisiones de la Mesa de las Cortes, máxime si esas decisiones han sido tomadas por unanimidad, y máxime si, como ocurre en este Parlamento, salvo el Grupo de Izquierda Unida -lógicamente el Grupo Mixto, que no estaba al comienzo de la Legislatura, tampoco lo estaría en este momento-, los demás Grupos pertenecen a la Mesa de las Cortes. Cuando la decisión es tomada por cuatro Grupos Parlamentarios, es decir, por orden de mayor a menor, por el Grupo Socialista, por el Grupo Aragonés Regionalista, por el Grupo Popular y por el Grupo de Centro Democrático y Social, todos ellos presentes en la Mesa de las Cortes; cuando adoptan por unanimidad el encargo a un músico aragonés de la confección de un himno, nosotros no tenemos ninguna objeción, nos parece absolutamente correcto. Igual que cuando se decide la celebración del día de San Jorge en las Cortes de Aragón el día 22, o como cuando se decide la edición de un libro o como cuando se decide un viaje adonde quiera que fuere. Nos parece que las decisiones de la Mesa son tomadas en un momento determinado, que la oportunidad la han valorado los miembros de la Mesa, y desde ese instante nosotros pocas objeciones tenemos que hacer. Por tanto, oportunidad y método es decisión política, es decisión adoptada por la mayoría de los Grupos presentes en la Mesa, y ahí nosotros nada que objetar.

Un día se nos presentó en esta Cámara a los Portavoces la oportunidad de escuchar el primer himno de Aragón, elaborado a través de este encargo. Y escuchamos, tengo que decir que con sumo gusto, una música agradable, y no nos pareció tan agradable la letra. Hubo una segunda audición, y en aquellos momentos fue justamente este Portavoz que les habla el que pidió al propio músico la posibilidad de escuchar por separado, es decir, el himno sin letra, para valorar -y no les está hablando ningún experto en música, por supuesto- la música por separado. En la misma medida que ya había unas ciertas críticas a la letra, que a todos nos parecía, sin desdeñarla, por supuesto, y alabando incluso la labor hecha por el poeta que trabajó en ella, que no era la letra en estos momentos más acomodada a la situación, que quizás sea una letra que estaba un poco demodé. Se llega a un acuerdo por fin, con autorización, por supuesto, del autor de la música, se encarga la letra a cuatro poetas aragoneses que a mí me merecen, me lo han merecido siempre, y especialmente -si ustedes me lo permiten, y sin querer de ninguna manera minorizar en absoluto al resto, lo único que ocurre es que los conozco menos- yo encabezaría la calidad de todos esos poetas en la persona y en la figura prestigiosísima de don Ildefonso Manuel Gil, el actual Presidente-Director de la Institución Fernando el Católico de la Diputación de Zaragoza, un hombre, lo ha demostrado en su vida, de una humildad tal, un hombre que trascendió de su época, y quizás lo conocemos poco, aquél poeta en Nueva York, aquél hombre que ha llevado la poesía, que ha llevado la literatura, el sentir de su tierra fuera de nuestras fronteras, que aceptó -ya es humilde- el estar en estos momentos en el puesto que ocupa, y mucho más la humildad que tuvo -y él mismo lo decía públicamente el otro día-, él y los otros tres poetas, de aceptar la composición de una letra partiendo de una música que ya estaba hecha.

Yo creo sinceramente que sí es un rasgo de humildad, y que lo único que habría que hacer es un canto de alabanza a estos poetas, independientemente de la calidad de su obra, que a mí me parece buena, sencillamente por el rasgo que han tenido, que no demuestra otra cosa sino el sentimiento de amor que tienen hacia esta tierra. Se les encarga una letra, cumplen, y ahí tienen ustedes en estos momentos un himno determinado.

Sinceramente, yo creo que en los himnos, como cualquier pieza musical, como cualquier pieza literaria, nunca jamás nadie nos pondremos de acuerdo. Ustedes lean, por poner un ejemplo, la novela última de García Márquez, El general en su laberinto, y estoy seguro -bueno, no estoy seguro, lo he leído-, hay a quien nos apasiona, hay quienes sentimos poco menos que erizársenos los cabellos leyendo esa novela, y hay quien, por el contrario, la ha criticado severísimamente, hasta incluso en el estilo. Es decir, las obras literarias y las obras musicales no gustan a todos en el mismo grado. Nadie nos pondremos de acuerdo escuchando una sinfonía de Beethoven, evidentemente, hay a quien le dirá unas cosas y a quien le dirá otras, hay quien apreciará la calidad técnica de la música y hay quien apreciará los sentimientos que produce. Yo creo que hoy entrar en una discusión sobre la calidad musical o sobre la calidad literaria del texto me parece que sería -yo por mi parte no lo voy a hacer- una auténtica aberración.

Por último, Señorías, por mi parte decirles sencillamente que cuando este Portavoz ha escuchado el himno, le ha sonado muy bien, muy bien. Creo sencillamente que es un himno que se puede escuchar con sumo agrado.

Por último, se ha discutido si este himno es o no es popular. Y aquí hay dos temas -y con ello voy a concluir, Señorías-: es si su origen es popular y si va a ser popular. Hombre, en si va a ser popular, eso no lo puede predecir nadie, absolutamente nadie. Es decir, cualquier obra artística -ésta lo es, evidentemente- es aceptada o es rechazada por la ciudadanía en la medida en que la ciudadanía la conoce, y posteriormente la asume o no la asume. Lo decía muy bien uno de los autores de la letra, lo dijo también el señor Antón García Abril, es decir, depende de la receptividad que tenga el pueblo en un momento determinado. Cuando el pueblo lo conozca -hoy no lo conoce apenas- sabremos si el pueblo lo acepta o el pueblo no lo acepta.

Ahora bien, hay dos aspectos del carácter popular de un himno. Uno es si el himno de una región, de un país, de un estado, de una nación, debe ser de extracción popular, o de creación literaria ex novo, y, por otra parte, es si el himno debe ser o no un himno popular, en el sentido de que todos lo vayamos cantando o canturreando por las calles.

En el primer aspecto yo creo que los dos métodos son válidos, el método que se ha seguido en estas Cortes, de un encargo de una pieza artística, musical, literaria, con la finalidad de una creación ex novo, para saber si eso se puede adaptar a nuestra Comunidad, y, por otra parte, quienes pretenden que sea un texto popular, ya tradicional, que se canta por las calles incluso. Cualquiera de los dos métodos puede ser válido, la prueba es que en España tenemos ejemplos para todos los gustos; Señorías, desde el Himno nacional -que, por cierto, no se si alguno de Sus Señorías lo canta por las mañanas al afeitarse- hasta el Himno de una Comunidad Autónoma, bien popular él en su origen, que todos hemos cantado, por cierto, hasta los que no somos de esa región, me refiero al «Asturias, patria querida», y lo digo además sin ningún tipo de agresividad ni de indirecta. Yo respeto muchísimo a la Comunidad Autónoma de Asturias, decidieron elevar a himno una canción muy popular, tan popular que es una canción española -yo no diría que es asturiana-, que todos hemos cantado más de una vez, y que seguiremos cantando, por cierto.

Y quizás aquí se podía haber elegido entonces, con elevar a la categoria de himno, pues, qué les voy a decir a ustedes yo, el canto más popular de Aragón, que es la jota, evidentemente. Lo que pasa es que quizás no nos hubiéramos puesto de acuerdo, desde la Jota de los labradores» pasando por «La magallonera» o por la «Jota de la Dolores», o terminando en el «Bolero de Caspe», Aragón tiene una riqueza en el canto popular que hubiera sido difícil -la prueba es que se han oído opiniones encontradas- que hubiéramos podido adoptar una sin que el resto de los que no les gustaba tanto no se hubieran opuesto radicalmente. A mí me parece que el método digno de creación artística nueva es bueno. Y sobre si se aceptará o no popularmente es una cuestión que el tiempo lo tiene que decir.

Hay dos tipos de himnos -y con ello sí que voy a concluir, Señorías-, los himnos que yo llamaría canciones populares -«Asturias, patria querida»-, si hubiera sido una jota aragonesa de las que todos solemos cantar –aquéllas que nos sabemos, porque hay otras muchas que no nos sabemos, y seríamos incapaces de cantar-, y, por otra parte, lo que yo calificaría de himnos de solemnidad, es decir, esos himnos que produce profundo respeto el escucharlos, que además evoca, indudablemente, la región, el país, el territorio que ese himno quiere representar; entre estos segundos yo pondría sin duda el Himno nacional español, que cuando lo oímos tenemos -deberíamos tener, por lo menos- un sentido de respeto profundo y de admiración, no hacia el himno en sí, sino hacia lo que él representa. Y en ese sentido tengo la sensación, aunque el tiempo dirá lo que quiera, y el pueblo aceptará uno u otro sentido, que este himno, que puede tener unos atisbos populares... y la prueba es que hay unas notas en el himno que yo les aseguro a ustedes que afeitándome por la mañana las canturreo, aquello de: «Vencedor de tanto olvido/ memoria de eternidad...», yo me lo voy aprendiendo, con eso no quiero inducirles a ustedes a que lo aprendan o lo dejen de aprender.

Pero éste puede ser, y estoy convencido de ello -y termino-, un himno de solemnidad. Sin perjuicio de que ha podido haber otros, indudablemente. Todas las obras son perfectibles y mejorables, posiblemente escucharíamos otro y sería tan bueno o, a lo mejor, mejor que éste. Pero éste, Señorías, en el caso de salir aprobado en la mañana de hoy, les aseguro a ustedes, por las veces que yo he tenido ocasión de escucharlo, que éste puede ser un himno de solemnidad. Quiere decir que cuando lo oigamos, si lo oímos con objetividad, lo estamos oyendo con respeto, y en mucha medida este himno nos está recordando lo que un himno debe recordar, es decir, Aragón.

Muchas gracias.

El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Merino. Señores Diputados, guarden silencio, por favor.

¿Intervención de cualquier otro Grupo Palamentario? (Pausa.) ¿No desea intervenir ningún Grupo Parlamentario? Se procede directamente a votación. Llámese a votación...

Intervención de Grupo Parlamentario para consumir turno en contra. Señor Mur, tiene la palabra.

El señor DIPUTADO (MUR BERNAD): Muchas gracias, señor Presidente.

Para consumir el turno de posición de Grupos, puesto que parece que no hay ninguna otra intervención, es nuestro turno.

El señor DIPUTADO (DE LAS CASAS GIL) (Desde el escaño): Perdón, creíamos que era turno en contra. Si es para fijar posiciones del Grupo, nosotros también esperamos intervenir cuando proceda.

El señor DIPUTADO (MUR BERNAD): Entonces, usted verá.

El señor DIPUTADO (DE LAS CASAS GIL) (Desde el escaño): Nosotros creíamos que era turno en contra.

