Intervinienen: Alcalde Sanchez, Gustavo - Iglesias Ricou, Marcelino - Lacasa Vidal, Jesus - Yuste Cabello, Chesus - Blasco Nogues, Blanca - Pina Cuenca, Francisco
El señor PRESIDENTE: Señoras y señores diputados.
Miembros de la Diputación Permanente de las Cortes de Aragón.
Ocupen sus escaños. [Se abre la sesión a las diez horas y diez minutos.]
Vamos a celebrar la sesión, que, de acuerdo con la ordenación del debate aprobada por la Junta de Portavoces, comprende un primer punto del orden del día que es la comparecencia, a petición de veintiocho diputados del Grupo Parlamentario Popular, del señor presidente del Gobierno de Aragón para informar de las circunstancias que han motivado el cese del consejero de Industria, Comercio y Desarrollo.
Para exponer la cuestión tomará la palabra, en nombre del Grupo Parlamentario Popular, el diputado señor Gustavo Alcalde.
Comparecencia del presidente del Gobierno de Aragón para informar de las circunstancias que han motivado el cese del consejero de Industria, Comercio y Desarrollo.
El señor diputado ALCALDE SÁNCHEZ: Muchas gracias, señor presidente.
Señor Iglesias.
Tras la sonada espantada que protagonizó su señoría en el último Pleno, he de comenzar mi intervención agradeciéndole que hoy, por lo menos, se digne a escuchar –y parece ser que también a contestar– a este representante del principal partido de la oposición y partido que ganó las últimas elecciones autonómicas en Aragón.
Quiero, como premisa, expresarle, reconocerle que el presidente del Gobierno tiene toda la legitimidad para proceder a sustituir a uno o más miembros de su Gobierno cuando lo considere oportuno. No será desde el Grupo Parlamentario Popular desde donde se cuestione, desde donde se le discuta esa legitimidad. Pero en política, señor Iglesias, las decisiones, cuando se toman, han de ser transparentes, y esa es una cualidad de la que usted –entendemos– no puede presumir.
La solicitud de comparecencia suya realizada por el grupo mayoritario de esta cámara, firmada por veintiocho diputados de dicho grupo, viene motivada por el abrupto cese al que ha sido sometido un miembro del Gobierno de coalición Partido Socialista-Partido Aragonés, y dicha comparecencia tuvo, en Mesa y Junta de Portavoces, el apoyo de otros dos grupos parlamentarios: del Grupo de Chunta y del Grupo Mixto.
Usted ha cesado o, al menos, ha firmado el cese de un consejero. Esta cámara, la ciudadanía y hasta el propio señor Porta tienen derecho a conocer los motivos, y su señoría, la obligación de explicarlos. No va a ser una tarea fácil, dada la proverbial opacidad de su señoría, pero tal vez, si lo intenta, podremos avanzar algo.
Parto de la base de que en los Gobiernos son normales las remodelaciones, ya sea para imprimir renovados esfuerzos o impulsos políticos, para corregir ineficacias, para cortar trayectorias erróneas o, simplemente, para sustituir a cargos que han dado ya de sí todo lo que podía esperarse de ellos. Se agradecen los servicios prestados, se realiza el cambio que proceda... Y así de simple. Es cierto que, en ocasiones, en lugar del cese se produce una dimisión, o, dicho con más precisión, la dimisión previa al cese inevitable, como fue el caso de la anterior consejera de Educación, que tuvo que marcharse ante la imposibilidad, tanto para ella como para toda la sociedad aragonesa, de que pudiera aguantar un minuto más el desastre en el que había convertido el Departamento de Educación. En otras ocasiones, sin embargo, se aprovecha esa remodelación del Gobierno para hacerla más profunda y sustituir a más de un miembro del ejecutivo. Esta es una ocasión que usted ha desaprovechado, que usted ha desperdiciado para poder ampliar esa remodelación de su Gobierno y sustituir, por ejemplo, a la actual consejera de Educación, más carbonizada, si cabe, que la anterior –y mire que eso parecía imposible o inimaginable hace unos meses–.
Sin embargo, esta vez no se ha producido dimisión; ha sido un cese, el cese del señor Porta, que se ha caracterizado por el más hermético oscurantismo. ¿Por qué han cesado ustedes al señor Porta, señor Iglesias? Es cierto que su gestión ha sido escasamente brillante –por llamarla de una forma piadosa–; es cierto también que ha estado trufada de cuestiones llamémosles atípicas, que le han puesto en la picota en distintas ocasiones. Pero cesarlo inmediatamente después de que superara una reprobación en esta cámara parece –parece, al menos, su señoría– un contrasentido.