El señor PRESIDENTE: Por eso se lo he preguntado, señor Mur. ¿Para consumir turno en contra o para posicionamiento de su Grupo?

El señor DIPUTADO (MUR BERNAD): La ordenación del debate lo dice muy claro, señor Presidente.

El señor PRESIDENTE: Dice: «Intervención de Grupos Parlamentarios».

A continuación Izquierda Unida de Aragón, y a continuación Partido Aragonés Regionalista. Gracias, señor Mur.

Señor de las Casas, tiene la palabra.

El señor DIPUTADO (DE LAS CASAS GIL): Muchas gracias, señor Presidente.

En el turno de toma en consideración de la Ley, nuestro Grupo quiere exponer sus posiciones, ya para indicar en el plan que venimos -pues hoy venimos con una ficha, vamos aprendiendo también estas cosas-, para introducir un poco el tema también históricamente, con una visión histórica, con alguna matización a lo que ha dicho el señor Merino -con lo que en líneas generales estoy de acuerdo-.

Empezar diciendo que así como el anterior Presidente, don Antonio Embid, construyó, o bajo su Presidencia se construyó la moderna Aljafería, y es un hecho importante, aunque no pudo inaugurarla por completo, es posible que el próximo Presidente de estas Cortes de Aragón sea, por ejemplo, un ciudadano de Teruel, por eso de la descentralización, y entonces parece lógico que a lo mejor se construya, o construya, para el Presidente un chalé o una cosa parecida para poder residir. Qué menos que el Presidente que tenemos, don Juan Bautista Monserrat, nos deje como una de sus obras un himno, un buen himno.

Yo creo que es una cosa modesta y que vale la pena. ¿Y por qué oponerse a ello?, ¿por qué nos vamos a oponer? ¿Qué hubiera sido de Beethoven si el Archiduque Rodolfo, más tarde Arzobispo de Olmis, no lo hubiera apoyado? Pues no habríamos podido sentir el entusiasmo revolucionario de la sinfonía «Heroica», surgida precisamente hoy, que estamos en el doscientos aniversario, al abrigo de la contemporánea -entonces- Revolución francesa. ¿Qué hubiera sido de Juan Sebastián Bach sin el Duque Guillermo Ernesto de Sajonia-Weimar? ¿Qué hubiera sido de Mozart sin el Emperador José II? (Risas.) Yo no digo que Juan Bautista Monserrat sea o pretenda ser archiduque, duque, arzobispo o emperador... (Risas.) Hombre, mirándolo bien... ¿por qué no? (Risas.) Es joven (risas), algún otro ha llegado a cargos importantes, y ¿quién se lo iba a decir? (Risas.) Pero, ¿qué sería de Antón García Abril, aquí en Aragón, sin un prócer y un mecenas como el Presidente Monserrat? Esto lo entendió el PAR en un principio, y por eso en la Mesa aprobó la contratación y encargó el himno, como lo hubiera hecho la Emperatriz Margarita de Viena, o de Austria. (Risas.)

Pero, más aún, el Consejero Enrique Calvo, en conversaciones particulares -pero todo se sabe-, que es persona profundamente introducida en el mundo musical, aceptó financiar su estreno pasado mañana, con tres, cuatro o cinco millones, no recuerdo cuánto. El Diputado Pérez Páramo seguro que se frotaba las manos, porque por una vez su partido tenía un profundo sentido artístico y apoyaba un himno encargado a Antón García Abril; y es un profundo amante, más que melómano es Pérez Páramo.

Pero, ¡ay!, se habían olvidado de la Reina madre. Claro, don Hipólito dijo que no. (Risas.)

    Entonces, ¿nosotros qué vamos a hacer con dos Diputados? Nosotros no podíamos entrar en ese extraño juego, y no crean que porque no nos lo pidiera el cuerpo, ¿eh?, como dice ahora la gente, hablando en un sentido vulgar y un tanto sensual,. con eso de pedir el cuerpo. Estuvimos tentados de entrar en el juego cuando el Portavoz del PAR nos adelantó en una Junta de Portavoces que iban a proponer el «Himno de las barricadas» como texto alternativo -era el himno que gustaba a Lenin, más que la Internacional, ¿eh?-. Incluso nosotros habríamos admitido como himno de Aragón alguna cierta adaptación de «La Marsellesa», por eso del doscientos aniversario de la Revolución francesa, y por eso de restañar viejas heridas históricas que ha habido entre aragoneses y franceses, y tal; aún lo habríamos admitido.

    Pero, al final, con todo esto, resulta que el PAR no se opone al himno en el proceso de la Mesa. Se opone, pero ahora, últimamente, en estos días últimos no se opone al himno. Yo creo que el señor Pérez Páramo les ha hecho entrar en razón una vez más. Pero se oponen a que sea estrenado el 23 de abril, o el 22 de abril. ¿Por qué? Porque en Ejea no tienen una mala jota que estrenar (risas), sólo ese grupo, un tanto retro, de «La década prodigiosa», que no tiene nada que ver con la historia de diez años del PAR, es otra cosa. (Risas.) Claro, lo digo porque cuando uno piensa que alguien cree que «Más Birras» es una marca de cerveza, se puede creer que «La década prodigiosa» es la historia del PAR. Claro; no es eso, no. (Risas.)

    Entonces, cómo van a patrocinar, a apoyar pasado mañana el estreno de un himno presentado por dignísimo Presidente, pero que es miembro de un partidillo... de un partido pardillo -pardillo no en el sentido de poca cosa, sino que no es ni rojo ni azul, sino de ese color pardo... (Risas.) ¿Cómo van a apoyar eso cuando el virrey, o la virreina, o lo que sea, no le ha dado el visto bueno? No puede ser. (Risas.)

    Con todo esto, ¿nosotros qué vamos a hacer?, ¿oponernos a que el futuro duque, archiduque, emperador -arzobispo, un poco difícil, ¿no?, arzobispo, un poco difícil-, oponernos a sus ideas, cercenar el arte, asumir la enorme responsabilidad histórica de que los futuros tratados de historia de la música universal digan que Antonio de las Casas y Pedro Salas -o sea, que poca cosa- impidieron una obra de tal calibre? No, hombre, no es posible. (Risas.)

    Por otra parte, ¿apoyar un himno al que el PAR desde el inicio dio su apoyo entusiasta, nosotros, que, según se dice aquí, ya por principio tendemos a oponernos a lo que diga el PAR? De ninguna manera. El PAR, que firmó los pagos, bueno, firmó en la Mesa los primeros pagos, y que incluso hasta pensó financiar su solemne estreno aquí. O sea, ¿decidir con nuestro voto entre la opinión y la música retro de don Hipólito y el futuro esperanzador del Presidente Juan Bautista Monserrat? ¿Nosotros? No, de ninguna manera; está claro que nos tenemos que abstener. (Risas y aplausos.)

    El señor PRESIDENTE: Gracias, señor de las Casas. Don José María Mur, en nombre del Grupo Parlamentario Aragonés Regionalista, tiene la palabra.

    El señor DIPUTADO (MUR BERNAD): Muchas gracias, señor Presidente.

    Pues parece que esto empieza bien. Yo sentía la sensación de estar en el espectáculo de Moncho Borrajo, porque creo que tenía algún parecido, ¿verdad?, lo que hasta ahora hemos venido oyendo aquí. Pero vamos a hablar en serio, si es que este tema merece que se hable en serio. Y para nuestro Grupo la verdad es que sí que merece que se hable en serio.

    Hoy tenemos aquí un tema que, en contra de lo esperado, y quizás hasta de lo deseado por algunos, ha logrado hasta traspasar los muros de esta casa. Mucha de la tarea que aquí se hace queda aquí, entre nosotros, y de no ser por el buen trabajo de los medios de comunicación, los aragoneses ni se enterarían de lo que hacemos aquí. A veces más vale que no se enteren, ¿verdad?

    Pero este punto, que iba a pasar de tapadillo, que estaba ya todo consensuado, que lleva meses de larga gestación, lleva algo así como dieciséis o diecisiete meses, ha sido un parto largo, laborioso, y posiblemente, por la tardanza -ya saben ustedes cuáles son los animales que tienen los embarazos más largos, no quiero nombrarlos-, pues empieza a parecer un poco este embarazo largo. Pues parecía que no iba a pasar nada, que todo estaba arreglado, que aquí no iba a protestar nadie, y que todos íbamos a cantar. Precisamente en unos momentos en que, evidentemente, no sé si estamos para canciones. Evidentemente, los del PAR no estamos para canciones. Los del PAR -ya lo hemos dicho- estamos para inversiones. Pero posiblemente alguien está tan contento de cómo están las cosas -no los labradores, que vienen contentos, sino parece que todos vienen contentos-, y habían decidido que había que tener un himno que hay que cantar, y que además hay que cantarlo en fecha fija.

    Bien. Pues, afortunadamente, esto ha traspasado los muros de esta casa; el pueblo, los ciudadanos se han enterado, y ha habido una cierta polémica, lo cual yo creo que es muy positivo porque demuestra que todavía hay sensibilidad por las cosas que aquí ocurren, y eso es bueno y es positivo. Hay sensibilidad porque en los últimos años yo creo que, si cogemos los resúmenes de prensa, pocos temas han tenido un tratamiento tan extenso ni han obtenido la opinión -incluo el artículo escrito de tantos y tantos aragoneses, los que opinan y los que escriben- como éste. Y eso me va a ahorrar a mí muchos de los argumentos que yo pudiera traer aquí, porque los que voy a intentar traer son aquellos argumentos, no los nuestros, que carecerían de mucho sentido, porque ya sabemos de antemano que por venir de donde vienen hay que combatirlos, y la prueba es la conjunción de fuerzas políticas que se han puesto de acuerdo para apoyar este himno y en este acto parlamentario. Con la excepción de la abstención de Izquierda Unida, el resto parece ser que mantienen una postura homogénea en contra de la postura que el Partido Aragonés mantiene.

    Esta Proposición de Ley que hoy aquí debatimos, la primera cosa que nos extraña, que nos llama la atención, es el tratamiento de la urgencia, un asunto que parece que nació allá por enero de 1988, y que, sin embargo, tiene que llegar al momento cumbre -si es que éste es el momento cumbre-, aplicándole un tratamiento de urgencia, como si fuera lo que más prisa corre en esta Comunidad Autónoma.

    Por otra parte, no hacía falta forzar tanto los reglamentos ni cercenar tantos derechos, evitando la posibilidad de opinar, de presentar enmiendas, de defenderlas, y de ganarlas o perderlas aquí mediante los votos. Si tanta prisa corría y tan importante es estrenar este himno, si tantas previsiones se habían tomado para que eso pueda ser cierto, mañana, pasado mañana, aquí, en este palacio de la Aljafería, pues cuando la Proposición lleva fecha y está firmada el día 4 de abril, pues parece lógico que el Boletín Oficial de las Cortes de Aragón la hubiera publicado algún día antes del 14 de abril. Nos gustaría saber qué ha pasado durante todos esos días para que haya que ir corriendo, deprisa, y nos veamos hoy abocados a ver en un solo Pleno, por la mañana y por la tarde, por procedimiento de urgencia y lectura única, un asunto que creo que merecía mejor suerte y una mayor atención.