Las circunstancias confusas, opacas que han rodeado el cese han hecho volar la imaginación de tirios y troyanos, dando lugar a todo tipo de especulaciones sobre los motivos reales de dicho cese, y creo que su Gobierno, usted, es el primer interesado en despejar esas especulaciones. Yo quiero suponer que las sombras, las dudas que se han cernido sobre las decisiones del ex consejero ya, esas dudas sobre que podría haber beneficiado a familiares directos o incluso a él mismo, entiendo que no han debido de ser las causas que han motivado este cese, puesto que han sido reiterados los apoyos que le han manifestado su partido, su Gobierno y el propio presidente de la comunidad. De haber considerado verosímiles esas acusaciones, no tengo ninguna duda, señorías, de que hubiera sido cesado fulminantemente o se hubiera propiciado que presentara su dimisión irrevocable.
La insulsa gestión del Departamento de Industria tampoco creo que haya sido la causa, porque hace dos años que era ya evidente que el señor Porta no iba a revolucionar el mundo empresarial aragonés ni tampoco iba a aportar absolutamente nada al desarrollo de nuestra comunidad, y, sin embargo, no lo habían relevado. No tiene, pues, mucho sentido hacerlo ahora, a un año de las elecciones, después de tres años ya de legislatura, en los que parece ser que estaban ya acostumbrados a su ineficacia. Supongo –y usted ha elogiado de forma palpable la gestión del señor Porta; tanto usted como el señor Biel la han elogiado– que tampoco esa ha podido ser la causa.
Yo, sinceramente, señoría, tampoco me creo esa otra versión malintencionada que sostiene que este relevo se debe a pugnas internas del Partido Aragonés o a la presunta negativa del señor Porta a encabezar la lista a la alcaldía de Huesca por esa formación política. Sería un contrasentido, porque, si a juicio de su partido lo estaba haciendo tan bien como para tirar de la lista de Huesca, no parece muy justificado prescindir en este momento de tan magnífico activo. Y si, por el contrario, el señor Porta lo estaba haciendo –como sostenemos la oposición– rematadamente mal, hasta el punto de haber provocado su cese, ¿cómo iba su partido a llevarlo como candidato a la alcaldía de Huesca? Son contradicciones muy evidentes que hacen dudar también de esta posibilidad.
Son, en definitiva, muchas incógnitas, señor Iglesias, y una realidad incontestable: el cese del señor Porta, que entendemos debe ser explicado en este parlamento y que justificaría por sí solo la conveniencia de celebrar esta Diputación Permanente. Hay, pues, motivos más que justificados para que, no ya el Partido Popular de Aragón, sino la sociedad aragonesa, todos los aragoneses conozcan directamente, a través de su presidente, cuáles han sido las circunstancias que han rodeado esta destitución.
No se trata, señoría, de una consejería cualquiera. Es la consejería encargada de impulsar la acción de su Gobierno en materias tan importantes para el desarrollo de nuestra comunidad como la industria, que está creciendo en Aragón por debajo de lo que lo ha hecho en España en general –y son datos de la Unión General de Trabajadores–; o el comercio, materia en la que hay una indefinición por parte de su Gobierno; o la energía, donde el PEREA a punto estuvo de costarle la reprobación al consejero; o las minas, donde el Plan de la minería del Gobierno del Partido Popular ha promovido en Aragón la gestión de más de ciento ochenta millones de euros; o las nuevas tecnologías, en las que he de reconocerle que han apuntado ideas interesantes, como Walqa o el parque tecnológico de Huesca, aunque, lamentablemente, su concreción –la concreción de estas ideas– se haya caracterizado por exclusivismos polémicos; o el IAF, esa agencia de desarrollo regional modélica en otros tiempos que ha dejado sin ejecutar una parte importante de su presupuesto durante los últimos años y que ustedes seguirán manteniendo bajo mínimos hasta el mes de septiembre. Creo que está claro que el Departamento de Industria, Comercio y Desarrollo es un departamento importante, y el Partido Popular y otros grupos de esta cámara lo hemos venido manifestando a través de iniciativas y propuestas de resolución distintas durante los últimos tres años. Usted, sin embargo, ha despachado este asunto con indolencia, sin un mínimo de seriedad. No puede ser que pasen los días y el presidente de la comunidad autónoma se ausente, se evada de esta nueva crisis como si fuera una cuestión exclusiva de sus socios del Partido Aragonés.