    Nosotros no vamos a entrar en el contenido del himno que ustedes han propuesto, y solamente vamos a examinar algunas cuestiones que nos parecen fundamentales, como son la oportunidad de estar aquí y ahora debatiendo esto y la idoneidad del procedimiento, el encargo directo y ex profeso que se ha hecho por estas Cortes. Y nosotros, en definitiva, Señorías, lo que queremos es aportar al debate otras perspectivas, otras opiniones y otros argumentos, y me parece que un Parlamento es precisamente el foro adecuado para debatir, para aportar, y, cómo no, para tener también el derecho a discrepar.

    La Proposición que publica el Boletín de las Cortes de Aragón habla de unos antecedentes como son el día de San Jorge, la Ley del Día de San Jorge y la Ley de la Bandera y el Escudo, que se dictaminaron por este Parlamento en 1984. Pues, evidentemente, si los redactores inspiradores de lo que aquí estamos tratando hubieran hecho un poco de memoria, hubieran visto que la tramitación de esos dos Proyectos de Ley era un buen ejemplo a imitar. En la Legislatura anterior, y bajo la presidencia de ese gran Presidente que fue don Antonio Embid, se tramitaron aquí dos Proyectos de Ley, los que acabo de mencionar, que precisamente por la naturaleza de los mismos y por lo delicado del tema fueron tramitados por un procedimiento impecable, y nadie hizo de esto cuestión ni partidismo alguno, ni debate, ni polémica. Curiosamente, en unos temas en los que cabían, como los hubo, distintas opiniones, aquí se llegó al máximo consenso después de un procedimiento de discusión y debate, y fueron aprobados por unanimidad. Y es que eso era lo lógico, eso era lo racional.

    Y quiero recordar a Sus Señorías que...

    ¿Me dice algo, señor Benedicto? ¡Ah!

    Como recordarán Sus Señorías, uno de los Proyectos fue presentado por un Grupo de la oposición entonces, el Partido Aragonés, que presentó el Día de Aragón, y otro de los Proyectos, el de la Bandera y el Escudo, lo trajo el Ejecutivo, todos haciendo uso del derecho de iniciativa parlamentaria. Y por eso a nadie se le acusó ni de partidista ni de sectario, sino que, bueno, fueron unas iniciativas que después, evidentemente, en el proceso y en el trámite parlamentario, fueron sustanciadas como se sustancian las cosas en un Parlamento, con los debates, con las enmiendas, con los votos a favor, con los votos en contra, y buscando siempre el punto de encuentro, el punto del consenso tan necesario para temas tan singulares como son los que afectan a los signos de identidad de un pueblo o de una tierra.

    Pero parece ser que esta vez no ha podido ser así, parece ser que esta vez la Mesa, la Junta de Portavoces, la Cámara, el resto de los Grupos, no han querido llegar a acuerdos, y han pensado que no valía la pena que se presentaran enmiendas, que se presentaran alternativas, que aquí había que aceptar un procedimiento que, desde luego, nosotros no podemos aceptar, obviamente.

    Y es que, Señorías, en el fondo de esta cuestión -volviendo a los antecedentes- late algo que está en la calle y que está en la mente de todo el mundo: ¿Había que hacer un himno de Aragón?, ¿era urgente, necesario, perentorio, que en este momento estuviéramos discutiendo esto? Pues si Sus Señorías pensaban que era así, había una cosa que era muy sencilla, y, si no se hace así, no valía la pena nada. Era elevar a rango de ley lo que ya existiera en esta materia, y por eso el Día de Aragón no tuvo ninguna discusión ni ninguna duda. Nadie dudó, puesto que desde 1461 las Cortes de Aragón en Calatayud habían establecido que el día 23 de abril, día de San Jorge, era el Día de Aragón. Y cuando se discutieron la bandera y el escudo hubo sus opiniones, sus matices, pero nadie tampoco tuvo duda de que las cuatro barras, rojo sobre el fondo amarillo, eran las barras, eran la Bandera de Aragón.

    Y, claro, ¿por qué ahora surge la polémica? Pues porque no tenemos un himno, no tenemos una seña de identidad tan clara en materia de himno como éstas a que me acabo de referir. Y entonces creo que el empeño es vano y por eso va a salir mal, porque no estamos llevando la realidad de lo que existe en nuestra historia, no la estamos elevando a la categoría legal, sino que estamos inventando algo que, como todos los inventos, tiene evidentemente sus riesgos.

    Porque, Señorías, ¿qué es lo que encargó la Mesa de las Cortes con el voto unánime de todos los grupos políticos?, ¿qué es lo que encargó? ¿Encargó un himno, encargó un estudio para preparar un himno?, ¿encargó un himno con letra y con música?, ¿sólo con música y sin letra?, ¿con una letra, con dos letras? Porque en el período de polémica, que no de tramitación de esta Ley, todos hemos visto lo que ha ocurrido. Parece ser que en principio el himno no iba a tener más que música, que iba a estar basado en una recopilación o en un trabajo sobre la «Marcha de los Reyes de Aragón». Así parece según las noticias que tenemos y se desprenden de las primeras informaciones. Después apareció una letra, y una letra que nadie sabe si se había encargado, si no se había encargado. Después parecía que esa letra no gustó a casi nadie, o a nadie, y un grupo de expertos y de notables se encargaron de juzgarla y de decir que aquella letra no valía. Y una vez compuesta la música, hubo que recurrir por la vía de urgencia, en un fin de semana apresurado por tierras de Daroca, a inventar, a preparar una letra sobre el pie forzado de la última música que ya existía. Y curiosamente ese encargo lo asumieron cuatro de las personas que fueron llamadas a juzgar la primera letra con que el himno había sido presentado. Es decir, los juzgadores pasaron de ser árbitros de una cuestión a chutar a gol, y a ser encargados de redactar la siguiente letra.

    Bien, esto yo creo que es una demostración palpable de que ni el propio órgano administrativo -que no político- de las Cortes tenía muy claro lo que quería encargar. Porque si evidentemente encargó un himno con letra y música, pues a eso había que atenerse; si lo encargó con música, ¿a qué venía la primera letra?; si había una primera letra, ¿quién la había encargado?, ¿por qué se encargó una segunda? Como ven ustedes, este asunto no está exento de polémica, incluso en su propia tramitación.

    Pero yo casi no tendría que argumentar nada más, porque nuestra postura creo que está muy clara. Nosotros hemos pedido, a la vista de cómo están las cosas, que haya dos posibilidades. Una, la primera, la que nos parece más lógica, la que nos parece más natural, la que no hace daño a nadie y la que no deja vencedores ni vencidos, y es que se retire esta Proposición y se abra un concurso público con el fin de que todo el mundo que quiera aportar algo tenga la oportunidad de hacerlo y de decirlo; eso parece que sería a estas alturas lo más razonable, creo que eso no debería suponer una derrota para nadie, sino una rectificación a la vista de la polémica que se ha levantado. Y subsidiariamente, evidentemente, si es que hay que tener un himno y hay que tenerlo con prisa y para mañana o para pasado, el PAR habría hecho, o quería hacer, una aportación con un texto alternativo de una canción que ya existe, que es muy conocida, que es popular, que no es partidista y, por supuesto, no es del PAR, y que creo que hubiera podido cumplir bastante bien -pero también otras lo hubieran podido hacer- con esa necesidad perentoria de que tuviéramos un himno para pasado mañana, puesto que parece ser que ésa es en este momento la cuestión más importante que tenemos.

    No ha podido ser porque, entre otras cosas, no hemos podido presentar, ni siquiera formalmente, estas alternativas, y, desde luego, nosotros tenemos que decir aquí claramente que no podremos tomar en consideración esto que aquí se nos propone por esas razones: que a nosotros nos hubiera gustado más que aquí se hubiera hecho un concurso público -aún están ustedes a tiempo-, porque, desde luego, el que ahora con sus votos puedan sacar aquí este asunto evidentemente va a ser una victoria pírrica; es decir, que aquí cuarenta y tantos Diputados digan que sí a esto no garantiza, sino más bien todo lo contrario, que el pueblo aragonés esto lo cante y lo cante con entusiasmo, y, por tanto, tiempo es de rectificar.

    Pero como sobre esta materia veo tantas opiniones y tan jugosas, me permitirán ustedes que no me resista a traer aquí -siquiera sea a través de mi humilde persona- opiniones yo creo que muy cualificadas de todo lo que se ha dicho sobre este tema y durante estos días, y que dan a entender la importancia que desde fuera, quizás más que desde dentro, se le ha dado al asunto.

    Leo: «considero que si los ciudadanos nos ocupamos del himno -decía un firmante de un artículo- a lo mejor conseguimos que se olviden de él los parlamentarios y cumplan sus obligaciones, porque es evidente que no fueron elegidos para que hicieran un himno, sino para que hicieran leyes, aprobaran presupuestos, controlaran al ejecutivo, fiscalizaran las inversiones públicas de la Comunidad Autónoma...», etcétera, etcétera, etcétera. Y ese mismo autor, ese mismo articulista, decía: «porque los himnos, como las costumbres, las lenguas, las fiestas y los símbolos, en general los hacen los pueblos, pertenecen aún a la democracia directa y no a la representativa. Un himno que nace por decreto o por ley es un malnacido. No es éste el procedimiento». Y esto lo dice y lo firma una persona tan conocedora -espero yo- de temas como éstos como don José Bada, ex Consejero de Cultura de la Diputación General de Aragón en el Gobierno socialista. Pero hay indudablemente posicionamientos, editoriales de los periódicos, «¿Es necesario el himno?» decía un editorial del periódico El Día en marzo de este mismo año; decía: «llevados de este afán patrio, designar una partida de dos millones y medio para sufragar una partitura que cuenta ya con el visto bueno de la Mesa de las Cortes, y que corre el riesgo de dormitar su futuro en la entraña de un «jeep« en el palacio de la Aljafería, como duerme el himno encargado por la primera Consejería de Cultura de la DGA a la compositora zaragozana Carolina Ayuda Montañés», -otro posicionamiento-.

    El 26 de noviembre hay otro artículo que dice: «El himno inopinable. Se trata de tener un himno oficial, pero los himnos son materia delicada, y un asunto así, delicado y respetable, debe ser cosa de muchos si queremos que la cosa, el himno, arraigue. Cada cosa para su ocasión. Sería preferible buscar un foro algo más amplio y un camino más abierto, que se hubiese hablado más públicamente del proyecto, de sus condiciones, de sus fines y de sus costos. Va como de tapadillo, es inopinable, amaga, con ser mudo, o nos lo hacen como si fuéramos bastante sordos». Lo decía una persona tan preocupada por las cosas de este tipo como don Guillermo Fatás.

    Pero es que, puestos a tener que elegir, había muchos himnos, muchos himnos. Yo, desde luego, creo que no he podido agotar el repertorio de los diecisiete o dieciocho himnos que en los últimos doscientos años ha habido en esta tierra; todos, evidentemente, con muy poca fortuna, porque ninguno ha llegado a cuajar, y éste puede pasar a engrosar la lista de los himnos fallidos de Aragón.

    Y Alfonso Zapater, en una crónica que escribía en Heraldo de Aragón, hacía un repaso de los himnos que ha habido, hablaba de un himno de 1808, de un tal García, apodado «El españoleto», el himno del maestro Mallén, el himno de Francisco Larrea, el himno del maestro Aráiz, el himno de Alvaro Sebastián, el himno de Juan José Trullén, el himno de Manuel Villanueva y el himno de Carolina Ayuda. Por cierto que, con respecto al himno de Carolina Ayuda, aquí había mucho que contar, y ahora, en esta primera intervención, no tengo tiempo de hacerlo. Pero, evidentemente, ha coincidido en el tiempo una serie de actuaciones con respecto a la compositora Carolina Ayuda que seria curioso que conociéramos el intríngulis de las cosas, y sería curioso que ella pudiera hablar aquí y pudiera explicarnos la de peripecias que ha tenido que sufrir, justamente mientras esta Cámara estaba trabajando por el himno de encargo al maestro García Abril.

    Otro artículo decía: «Himno de Aragón con prisa, y a dedo. Convóquese, señores, un concurso público para no hurtar a ningún aragonés lo que sea la oportunidad de una revelación poética, siempre posible. Un plazo mucho mayor -o algo así-, que la cosa no corre tanta prisa, y un jurado exclusivamente literario y de categoría, con la facultad de dejarlo desierto si el premio que se presenta no sea digno para Aragón, y no merece la pena que discutan los políticos de turno».

    Pero recordemos qué pasó con la primera letra ésa que se presentó aquí el primer día, y que parece ser que la Mesa había encargado, y que el Presidente asumió, o no asumió. La primera polémica del himno de Luis Carlos de la Vega -que no sabemos si tiene contrato para ejecutar una letra, si fue un señor que se añadió, alguien que se subcontrató, ni cuál era su papel en este asunto-. Luis Carlos de la Vega defiende la letra de su himno de Aragón: «No entender la referencia al Pilar -puesto que aquella letra hablaba del Pilar- es de cretinos», decía un señor que se llama Luis Carlos de la Vega, y que evidentemente deja en muy mal lugar a los que hicieron el encargo, si es que este encargo lo hicieron.

    Pero es que a raíz de aquel cambio que hubo que hacer de la letra de este himno, hubo unas manifestaciones en las que el propio autor de la música, el señor García Abril -y parece ser que el contratante del himno con las Cortes de Aragón- decía: «Carlos Luis de la Vega es un gran poeta, que ha sido bibliotecario en Teruel y que ha hecho muchas cosas por la cultura aragonesa; vibra con Aragón -decía García Abril-, ése sería el primer motivo, y, por otra parte, esa cercanía de trabajo permanente que ambos hemos tenido, y que ha ido trenzándose poco a poco».

    Jorge Noguera opinaba así sobre la letra y sobre el autor: «No le conozco apenas, sólo sabemos que había colaborado con el Diario de Teruel. Le hemos sugerido alguna modificación, aunque ahora mismo no tenemos la letra de un modo oficial. Trata de los Pirineos, del Pilar, de Teruel, de las raíces históricas de Aragón, etcétera, etcétera». Esta letra fue, evidentemente, la primera enmienda; he dicho que este himno no había tenido ninguna enmienda, rectifico, ha habido una enmienda, motu proprio, de no se sabe quién: ésta era la primera letra con la que íbamos a tener el himno. Por lo visto fue enmendada -no se sabe cómo ni por qué-, y ahora ya no sirve y ha habido que hacer otra letra.

    «A vueltas con el himno», dice un señor que se llama Juan Barbacil Pérez, que es secretario de la Polifónica Miguel Fleta: «A vueltas con el himno. Ahora están preocupados por la letra, que si es mala, que si es buena, que se cambie, que se deje. Al parecer les corre prisa dejar zanjado el asunto del himno de Aragón porque el día 23 de abril hay que estrenarlo con todos los honores para que lo escuche todo el mundo, y subidos en la tribuna los padres de Aragón, que por fin han conseguido algo tan importante como nuestro himno. El asunto sigue teniendo un importante fallo de planteamiento, y que ahora -y me huele a maniobra- parece olvidado por la cuestión literaria. Los políticos, que de música no saben nada, y tampoco tienen obligación de saberlo -algunos sí que saben, nosotros tenemos un experto en nuestro Grupo, pero no ha ejercido en este caso-, buscan a un señor de Teruel, que reside en Madrid desde hace muchos años, y le encargan la partitura del himno de Aragón. Este músico hace la composición, la interpreta al piano delante de los políticos y a éstos les parece bien. Ya tenemos himno. Lamentable, así no vamos a ninguna parte. ¿Quiénes son los políticos para decidir si una obra musical es válida para el fin que se busca. Es lógico que los músicos, compositores que son, residen y trabajan en Aragón, se sientan molestos; ellos se lo guisan y ellos se lo comen. Y la impotencia ante tantas cosas mal hechas y poco serias se está empezando a convertir en rabia y desazón, como la que hace unos cuantos años sentíamos ante cuestiones sociales por las que tanto nos tocó correr, hablar en silencio y en pequeños grupos, por medio de las posteriores represalias de la clase dirigente. Y, a todo esto, ¿para qué diablos queremos un himno? -dice don Juan Barbacil-».

    Hay muchas más opiniones. No he encontrado ninguna favorable, y crean ustedes que he hecho un esfuerzo por ver si podía encontrar alguna opinión favorable a esta cuestión. Joaquín Aranda hace un artículo sobre el himno ése. Aquí hay las opiniones de Agustín Sánchez Vidal, que dice que no le gusta; de Mariano Cariñena, que dice que lo apropiado hubiera sido convocar un concurso; de don Antonio Durán, que poéticamente no le convence y popularmente tampoco, por lo que no cree que cale; don José Ramón Bada ya dice que tenía que haberse abierto un concurso; el profesor Guillermo Fatás dice que el problema de este himno es el de procedimiento; don Angel Anadón dice que le parecen demasiados versos; don Antonio Embid, anterior Presidente de las Cortes, no se imagina cantando el himno; otras Comunidades como Asturias o Valencia han elegido textos arraigados y populares, y Curro Fatás, el genial Curro Fatás, dice: «el líder de Puturrú de Fuá piensa que será un himno muy bonito que no cantará nadie».

    Pues, efectivamente, corremos el riesgo de que sea un himno muy bonito y que no cante nadie. Por tanto, Señorías, Señor Presidente, yo termino casi por donde empecé. Este himno nace envuelto en polémica, por la forma, por el fondo y por la oportunidad, que no se ha respetado la pluralidad de ideas ni la igualdad de oportunidades, que se ha desairado, a mucha gente, que ha faltado la sensibilidad necesaria en una cuestión de esta naturaleza, que antes de nacer -¡y cómo nace, el pobre!- ya tiene dos letras, que el pueblo ya ha dado su veredicto, porque, afortunadamente, hay medios de comunicación que permiten, aunque sea de manera restringida, dar la opinión. El otro día, en un popular concurso llamado «el Sermómetro», más de mil personas opinaron, seiscientos sesenta y siete en contra, trescientos cincuenta y ocho a favor. Eso es una goleada.

    Nuestra propuesta, Señorías, -y les pido seriamente que la mediten porque aún estamos a tiempo, aún estamos a tiempo de remediar esto- es que se retire este proyecto y que se abra un concurso de ideas, con tranquilidad, con sosiego, sin irritar a nadie, sin ir contra nadie, y procurando que este tema nos una y que este tema no nos separe. Porque de lo contrario, Señorías, los que van a votar a favor de esto, van ustedes, evidentemente, a derrotar al PAR una vez más, porque evidentemente cuarenta y tantos votos y cuatro Grupos Parlamentarios son muchos Grupos Parlamentarios. Pero no crean que van a derrotar al PAR, no crean que es al PAR a quien ustedes hoy van a vencer, creo que la victoria, suponiendo que eso pueda llamarse victoria, tiene más de negativo que de positivo.

    No obstante, Señorías, como nosotros somos unos ardientes defensores del sistema parlamentario, y repito que nos hubiera gustado defender aquí nuestras alternativas, y no tener que opinar sobre una alternativa que, evidentemente, no nos gusta, yo hoy quiero terminar para decirles que no podemos apoyar tanto despropósito, que queríamos colaborar y que no nos han dejado, que queríamos aportar ideas alternativas, y por eso nos duele la posición que han adoptado. Pero, sin embargo, seguimos pensando que, a pesar de todo, aquí y ahora, «habrá un día en que todos,/ al levantar la vista,/ veremos una tierra/ que ponga libertad».

    Muchas gracias.

    El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Diputado. Turno de réplica o dúplica, ¿quieren hacer uso?

    Directamente a votación. Llámese a votación. (Pausa.) Se va a proceder a la votación. ¿Votos a favor de la toma en consideración de la Proposición de Ley del Himno de Aragón, presentada por los Grupos Parlamentarios Socialista, Popular, Centro Democrático y Social y Grupo Mixto? (Pausa.) ¿Votos en contra? (Pausa.) ¿Abstenciones? (Pausa.) El resultado de la votación es: cuarenta y tres votos a favor de la toma en consideración, diecisiete en contra y dos abstenciones. Prospera la toma en consideración de la Proposición de Ley referida.

    Señores Portavoces, ¿entienden necesaria la explicación de voto? Señor don Antonio de las Casas, tiene la palabra.

    El señor DIPUTADO (DE LAS CASAS GIL) (Desde el escaño): No, únicamente para indicar que el resultado al final, después de las cosas que ha dicho el señor Mur -que no le digo yo que estuviera como Groucho Marx, ni mucho menos-, lo ha hecho un poquito mejor que el Real Madrid, no ha perdido por cinco a cero, sino por cuatro a uno.

    El señor PRESIDENTE: Gracias, señor de las Casas. ¿Algún otro Portavoz? ¿Señor Merino?, ¿Grupo Mixto?, ¿don Angel Cristóbal Montes? (Pausa.) Tiene la palabra.

    El señor DIPUTADO (CRISTOBAL MONTES): Señor Presidente.