Debería aclarar, señor Iglesias, si usted es presidente solo de los consejeros socialistas o si es también un poco presidente de los consejeros del Partido Aragonés o si le deja ese papel de presidente de los consejeros aragonesistas al señor Biel; o también debería aclarar si, aunque haya un presidente formal –que es usted–, en realidad, de facto, el presidente de esta comunidad es otro o Aragón tiene, por contra, dos presidentes. Hoy es una buena ocasión para que usted aclare estas cuestiones, porque, en definitiva, es aquí donde tenemos que enmarcar el cese del señor Porta.
Hasta hoy, ni una sola palabra. Ha tenido que ser la iniciativa de la oposición la que le haya obligado a su señoría a venir a este parlamento a dar explicaciones, si es que las da. Mire, señoría, en condiciones de normalidad política en Aragón, si su Gobierno hubiera sido capaz de garantizar la estabilidad institucional, el Partido Popular no hubiera exigido al presidente de la comunidad que compareciera para explicar este cese, porque entendemos que el relevo de un consejero se debe enmarcar en la normalidad. Lo que pasa, señoría, es que esa normalidad entendemos que en Aragón, en estos momentos, no existe.
Puede que, a lo mejor, a su señoría le parezca intrascendente tener que dar explicaciones por los tres años perdidos en la política industrial del Gobierno. Quizá su señoría no pueda perder unos minutos de su valioso tiempo para explicar los tres años perdidos en el desarrollo de Aragón. A lo mejor necesita más argumentos que justifiquen su presencia hoy aquí para explicar esta crisis de gobierno. Lo que sucede, señoría, es que el escenario político en el que usted ha introducido a Aragón va más allá del cese de uno de sus consejeros. Y va más allá porque usted no ha querido venir a las Cortes de Aragón a rendir cuentas del fracaso que ha supuesto el acuerdo de la coalición PSOE-PAR con Izquierda Unida. Y usted era el máximo responsable y el mayor beneficiario de ese pacto. Usted ha evitado por todos los medios dar explicaciones sobre cómo piensa afrontar el último año de legislatura, en el que se supone culmina la labor de su Gobierno, un Gobierno con el débil sustento de una minoría parlamentaria.
Usted, señor Iglesias, ha huido; usted se ha escabullido de la obligación política que le es inherente al presidente de la comunidad autónoma de especificar con qué apoyos cuenta para sacar adelante determinadas leyes, como la ley del Pirineo, que, por cierto, está cuestionada no solo política, sino jurídicamente antes siquiera de su debate. Debería también contarnos qué ha pasado y cuáles son los planteamientos de su Gobierno con los compromisos adoptados, como la ley de transferencia de competencias a los ayuntamientos mayores de cinco mil habitantes, la ley de creación del área metropolitana de Zaragoza, la ley de financiación de la educación, la de financiación de la universidad, la de energía eólica, la aragonesa de telecomunicaciones y medios audiovisuales, y un largo etcétera. Todas estas propuestas de texto normativo y algunas más están incluidas en el pacto de gobierno PSOE-PAR o aparecen en su discurso de investidura. ¿Qué va a pasar con estas propuestas, señor Iglesias? ¿Qué va a pasar con estas leyes? ¿No las van a hacer? Algún tipo de explicación tendrá que dar usted sobre esto. Le insisto en que su intervención aquí debería servir para clarificar, para aportar luz y transparencia sobre una cuestión de inestabilidad de una coalición que trabaja poco y, además, en precario.
En definitiva, señor Iglesias, esta crisis es previa al cese del señor Porta. Esta crisis permanece inexplicada por su escapada estilo Houdini de la comparecencia del último Pleno. La auténtica crisis de su Gobierno la está propiciando su señoría, porque las crisis políticas, cuando se producen, si se afrontan, si se debaten, si se discuten, si se explican, se diluyen o desaparecen; cuando esto no ocurre, se cronifican, perpetuándose en el tiempo. Usted permite que los problemas se cronifiquen, y esto le sucede porque no lleva usted las riendas de su Gobierno; porque, si me permite la expresión –y perdónemela de antemano–, está usted en Babia, señoría, no atiende debidamente a las cuestiones domésticas de su Gobierno.
Se ha cesado a un consejero anodino, y, sin embargo, mantiene a una consejera que ha conseguido que añoremos a su antecesora en el cargo. La educación y el departamento que la gestiona, en crisis permanente, mientras usted, el presidente del Gobierno, permanece desaparecido en combate, por lo menos hasta hoy. Un acuerdo de legislatura con Izquierda Unida que ha saltado hecho añicos, y el presidente sin dar una sola explicación, a pesar de que, tan solo una semana antes de producirse la crisis con Izquierda Unida, usted certificaba en este Pleno, en este mismo Pleno: «Hoy, esta es la coalición más estable, más positiva y con más proyectos ya desarrollados y desarrollándose de todas las que ha tenido la Comunidad Autónoma de Aragón». ¿Qué necesita su señoría para dar la cara ante este parlamento? ¿Qué necesita, señor Iglesias, para abandonar el retiro espiritual en el que permanece desde hace meses? ¿Qué terremoto político tiene que ocurrir en Aragón para que usted deje de practicar su deporte favorito, que es esconder la cabeza, imitando a los avestruces, debajo del ala o en un agujero cuando existen problemas? Son preguntas que nos formulamos desde este grupo parlamentario y que se empieza a formular ya la sociedad aragonesa. No sé si hoy sabremos ya cuál es el resorte, por fin, que le ha empujado, que le ha impulsado a salir a esta tribuna y abandonar sus largas sesiones de siesta o de yoga –no lo sé–. ¿Ha tenido que cesar el señor Biel a un consejero de su escudería para que usted rompa sus meditaciones trascendentales y salga a defender el honor de su socio de Gobierno? Lo vamos a saber dentro de unos momentos. Lo cierto es que, aunque solo fuera por ese motivo, su presencia en esta tribuna justificaría el cese del señor Porta. Tendría yo que felicitar al señor vicepresidente Biel por su genial maniobra para sacar a su señoría del letargo en el que está sumido.
Señor presidente, ya acabo. Nos tiene acostumbrados, señor Iglesias, a que le preguntemos sobre un asunto determinado y usted nos responda con argumentos que nada tienen que ver con la cuestión. Hoy le pido que abandone esa práctica, en usted costumbre. Deje por un momento de hacer oposición desde el Gobierno y afronte de cara la cuestión que nos ha traído aquí esta mañana.
Nada más, y muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señor diputado.
A continuación tomará la palabra el señor presidente del Gobierno de Aragón.
El señor presidente del Gobierno de Aragón (IGLESIAS RICOU): Señor presidente.
Señoras y señores diputados.
En primer lugar, señor Alcalde, vengo con la absoluta normalidad de comparecer en el parlamento y de intervenir en el parlamento como hago habitualmente. Y debo decirle que esa acusación que usted ha hecho de escapismo yo creo que está muy poco fundada. Tan poco fundada como la solicitud de constitución de la Diputación Permanente en este período extraparlamentario para justificar o para explicar algo tan normal en el funcionamiento democrático de nuestra comunidad y de cualquier país libre como es el cese o el nombramiento de un miembro del Gobierno. En su intervención, yo no he encontrado ninguna justificación para la urgencia, para la necesidad de reunir este órgano extraordinario.
Porque en política, señor Alcalde, hay que ser coherentes. ¿Por qué aquí es un escándalo hacer una remodelación de Gobierno? ¿Por qué aquí es un escándalo que haya una alternancia en un departamento del Gobierno y haya que venir a explicarlo? Yo vengo a explicarlo con absoluta normalidad. No me quejo de eso. Me quejo de que ustedes lo consideren un hecho insólito, un hecho excepcional que merezca la constitución de este órgano, la Diputación Permanente, y que, sin embargo, tengan otro metro para medir la actuación de otro Gobierno, del Gobierno del señor Aznar, que acaba de hacer nada más y nada menos que una remodelación de ocho ministros en período parlamentario, en una situación de normalidad dentro del funcionamiento del parlamento nacional, señor Alcalde. Y yo no he escuchado ninguna explicación, como normalmente yo no he escuchado ninguna explicación en el parlamento. No solo no se ha constituido ningún órgano extraordinario como es esta Diputación Permanente, sino que no he escuchado ninguna explicación dentro del parlamento en las sesiones ordinarias en las que estamos. ¿Por qué entonces, señor Alcalde, se rasga las vestiduras aquí en Aragón por algo que considera absolutamente normal que se produzca por parte de su admirado presidente del Gobierno central? No lo entiendo bien. Porque fíjese usted: el señor Aparicio, ¿por qué es cesado?; el señor Piqué, ¿por qué es cambiado?; el señor Posadas, la señora Birulés, el señor Cabanillas, el señor Acebes, el señor Rajoy, la señora Villalobos... Yo tengo una explicación, porque no comparto la política que hace el Gobierno central en gran medida, tengo una explicación, pero el señor presidente del Gobierno no nos ha dado ninguna. Como también tengo una explicación de por qué no han sido cesados el señor Piqué y el señor Matas, tengo una explicación; parcial, seguramente, pero tengo una explicación.