    Nuestro Grupo Parlamentario, que en su momento suscribió la Proposición de Ley junto con otros tres Grupos, ha votado coherentemente a favor de la toma en consideración de esa Proposición de Ley. No teníamos ningún propósito de entrar en el fondo del asunto -ya uno de los firmantes de la Proposición, el señor Merino, en nombre de su Grupo, ha hecho la presentación de la Proposición, y suscribimos las palabras del señor Merino-, pero creo que a la hora de la explicación del voto puede hacerse alguna pequeña puntualización, algún leve señalamiento.

    Nosotros queremos pasar como de puntillas sobre un asunto como éste, porque, la verdad, no le damos ninguna trascendencia ni consideramos que sea algo atinente a la alta política de esta región. Es un asunto menor, es un asunto que formalmente se tramita ante esta Cámara, pero que, obviamente, trasciende o no llega a la Cámara porque corresponde a otro orden de cosas, a otra circunstancia.

    Decía Jean Jaurés que conservar la tradición -y nosotros somos conservadores liberales- no significa remover sus cenizas. Y creo que si entramos en esta materia, en la serie de asuntos que el señor Mur nos ha sugerido últimamente, estaríamos removiendo las cenizas de un tema al que no tenemos por qué darle trascendencia política. Este es un procedimiento tan válido como hubiera sido cualquier otro. A nosotros nos hubiera parecido bien cualquier otro: el concurso, el referéndum popular, la captación de ideas... Ha habido este procedimiento, que es el único que se ha puesto en marcha; nos sugirieron la firma, la aceptamos; nos parece tan razonable como cualquier otro, y nos parece que el Parlamento, aprobando una Ley del Himno, hace lo mismo que cuando aprueba la Ley de la Bandera o la Ley del Escudo, algo que es simplemente señalar a nivel parlamentario -y podemos hacerlo aquí, porque somos representantes del pueblo aragonés- cuáles son los signos de identidad, los símbolos de una región a la que pertenecemos y de la que formamos parte.

    Y nada más, cualquier otra cuestión nos parece que realmente no tiene sentido, no tiene importancia, no tiene trascendencia, como para tratar de llevar lo que es simplemente un acontecimiento popular, un suceso popular, algo atinente a la vida normal de una región, llevarla a un debate parlamentario o a un planteamiento de alta política de disquisición o de enfrentamiento. Nos parece desmesurado, nos parece que no tiene sentido, nos parece que no responde a la realidad de las cosas. Este es un asunto que tangencialmente llega a las Cortes, en cuanto requiere para su aprobación de una ley, pero que las Cortes no deberán, no deben, creo yo que no es procedente entrar a hacer un planteamiento político, hacer una disquisición de si fue bueno, fue malo, fue mejor, fue peor, si hubo o no hubo estas tensiones, si hubo o no hubo estas posibilidades.

    Simplemente se ha elegido una vía que reglamentaria y políticamente es correcta, y creemos que no merece la pena entrar en ninguna otra consideración porque desenfoca la materia y porque traslada a algo que es intrascendente desde el punto de vista político matizaciones y morbos que no tiene sentido hacer referencia a ellos en un asunto como éste, que, repito, su aspecto político formal, su aspecto político reglamentario, no tiene otra vinculación con esta Cámara que la tramitación de una proposición de ley.

    Muchas gracias.

    El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Cristóbal Montes. Por el Grupo Parlamentario Aragonés Regionalista, señor Mur, tiene la palabra.

    El señor DIPUTADO (MUR BERNAD): Muchas gracias, señor Presidente. Les felicito a los que han ganado, ya lo han conseguido, ya tienen su himno.

    Pero la goleada no es de cuatro a uno, la goleada es de cien a cero, porque aquí no cuentan las goleadas de aquí adentro, cuentan las de fuera, y todavía tengo que encontrar alguna opinión escrita que no sea la que procede de los Grupos Parlamentarios proponentes... que, por otra parte, tampoco han sido excesivamente amplios en la defensa de algo en lo que, efectivamente, han pretendido pasar de puntillas. Me parece muy acertada, señor Cristóbal Montes, su estrategia y su procedimiento, lo mejor es pasar de puntillas y que no se note mucho; pero, desgraciadamente, las cosas de música se notan, y ésta va a hacer mucho ruido, ya ha hecho mucho ruido. Pero, efectivamente, aquí lo que cuenta es lo de fuera, y no he encontrado todavía ninguna opinión.

    Yo espero que a partir de ahora se tomen las medidas oportunas para que, a través de los reglamentos, de las clases, de los profesores, de los ensayos, de las escuelas, y todo aquello que pueda contribuir al conocimiento y al aprendizaje de los himnos, logremos que en el transcurrir de los años evidentemente el pueblo aragonés cante con gran entusiasmo y gran conocimiento de esta gran obra que hoy ustedes acaban de aprobar aquí.

    Sigo pensando que ha sido una gran ocasión perdida, que en temas como éstos, evidentemente, habría que buscar el acuerdo y el consenso, pero parece ser que en los últimos tiempos aquí hay señores Diputados que legítimamente no están por el acuerdo ni por el consenso.

    El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Mur. Por el Grupo Parlamentario Socialista, don Enrique Bernad tiene la palabra.

    El señor DIPUTADO (BERNAD ROYO): Presidente, Señorías.

    Me van a permitir ustedes que en mi turno de explicación de voto haga una defensa de nuestra postura, y la haga en términos positivos. Difícilmente hemos podido escuchar aquí durante esta Sesión algunas referencias a los autores del Himno de Aragón, de lo que puede ser el Himno de Aragón. Y yo creo que es importante hacerlo.

    Miren, nosotros aprobamos el Himno de Aragón, entre otras cosas, porque desde nuestro punto de vista a los aragoneses les viene bien tener un canto, una canción, que interpretar colectivamente. Me decía hace poco un conocido músico español que los aragoneses -se puede estar de acuerdo con él o no-, que Aragón era un pueblo mudo, Aragón era un pueblo mudo a la hora de cantar, a la hora de cantar colectivamente. En Aragón es normal que la jota, su expresión máxima musical, se interprete de manera individual, que haya que callar normalmente para que el especialista pueda lucirse. No ocurre así en otros pueblos, es cierto. Yo personalmente me inclino por el canto colectivo, me inclino, por lo tanto, por la música que haga posible a los pueblos cantar juntos, cantar unidos, y es algo que en muchos aspectos de nuestra vida no nos caracteriza a los aragoneses.

    Y me parece a mí -y quiero hacer esa defensa positiva- que el himno compuesto por el maestro García Abril y por los poetas Manuel Gil, Angel Guinda, Rosendo Tello y Manuel Vilas tiene como principal virtud el hecho de que llama a su interpretación en grupo. Pero, además, Señorías, les voy a decir una cosa: desde mi punto de vista, la composición musical es excelente. Parte de la cita literal de la «Marcha de los Reyes de Aragón», que está presente en toda la melodía, y en la que se nota viva la música más arraigada de nuestra tierra, la jota, música, por lo tanto, noble, música popular, música representativa de Aragón.

    Y un texto, Señorías, cuya principal virtud reside en que, huyendo de los lugares tópicos y comunes, con delicado y al mismo tiempo recio sentido poético, mira más al futuro que al pasado.

    Es cierto, Señorías, que ha habido polémica a raíz del procedimiento para aprobarse este Himno, lo es. También es cierto que hubo una polémica, dura polémica, con el problema de la bandera, antes incluso de que existieran estas Cortes, Señorías, con el problema de la bandera. Y hay que decir también que a la polémica ha contribuido en buena medida uno de los Grupos Parlamentarios presentes en esta Cámara, teniendo un comportamiento que ha culminado al final del trayecto con la demagógica postura de plantear la posibilidad de adoptar como himno una canción, una música, un canto que, estoy seguro, Señorías, ese Grupo Parlamentario no ha interpretado nunca, no ha cantado nunca.

    Es cierto, Señorías, que ha habido textos en los que se ha hablado mal, de mala manera, respecto a la letra y a la música de este Himno, sobre todo a la letra. Pero también es cierto, Señorías, que ha habido quienes han hablado por medios de comunicación, y escrito lo contrario. Y puesto que ha habido aquí citas, yo voy a leerles un texto también de un profesor universitario, Jose Antonio Armillas, que dice, o dijo en la SER en su momento, refiriéndose a los poetas que elaboraron el Himno, lo siguiente: «Su trabajo, porque trabajadores son, les enaltece y nos enaltece, porque lo hicieron por nuestro Aragón de siempre, tan destemplado, tan seco, tan insolidario. Ahora, cuando todas las críticas fáciles se vuelcan sobre ellos, yo, que otrora fui crítico mordaz de cualquier veleidad musical, me transformo en su paladín, porque sé bien, queridos Manolo, Angel, Rosendo y Manolo, con cuánto amor lo habéis hecho y con cuanta generosidad. Que ni un solo verso, ni una sola palabra, ni aun la más pequeña letra es de ninguno, y es de todos. Eso se llama amor a la tierra y a sus gentes, y el amor es poesía y denuncia y generosidad y solidaridad. Gracias a todos vosotros».

    Y, miren ustedes, esta polémica no tiene razón de ser, lo ha dicho perfectamente el Portavoz del Grupo Popular, señor Cristóbal Montes. Y la propia práctica nos lo demuestra a lo largo del siglo XIX y del siglo XX. Los himnos nacionales han sido aprobados a través de múltiples procedimientos, bien por encargo o bien adoptando músicas previas. Les voy a citar dos encargos que -creo- son suficientemente ilustrativos. El actual himno de la Unión Soviética, el que releva precisamente a la versión comunista de La Internacional, es un himno por encargo; en 1944 se aprueba por un procedimiento administrativo, pasando a ser un himno más patriótico, más nacionalista. Y otro ejemplo, el primer himno de Austria es un encargo realizado a un compositor que se llamaba Joseph Haydn; es, con algunas modificaciones, el actual himno alemán. Y al lado de ello hay otros ejemplos de adopciones musicales, como pueda ser «La Marsellesa» o el actual himno de los Estados Unidos, que, por cierto, la melodía no es otra cosa sino una canción de taberna británica, de Londres.

    Pues bien, Señorías, desde nuestro punto de vista, la polémica no ha lugar. Lo importante -vuelvo a repetir- es que -y es cierto, hay que reconocerlo- lo que hemos aprobado ahora no es otra cosa sino una pretendida señal de identidad para el futuro, es oficial en todo caso. Lo que hace falta ahora, lo que le da carácter de identidad, de símbolo, de seña de identidad, digo, es la aceptación que del mismo haga la población aragonesa, eso es lo importante, ése es el reto. Las instituciones aragonesas demostraron, con un símbolo que nació en cierta forma en medio de la indiferencia de los aragoneses, como fue el día de San Jorge, las instituciones aragonesas demostraron -digo- con su apoyo y su unidad que es posible hoy pensar que los aragoneses si no tuvieran la celebración de esta fiesta, quizás la echaran en falta. Hay que reconocer también el mérito a los medios de comunicación, que la han apoyado siempre.

    Pues bien, Señorías, dejémonos de bromas. Si nosotros queremos tener un himno de todos los aragoneses que ayude a éstos a cantar, a identificarse conjuntamente con este símbolo, lo que hace falta a partir de ahora para que se convierta en un símbolo es la unidad de todas las instituciones, la unidad en su apoyo, y, desde luego, la unidad de los medios de comunicación también en esta línea.

    Nada más, señor Presidente.

    El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señor Bernad. Señor Mur, ¿por qué turno?

    El señor DIPUTADO (MUR BERNAD): Sí, señor Presidente, porque hemos sido aludidos, y ha reabierto el debate. No se ha limitado a explicar su voto, sino a imputarnos a nosotros una calificación que no puedo aceptar.

    Ha dicho que el Grupo Aragonés Regionalista había hecho demagogia con la propuesta que había hecho. Primero, el PAR no ha hecho ninguna propuesta formal porque se le ha impedido. Segundo, yo no puedo aceptar que para defender sus argumentos, si es que los tiene, tenga que atacar los míos. Nosotros no hemos hecho ninguna demagogia, eso no se lo puedo aceptar al representante del Grupo Socialista. Porque si se refiere al intento de presentar el «Canto a la libertad» de José Antonio Labordeta, le tendré que decir, por si no lo sabe, que estamos muy agradecidos al comportamiento del cantautor, que nos dio toda clase de facilidades cuando fuimos a consultarle su opinión sobre esta iniciativa nuestra, iniciativa que posteriormente no ha sido posible por cuestiones de procedimiento.

    Pero no me ataque a mí, señor Bernad, para defender una tesis que usted ni siquiera ha sido capaz de exponer aquí.

    El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Mur. Ultimo turno, señor Bernad.

    El señor DIPUTADO (BERNAD ROYO) (Desde el escaño): Quiero expresar mi protesta, señor Presidente, porque yo no he nombrado para nada ni al señor Mur ni al Grupo Parlamentario Aragonés Regionalista, no le he nombrado para nada.

    De todas maneras, ya que tengo el micrófono, señor Mur, miren ustedes, el 23 de abril de 1978 ustedes se confundieron de manifestación, se confundieron luego de bandera, y ahora se han confundido de himno.

    El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Bernad. Con ello se acaba el debate en torno a la toma en consideración de la Proposición de Ley del Himno de Aragón.

    Para continuar, el punto segundo del Orden del Día, relativo a la propuesta de la Mesa de las Cortes, oída la Junta de Portavoces, de tramitación directa y en lectura única de la Proposición del Himno de Aragón.

    Señor Secretario, proceda a dar lectura del Acuerdo de la Mesa de las Cortes.

    Propuesta de la Mesa de las Cortes, oída la Junta de Portavoces, de tramitación directamente y en lectura única de la Proposición de Ley del Himno de Aragón.

    El señor SECRETARIO PRIMERO (NOGUERA DOÑATE): «La Mesa de las Cortes de Aragón ha acordado por mayoría, y de conformidad con lo dispuesto en el artículo 141 del Reglamento de la Cámara, oída la Junta de Portavoces, en Sesión celebrada el día 18 de abril de 1989, proponer al Pleno de las Cortes la tramitación directamente y en lectura única de la Proposición de Ley del Himno de Aragón, presentada por los Grupos Parlamentarios Socialista, Popular, Centro Democrático y Social, y Mixto, una vez que esta Proposición de Ley fuera tomada en consideración por el Pleno de la Cámara en su caso.»

    El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señor Secretario. ¿Los Grupos Parlamentarios desean intervenir en este punto? (Pausa.) ¿Grupo Mixto? ¿Convergencia Alternativa?, ¿CDS?, ¿Partido Popular?, ¿Partido Aragonés Regionalista? Señor Eiroa, tiene la palabra.

    El señor DIPUTADO (EIROA GARCIA): Señor Presidente, Señorías.

    Muy brevemente en este turno, por mantener la postura coherente, puesto que contra el Acuerdo de la Mesa de las Cortes este Grupo ha interpuesto un recurso, con el fin de que el tema que estamos debatiendo no se tratase en lectura única, con base a una serie de razonamientos.

    Nos hubiese gustado no votar en contra de la toma en consideración en el anterior punto del Orden del Día, pero hemos tenido que hacerlo porque tampoco se nos ha dado opción a mostrar nuestros puntos de controversia en el tema del himno. Y esta toma de consideración yo creo que con lo que aquí se ha dicho en estos momentos del debate no haría falta volver a incidir y a insistir que no entendemos por qué este proyecto se tramita en lectura única, cuando ni la naturaleza lo aconseja ni la simplicidad de formulación lo permite, no es un tema simple ni es un tema que por su naturaleza pueda ser aconsejado.

    Y vuelvo a repetir que aquí ha habido, en el debate anterior, intervenciones que creo que darían pie para que la Mesa, y la Junta de Portavoces en este caso en concreto, hubiese tenido la atención de tratar este tema con el debate normal, el debate ordinario, incluso admitiendo el debate de trámite de urgencia que en principio se había pedido. Porque también quiero hacer la salvedad de que los Grupos Parlamentarios pidieron en este tema debate de urgencia, pero ha sido la Mesa recientemente la que ha propuesto el trámite en lectura única de esta Proposición de Ley del Himno de Aragón, con lo cual se hurta a aquellos Grupos que no estén de acuerdo, o a los parlamentarios que no estén de acuerdo, la posibilidad de discrepar. Y vuelvo a insistir en que hay motivos de discrepancia. Se ha dicho desde esta tribuna que los himnos no gustan a todos; y, efectivamente, las obras artísticas no gustan a todos, pero sí tenemos que intentar que gusten a los demás, o, al menos, dejar manifestarse a aquéllos a los que no les gusta o a los que están dispuestos a proponer alguna otra cosa.

    Tampoco estamos de acuerdo en que en la forma, en la naturaleza de la forma de estos himnos, de cómo se han sacado a la luz o cómo se han hecho populares; ni el ejemplo de Rusia es representativo ni el de Austria es válido, porque el de Austria no es un himno de encargo, el himno de Austria es un himno compuesto por Haydn, que es el último tiempo del «Cuarteto del Emperador», que se llamaba el «Kaiser Cuartet», o sea que no es un himno de encargo, es un himno profundamente arraigado en aquel país.

    Entonces estamos discrepando, yo no doy razón a uno o a otro en estos momentos, lo único que estoy intentando es decir que el trámite de lectura única es un trámite inadecuado para la Proposición de Ley del Himno de Aragón.

    ¿Qué es lo que dice el artículo 141 del Reglamento de las Cortes? Nos dice sencillamente que se permitirá, o se tramitará, o se podrá tramitar en lectura única un proyecto o proposición de ley en dos supuestos concretos: primero, cuando su naturaleza lo aconseje, o cuando la simplicidad de formulación lo permita.

    Y analicemos el proyecto de ley que se nos propone. ¿La naturaleza lo aconseja? ¿Cuándo aconseja la naturaleza de un proyecto de ley que se tramite en lectura única y urgente?, pues cuando sea un tema urgente, cuando sea un tema que no va a dar lugar a debates, cuando venga asumido por todos. Pero, evidentemente, la naturaleza de esta Proposición de Ley podría haberse tramitado, incluso si querían haberlo tramitado por cauce normal, haberlo tramitado con anterioridad.

    Y, sobre todo, nos llama la atención que este trámite se haya propuesto desde la Mesa de las Cortes de Aragón, después de oír -que no sé si son ciertas- las manifestaciones del Presidente de las Cortes regionales, que manifestaba a Diario 16 que hasta la fecha la única propuesta de himno tramitada en el Parlamento es la correspondiente a la «Marcha de los Reyes de Aragón» adaptada por Antón García Abril; mientras que el PAR no ha presentado todavía la enmienda a la totalidad con texto alternativo, el «Canto a la libertad», de Labordeta. Lógicamente, ni lo hemos presentado ni lo vamos a presentar, no porque no queramos, sino porque este trámite no nos lo va a permitir. Ese trámite de lectura única no nos va a permitir ni que discrepemos más allá de lo que es el turno de portavoces o el turno de después, de justificación en el debate, no nos va a permitir mostrar cuál es nuestra discrepancia con este himno o con la forma en que se ha producido.

    Las circunstancias de que se trate de un himno no es un determinante de tratamiento de urgencia. En estas Cortes se han tramitado proyectos de ley de la misma categoría o de igual raigambre que el himno, que no se han tramitado por lectura única. Y vuelvo a repetir que esa lectura única solo tendría que ser asumida en caso de que la naturaleza lo aconsejase -un caso de urgencia, un caso de catástrofe, un caso de perentoriedad-, pero me parece que no estamos ante esa circunstancia, o cuando la simplicidad de formulación lo permita. Y, Señorías, no tengo que razonar más este tema. Con el debate que me ha antecedido a esta intervención, creo que es un tema cuya simplicidad, efectivamente, no está planteada, es todo lo contrario, la complejidad del tema es lo que hubiera exigido desde el principio un trámite normal, con presentación de enmiendas: enmiendas de totalidad, si algún Grupo quería proponerlas, y enmiendas parciales, si también algún Grupo las quería proponer.

    Creemos que debería haberse seguido también el concurso público. Bueno, éste es un tema que tampoco vamos a insistir demasiado en él. Ya se ha dicho, ya se ha razonado -no sé si suficientemente-, pero podía haber sido una solución. Pero, aunque así no hubiese sido, lo que no se le puede hurtar a los Grupos Parlamentarios, sobre todo cuando se sabe con antelación de su disconformidad, es quitarle la posibilidad de presentar enmiendas y de razonarlas, y de presentarlas al Pleno, aun a sabiendas de que el resultado de la votación iba a ser el mismo que el que hemos tenido antes. El resultado de la votación podría haber sido exactamente igual, pero creo que para las Cortes aragonesas hubiese sido un signo positivo el hecho de que aquí se hubiese debatido realmente esta Proposición de Ley, que hubiese habido una enmienda de totalidad, o varias enmiendas de totalidad, que se hubiesen discutido las enmiendas parciales, y que la votación al final hubiese dado la razón a los Grupos que hubiesen votado en uno u otro sentido.

    Pero lo que entendemos que no es de recibo es que se nos haya quitado la posibilidad de haber planteado o haber propuesto ante esta Cámara, ante Sus Señorías, los motivos de esta discrepancia, incluso para ver si durante el debate de esas discrepancias, ustedes, los que votan, o los que van a votar a favor de esta Proposición de Ley, nos hubiesen convencido -que también podría haber ocurrido- de que estábamos confundidos, equivocados en la enmienda de totalidad o las enmiendas parciales que íbamos a haber propuesto.