Mire, nuestro Estatuto de Autonomía y la Ley del presidente atribuyen al presidente de la comunidad autónoma, como presidente del Gobierno de la comunidad autónoma, la capacidad de cesar y nombrar libremente a los consejeros. Y yo debo explicar que este es un Gobierno de coalición, y, en un Gobierno de coalición, las decisiones se toman con el acuerdo de los dos socios. Lo he dicho aquí muchas veces, y nunca he ocultado esta realidad. No me parece ni mal ni bien: es la realidad que han producido las últimas elecciones autonómicas y la realidad que se ha producido siempre en Aragón. Esta cámara es una cámara muy fraccionada, hay muchos grupos políticos, y ninguno de ellos nunca ha tenido mayoría suficiente para poder gobernar solo; por tanto, la coalición es algo permanente en nuestra comunidad autónoma y en la formación de su Gobierno.
El año 1999 hicimos un acuerdo de coalición que denominamos Pacto por Aragón, y es el que estamos realizando, desarrollando entre el Partido Socialista y el Partido Aragonés. En el Pacto por Aragón –documento que se hizo público para que todo el mundo lo conociera– aparecen los ejes fundamentales de la política que estamos desarrollando y aparece también la necesidad de conformar un Gobierno entre los dos partidos que forman parte de la coalición. En ese acuerdo hay algunos extremos. Por ejemplo, que yo presidía el Gobierno; que el vicepresidente era el señor Biel, del Partido Aragonés; que el Partido Socialista tenía la cartera de Agricultura, la cartera de Economía, la de Obras Públicas y la de Educación; y que el Partido Aragonés tenía la vicepresidencia, el Departamento de Industria, el Departamento de Medio Ambiente y el Departamento de Cultura. Hasta aquí, absoluta normalidad.
En un momento determinado hubo un cambio en el Departamento de Educación con absoluta normalidad. En otro momento determinado ha habido un cambio en el Departamento de Industria. Fíjense: dos cambios de dos consejeros de diferentes partidos que forman parte del Gobierno, de la coalición de Gobierno.
Nosotros explicamos lo normal que se explica en estos casos que hay una alternancia en un departamento cuando cesó la consejera de Educación. Y lo mismo hemos explicado ahora. Pero, tanto en el momento de un cambio en un departamento de un consejero del Partido Socialista como en el momento de un cambio en un departamento cuyo consejero corresponde al Partido Aragonés, las dos partes del pacto están de acuerdo. Están de acuerdo, y me parece que eso sí que sería realmente difícil de explicar: el que se produjera un cambio por parte del presidente en un departamento que gestiona un consejero del Partido Aragonés y que el Partido Aragonés, socio de la coalición, no estuviera de acuerdo. Eso sí que sería algo raro. Por eso, cuando el señor vicepresidente me ha propuesto que hiciéramos este cambio, yo lo he aceptado y he aceptado las explicaciones que ha dado el señor vicepresidente, no como vicepresidente del Gobierno, sino como presidente de un partido coaligado.
Y esa es la explicación. Yo no sé si les voy a decepcionar, pero mi explicación, simplemente por el hecho de haber estado ya un cuarto de hora en esta tribuna, es mil veces mayor que la que ha hecho el señor Aznar respecto a un problema ocho veces mayor, ocho veces más grave, señor Alcalde, ocho veces más grave. Porque no le he escuchado en el parlamento, todavía hoy, explicar por qué se ha producido una crisis en el Gobierno de una cierta dimensión y profundidad. Por tanto, por un problema ocho veces más grande, el señor Aznar no acude al parlamento; por un problema ocho veces más pequeño, yo sí acudo al parlamento a explicar, y a explicar también la otra cuestión.