    Me recordaban hace un momento que decía Napoleón que la música era el menos molesto de los ruidos. Y me parece que con este tema y este trámite especial que se va a hacer con esta Proposición de Ley vamos a tener más ruido que el que, lógicamente, hubiese necesitado esta Proposición de Ley.

    Muchas gracias.

    El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Eiroa. ¿Algún otro Grupo Parlamentario? ¿Partido Socialista Obrero Español? Renuncia.

    Llámese a votación. (Pausa.) Se va a proceder a la votación de la propuesta de la Mesa de las Cortes, oída la Junta de Portavoces, en relación a la tramitación directa y en lectura única de la Proposición de Ley del Himno de Aragón. ¿Votos a favor de la propuesta? (Pausa.) ¿Votos en contra? (Pausa.) ¿Abstenciones? (Pausa.) Prospera la propuesta de la Mesa de las Cortes en relación al tema antedicho, por la votación, que ha dado el siguiente resultado: treinta y nueve votos a favor, diecisiete en contra y dos abstenciones.

    Para explicación de voto, señores Portavoces. ¿Grupo Mixto? ¿CDS? Señor Merino, tiene la palabra.

    El señor DIPUTADO (MERINO Y HERNÁNDEZ): Señor Presidente, Señorías.

    Está claro que la discreción, y ese pasar de puntillas, que decía mi buen amigo Cristóbal Montes, en este tema, hay algún Grupo, el PAR -lo señalo directamente-, que no está en condiciones de que así sea. Entonces, en esta explicación de voto, y puesto que el gran argumento del Partido Aragonés Regionalista reside en un recurso presentado hace cuarenta y ocho horas y resuelto esta mañana, oídas las cosas que se han oído, creo que no puede quedar sin respuesta, señor Eiroa.

    Vayamos puntualmente. Ustedes argumentan dos temas en el recurso -rechazado, como digo, esta mañana-, que es que no se debería haber seguido el trámite de lectura única y urgencia, como dice el Reglamento de las Cortes de Aragón en su artículo 141; son la naturaleza que lo aconseje y la simplicidad de la formulación las que permiten eso. Y el segundo tema, que usted ha querido pasar como de tapadillo, pero creo que hay que decirlo todo -ustedes lo tienen escrito en su recurso-, es el argumento final que dan al mismo. Vamos a referirnos a los dos, si le parece, como argumento de por qué nosotros sí creemos que se puede seguir el trámite de urgencia, y por qué nosotros sí creemos que se puede seguir la lectura única.

    Efectivamente, dice el Reglamento de esta Cámara -como dicen, yo creo, los reglamentos de todos los Parlamentos civilizados y democráticos- que hay una serie de propuestas legislativas que, efectivamente, por su propia naturaleza, el carácter que tienen y la simplicidad del texto que plantean, no requieren un debate de enmiendas ni presentaciones de alternativas, como no sea una votación global, que, en el fondo, a eso se resume la urgencia, por un lado, y la lectura única; es decir, a los Grupos que están en contra les permite la exposición contraria y, en su momento, el rechazo de ese proyecto.

    Yo no conozco, no se si usted lo conocerá, no conozco... Porque ha dado una serie de argumentos y ha dicho «la lectura única se produce en el caso éste, éste, éste, éste». Me gustaría que me enseñara usted un texto legislativo reglamentario de algún Parlamento en el mundo de donde usted haya extraído esas consecuencias. Es decir, un texto en lectura única será cuando sea esto, sea aquello, sea lo otro. No lo quiero ni recordar, entre otras cosas, porque me ha sorprendido tanto que yo desconozco que usted a lo mejor está en disposición de darnos una lección parlamentaria, de textos parlamentarios. Si me exhibe usted un reglamento de una Cámara autonómica española, o legislativa española, que numere unos criterios objetivos, taxativos, que tengamos que aceptar la Junta de Portavoces cuando decidimos sobre este criterio, yo se lo agradecería.

    Se ha dicho esta mañana -y creo que no es ningún secreto-, al rechazar este recurso, que los temas de lectura única y urgencia son temas de oportunidad. Y, en todo caso, y en los términos técnicos en que se habla en Derecho administrativo, de discrecionalidad. Es decir, la Junta de Portavoces, en la soberanía que le confiere el pueblo aragonés, a través de los Grupos Parlamentarios que representamos a los aragoneses, podemos decidir, cuando estimamos la mayoría, o todos, que su naturaleza no aconseja un debate de enmiendas, por la simplicidad del texto, o el propio contenido del proyecto permite y aconseja, incluso la urgencia, aprobarlo. Y eso es lo que han hecho la Mesa y Junta de Portavoces. No hay ningún texto reglamentario que establezca que se tendría que haber hecho así o asá, es la discrecionalidad de los Grupos, y a eso nos hemos atenido.

    Dice que no se les ha dado oportunidad de plantear ustedes un texto, que por cierto me ha sonado una frase extraña, dice -supongo que se refiere al texto de Labordeta- que para que fuera conocido por el pueblo aragonés. Yo creo que el pueblo aragonés conoce -conocemos- perfectamente el texto del señor Labordeta, y lo hemos cantado algunos, sí; y nos sigue gustando y lo seguiremos cantando, qué duda cabe. Ahora bien, lo que yo más bien creo que el desconocimiento que había era por parte de ustedes en cuanto al Reglamento de las Cortes. ¡Si ustedes sabían desde hace mucho tiempo -no lo ignoraban- que estábamos pidiendo el trámite de urgencia y la lectura única!, ¡si ustedes lo sabían! Sí, hombre, en el debate extraparlamentario esto se viene diciendo desde hace semanas. Lo que pasa es que ustedes han caído en la trampa, que se han tendido ustedes solos, de creer o de desconocer que ese trámite no permite la presentación de enmiendas. ¿Qué tenían que haber hecho ustedes si querían sacar a la luz y haber puesto en contraposición el texto en estos momentos del himno de Aragón que se está aprobando en esta Cámara a otro distinto?: haberlo propuesto como proposición de ley. Y no lo han hecho.

    Parece mentira que ustedes sean tan rigurosamente legalistas en estos temas que tanto les afectan y son tan preocupantes para Aragón, como es un himno en estos momentos, y, sin embargo, hayan puesto tan pocos obstáculos para seguir el mismo trámite, la misma urgencia, la misma rapidez, el mismo sistema, la no posibilidad de presentación de enmiendas, hasta de los Grupos que estaban en principio en contra de este tema, para reformar el Reglamento de las Cortes de Aragón y permitir que Su Señoría el Presidente siga gobernando mediante un sistema de mayoría relativa. ¡Qué poco se quejaron entonces de la urgencia! Yo no les he oído quejarse de la urgencia ni del sistema de trámite en lectura única, ni la negación de la posibilidad de presentar enmiendas por parte de Grupos que, a lo mejor, hubieran querido presentar enmiendas a ese texto. Hubo un acuerdo mayoritario y se respetó.

    Ultima parte de su recurso. ¿Saben ustedes de lo que han pretendido convencernos a la Junta de Portavoces? De que con este sistema nosotros estamos infringiendo el artículo 14 de la Constitución Española, que establece el dereho de igualdad de los españoles, y el artículo 6 del Estatuto de Autonomía, según el cual los poderes públicos tienen que promocionar y buscar las condiciones adecuadas para la libertad, la igualdad del individuo, facilitar la participación de todos los aragoneses en la vida política, económica, cultural y social. Es decir, texto que ya conocemos todos. ¿De verdad ustedes se creen en serio, y lo pueden decir de verdad en serio, y públicamente, que el no haber hecho el concurso público -que ustedes dicen que eso hubiera sido lo debido; nosotros creemos que eso es tan válido como el sistema seguido- conculca la igualdad de los españoles?, ¿están ustedes seguros? ¿Están ustedes seguros que cada vez que en este Parlamento o en cualquiera otro se quiera aprobar un texto legislativo de cualquier índole que fuere -aunque fuera un himno-, habrá que consultar a los españoles previamente? ¿Es que los españoles no deciden en igualdad cuando votan a sus respectivos partidos políticos, que representamos al pueblo de Aragón? ¿Es que ésa no es la verdadera igualdad de los españoles? ¿Es que ustedes pretenden que con cada texto legislativo que en estas Cortes se haga, consultemos previamente o hagamos referéndum para que los aragoneses digan si les gusta? ¿Ustedes propusieron el referéndum con el 23 de abril, día de San Jorge, o más bien lo hicieron como una Proposición de Ley ordinaria, que tuvimos que votar después? ¿Se propuso algún referéndum, algún concurso público específico, y se conculcó la igualdad de los aragoneses para decidir cuáles eran la bandera y el escudo de Aragón? ¿Se dan ustedes cuenta lo que están diciendo?, ¿se están dando cuenta que, a la postre, con todo eso están ustedes negando el mismo sistema parlamentario? Si nos exigen ustedes que para cualquier cuestión, o aquéllas que a ustedes les parezca, tengamos que salir a la calle a pedir una opinión pública a todos los aragoneses, montemos referéndum, y, además, si aprobamos una ley aquí, los legítimos representantes del pueblo de Aragón estemos conculcando nada menos que el artículo 14 de la Constitución Española... Señor Eiroa, yo no conculco el artículo 14 de la Constitución Española. Espero que usted tampoco lo haga.

    Muchas gracias.

    El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Merino. ¿Por el Grupo Parlamentario Popular? (Pausa.) Por el Grupo Parlamentario del Partido Aragonés Regionalista... Señor Eiroa, tiene la palabra.

    El señor DIPUTADO (EIROA GARCIA): Señor Presidente, Señorías.

    Evidentemente, señor Merino, yo no pretendo nunca dar lecciones parlamentarias, y menos a personas que, a lo mejor, las están dando en momentos determinados, o que pueden darlas.

    Yo le he dicho que no estábamos de acuerdo con el procedimiento de lectura única. Y eso, ni usted ni nadie me puede negar que yo opine, o que mi Grupo opine, que podemos tener o que tenemos derecho a que nuestras opiniones se dejen sentir en esta Cámara. Y además he matizado, porque he dicho: «el proyecto inicialmente estaba por procedimiento de urgencia, y nos parece muy bien, y lo aceptamos», pero la lectura única, que es un acuerdo de la Mesa, propuesto después del procedimiento de urgencia, está en contradicción total con las palabras del Presidente de las Cortes regionales, a las que antes ha hecho mención, y no quiero insistir en el tema. Son unas declaraciones del 18 de abril -y hoy es 20 de abril- en las que se dice que el PAR no ha presentado su enmienda de totalidad. ¿Cómo la vamos a presentar si no tenemos opción, si el procedimiento en lectura única impide que lo podamos hacer? Y eso no es ninguna lección parlamentaria, señor Merino.

    Ni usted ni yo creo que estemos en disposición de decir cuándo se dan las condiciones del artículo 141 del Reglamento. Yo, por supuesto; lo que pasa es que usted tampoco, ni nadie de la Cámara. Y no creo que en ningún reglamento parlamentario estén recogidas esas condiciones de naturaleza o de simplicidad, porque son condiciones de tal subjetividad que nadie estaría dispuesto a poderlas concretar.

    Pero lo que usted no me puede negar a mí ni a mi Grupo Parlamentario es que yo reclame mi derecho a presentar una enmienda de totalidad a un proyecto de ley, o enmiendas parciales al proyecto de ley. Y no trate de confundirnos tampoco al hablar de la contratación administrativa y del artículo 14 de la Constitución, que nosotros no hemos dicho que con el trámite de esta Ley se esté conculcando el artículo 14 de la Constitución Española o el artículo 6.2 del Estatuto de Autonomía; eso ni lo he dicho yo ni lo dice el recurso, señor Merino. Lo que dice el recurso es que de no seguirse el procedimiento de concurso público para encargar el trabajo previo que da origen a la Ley, se pueden conculcar estos principios; y, si no, pregunte usted a autores que están en esta sala hoy, a ver si han conculcado o se pueden conculcar o no se pueden conculcar. ¿Por qué se recurre a unos autores y no se recurre a otros?

    Hagamos un concurso público, pero no para el proyecto de usted; esto sí que es una lección parlamentaria de primer grado de EGB, lección parlamentaria en el sentido de que nosotros no queremos en absoluto que por el procedimiento de la lectura única y el procedimiento de urgencia se esté conculcando ni la Constitución ni el artículo 6 del Estatuto de Autonomía. La Mesa de las Cortes tiene capacidad y autoridad suficiente para hacer lo que le plazca en ese sentido, democráticamente, y tomar los acuerdos que se hayan tomado. Y no me ponga ejemplos tampoco, porque esos ejemplos que usted ha puesto, cuando nadie recurrió el Acuerdo de la Mesa, cuando nadie se opuso al trámite de urgencia, por alguna razón sería. No sé cuáles eran, no sé cuáles eran esas razones ni las quiero sacar aquí ahora, pero no había razones para oponerse, y el hecho es que ninguno manifestó su deseo de oponerse al trámite en lectura única de aquel proyecto de ley.

    Pero sí, señor Merino, lo estamos manifestando nosotros, lo estamos manifestando porque creemos que tenemos la razón de oponernos a este trámite, sencillamente para que esta Cámara pueda oír nuestras propuestas; propuestas que podrían consistir en una cuestión total, en una enmienda total, o en unas enmiendas parciales, pero que nos vamos a quedar con las ganas de poderlo hacer, con las ganas de que ustedes las conozcan y con las ganas de que formalmente el pueblo aragonés también las conozca. Vuelvo a decirle que nos hubiese gustado perfectamente el votar a favor de la toma en consideración de esta Ley, para poder discutir una por una la enmienda total que hubiésemos presentado y las enmiendas parciales, que estoy seguro que también hubiésemos presentado.

    Para mayor convicción de lo que estoy diciendo, señor Merino, le tengo que recordar que en la Mesa y la Junta de Portavoces, el día 18 de abril del ochenta y nueve, nosotros expresamos ya voluntad de presentar enmiendas, el 18 de abril del ochenta y nueve. Y a pesar de ello, y a pesar de las declaraciones a las que antes he hecho mención del Presidente de las Cortes de Aragón, esta opción ha sido totalmente cercenada, o es cercenada, por un derecho democrático ejercido por los demás Grupos Parlamentarios -también lo reconozco- lección parlamentaria, si quiere usted, de humilda, pero lección parlamentaria de pura lógica porque son ustedes mayoría y son más que nosotros.

    Pero lo que usted no puede impedirme -lo repito una vez más, señor Merino- es que yo, en nombre de mi Grupo, plantee ante estas Cortes, ante esta Cámara, la necesidad o la posibilidad o la voluntad de haber presentado una enmienda de totalidad a este proyecto de ley, y unas enmiendas parciales. Y además, de recordarle que el procedimiento del concurso público es un procedimiento perfectamente legal, que está previsto en el artículo 14 de la Constitución Española, y que el artículo 6.2 del Estatuto de Autonomía prevé también que corresponde a los poderes públicos promover las condiciones adecuadas para que la libertad y la igualdad del individuo sean reales y efectivas, sobre todo en temas culturales.

    Pero no trate de confundirme, ni a mí ni a la Cámara, que nosotros no decimos que se conculque el artículo 14 de la Constitución por el trámite de urgencia o el trámite en lectura única; nosotros estamos diciendo que es antes del trámite y antes de la propuesta, por el encargo de la letra del himno, de la música, o de todo. Eso es lo que nosotros queremos decir.

    El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Diputado. Ultimo turno por alusiones, señor Merino.

    El señor DIPUTADO (MERINO Y HERNÁNDEZ) (Desde el escaño): Señor Eiroa, tres precisiones.

    Cuando yo salga a alegar algo o a decir algo, no diga usted lo que ha dicho el Presidente de la Cámara, diga lo que he dicho yo. No conteste al Presidente o quiera contestar al Presidente contestándome a mí, o viceversa, aunque pertenezcamos al mismo partido político.

    He dicho que ustedes, conociendo el trámite de urgencia y el trámite de lectura única, tenían una solución, que era haber presentado como proposición de ley de su Grupo el texto de Labordeta, y no lo han hecho. Yo no he dicho que les negásemos con eso las enmiendas de totalidad o enmiendas parciales. Si ya lo sé, el trámite de lectura única impide eso, ustedes tenían que haberlo previsto -y no lo han previsto- y haber presentado la correspondiente proposición. A eso me he referido.

    Claro que hay subjetividad. Evidentemente, señor Eiroa. Cuando no hay normación objetiva de un tema, hay lo que se llama en Derecho administrativo discrecionalidad, que no es mala. Sobre la discrecionalidad decide quien puede decidirla, y la discrecionalidad y la subjetividad en un Parlamento las deciden la mayoría, y eso es lo que aquí se ha hecho democráticamente: la mayoría ha decidido que sea así. Ustedes en estos momentos no son la mayoría

    Y por último, si usted rectifica en el sentido que se refieren sólo a concurso público, yo lo acepto. Ahora, dos precisiones. Usted no puede desvirtuar lo que está escrito en un texto, en un documento, no lo desvirtúe saliendo al escaño, porque es cierto que se decía concurso público, pero usted dice que de no seguirse el procedimiento del concurso público, quedaría infringido el artículo 14 de la Constitución. Esa es una afirmación muy peligrosa, yo la rechazo de plano, no se la admito; ésa es una afirmación, no es una hipótesis. La hipótesis es: «si no se sigue el concurso público», y la afirmación es: «se conculca el principio de igualdad de los españoles». No es cierto, no se lo admito, se lo rechazo de plano.

    Y en cualquier caso, señor Eiroa, usted olvida -yo en estos momentos no le puedo sacar un texto administrativo, lo lamento mucho, me encantaría-, pero le voy a poner ejemplos, que no creo que sea conculcar la legislación española. ¿Dónde se encargó, por qué concurso público se encargó el mural de Miró en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Madrid?, ¿dónde está el concurso público ahí? ¿No se encargó mas bien a un artista, y es una obra importante, valiosa? ¿O el techo de la Diputación Provincial de Huesca, encargado al pintor Saura?, ¿o los murales de la Diputación Provincial de Zaragoza? ¿Han violado todos, el Gobierno de la Nación, la Diputación de Huesca, la Diputación de Zaragoza, han violado seriamente la igualdad de los españoles por encargar a un artista una obra importante? ¿Pero usted puede comparar los encargos derivados de obras artísticas a lo que tienen que ser los concursos públicos mercantiles? ¿Pero usted quiere comparar el suministro de materiales o la compra de solares con realizar una obra artística? ¡Que no es lo mismo, señor Eiroa, que no es lo mismo!, que es una práctica democrática, que cuando se trata de una obra importante se hace un encargo a un artista, y no se viola ninguna legislación, que yo sepa en estos momentos.

    Muchas gracias.

    El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Merino. Ultimo turno, señor Eiroa, para acabar el debate.

    El señor DIPUTADO (EIROA GARCIA): Con la venia, señor Presidente.

    En primer lugar, una alusión que ha hecho muy concreta a mi intervención, en la que he mencionado al Presidente de las Cortes con todo el respeto, como siempre lo hago. Y me alegra, y no sé si estoy confundido, y creo que el debate de la Cámara lo dirige el señor Presidente, y él es el que tiene que decir si me desvío o no me desvío, y el que me tiene que llamar a la cuestión en cada caso. Vuelvo a repetirle que la cita que he hecho de la intervención del Presidente es una cita con todo el respeto que me merece el Presidente de la Cámara.

    Me habla usted de discrecionalidad. Efectivamente, es un tema de discrecionalidad, pero yo también le puedo decir que contra esa discrecionalidad está algo que se llama la desviación de poder, que para eso está la Cámara, para eso están, para poderlo controlar.

    Y por último, cita usted unas obras de Miró. No sé si se hizo por encargo directo, posiblemente Miró no haya más que uno, y si se quiere encargar una obra de Miro, hay que encargársela a Miró. Pero sí le puedo decir que el himno de Navarra y el himno de Madrid están contratados en concurso público, señor Merino.

    Por otra parte, y para terminar, hace usted alusión a una parte de nuestro recurso, dice que cree que decimos que se conculca el artículo 14 de la Constitución. Señor Merino, eso es un escrito jurídico, al que usted está muy acostumbrado, y nosotros lo decimos al principio de ese párrafo, y se dice en estos recursos, siempre se dice, sin ánimo de ofender y siempre con ánimo de defensa, -no es que lo diga yo ni lo diga a lo mejor éste, que no sé si lo dice-, pero al principio del párrafo hay un «creemos», que lo único que usted puede permitirme, señor Merino, es el derecho a discrepar y el derecho a plantear nuestra forma de entender las cosas, lo único, no le pido otra cosa. Permítanos que podamos expresar, aun por escrito, nuestras opiniones; ya que no nos las deja expresar en este sentido respecto de las enmiendas, o respecto de las votaciones, permítamelo expresar en el escrito.

    Y por último, bueno, pues decirle que nosotros hemos planteado una serie de cuestiones que creemos que han sido debatidas; me doy por satisfecho, porque creo que ha quedado claro lo que nosotros queríamos, y únicamente decirle que la Mesa está en su perfecto derecho de hacer, de tramitar, por el procedimiento que crea conveniente en cada caso, la forma que en cada caso también crea que es mejor para esta Cámara. Si así lo ha creído, estamos todos de acuerdo. Pero también -vuelvo a repetir- permítasenos que mostremos nuestro derecho a discrepar, bien en las intervenciones anteriores y bien en el recurso que hemos presentado.

    El señor PRESIDENTE: Gracias, señor Diputado.

CORTES DE ARAGÓN
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