Mire, señor Alcalde, yo vengo a gusto al parlamento, porque es mi obligación; segundo, porque yo surjo de este parlamento, a mí me han elegido ustedes. Yo llevo tres años gobernando la Comunidad Autónoma de Aragón porque ustedes me eligieron en este parlamento y consideraron que esta coalición de gobierno que yo presido era la mejor para dirigir durante estos cuatro años los destinos de esta comunidad autónoma. Por eso estoy yo aquí. Por eso vengo a gusto, porque es mi obligación y es mi devoción también venir al parlamento. Por tanto, cuando ustedes quieren transmitir la imagen de que me voy del parlamento... Mire, yo he tenido la oportunidad de explicárselo a usted directamente en una muy agradable entrevista que hemos tenido recientemente, pero lo quiero explicar también públicamente. Esto mismo que usted me plantea hoy aquí yo se lo contesté ese mismo día, en el que yo me fui del parlamento a las doce, y habíamos iniciado la sesión pasadas las diez; estuve durante esas casi dos horas contestándole a usted. Esta misma pregunta que me hizo se la contesté aquí, en el parlamento, y después contesté más cosas, como es habitual en las sesiones de control. Pero esto ya se lo había contestado a usted; esta misma cuestión se la había planteado y se la había intentado explicar a su señoría.
Claro, posteriormente a esto, y creo que ustedes lo conocían –si no lo conocían, les pido disculpas–, ese mismo día yo tenía la reunión de los presidentes de la Comunidad de Trabajo de los Pirineos, que preside en este momento la Comunidad Autónoma de Aragón, es decir, que me corresponde la presidencia de turno en este momento, y, por tanto, tenía que recibir a los presidentes. Y tenía prevista, antes de la reunión de los presidentes, una reunión con el señor Ibarretxe, entre otras cosas para tratar de las comunicaciones en el valle del Ebro, entre el País Vasco y el resto del valle del Ebro, y concretamente de los enlaces de los trenes de alta velocidad, que me parecen fundamentales para nuestra comunidad autónoma. Claro, yo no me fui por nada más; yo me fui por eso. Porque creo que mi obligación en aquel momento, después de dos horas de participación en una sesión de control parlamentario contestando a todas las preguntas que sus señorías consideraron oportuno hacerme, mi obligación en ese momento era estar ahí.
Segunda cuestión que le voy a decir. Mire, el presidente comparece si lo considera oportuno, pero lo habitual es que las explicaciones de estas cuestiones las dé el consejero de Presidencia o el consejero de Economía. No en este Gobierno, señor Alcalde, no en este Gobierno: en todos los Gobiernos que yo conozco. Por ejemplo, en las comparecencias que yo solicité como responsable del principal partido de la oposición al señor Lanzuela, en ningún caso compareció el señor Lanzuela ante la Diputación Permanente. Y no era una cuestión menor, como el cese de un consejero; era una cuestión más importante: estábamos hablando de la financiación autonómica; para refrescarle la memoria, año 1996. Y, cuando se volvían a constituir las Cortes, cuando se iniciaba el período de sesiones, las decisiones y los acuerdos del Gobierno en coalición, exactamente igual que ahora, ya se habían tomado. Por tanto, la urgencia de reunir la Diputación Permanente y la gravedad del problema eran evidentes. Y no compareció el señor Lanzuela en la Diputación Permanente, no compareció nunca. ¡Nunca! Es decir, nunca es nunca. Y los datos no se discuten. Podemos hablar de política y opinar, pero los datos de que hay algunos que no han comparecido nunca son una realidad, son datos. Es decir, yo estoy aquí, y estoy aquí con agrado para explicarles lo que debo explicarles y la única explicación que tiene esta cuestión.
El señor Lanzuela no vino aquí. El señor Aznar no va al parlamento. Por tanto, yo creo que tiene poca coherencia alguna de las afirmaciones que he escuchado aquí esta mañana hablando de mi escapismo o de quién lidera la coalición. Pues mire, una coalición se lidera con la lealtad mutua de los dos socios. Siempre he defendido este principio de lealtad –siempre lo he defendido– y de corresponsabilidad; siempre lo he defendido, y lo voy a seguir defendiendo. Lo mismo que he defendido –y voy a seguir defendiendo, señor Alcalde– la gestión que desde el Departamento de Industria, Comercio y Desarrollo se realizó.
Lo mismo que me va a permitir que le lleve la contraria respecto al crecimiento de Aragón. El crecimiento de Aragón ha estado por encima del crecimiento medio de España, ha estado. Y ese es un dato muy satisfactorio para todos. Y eso no lo digo yo: es un dato del Instituto de Estadística, del Instituto Hispalink, que también se dedica a estas cuestiones. Y las previsiones eran menores. Cuando el consejero de Hacienda vino a explicar sus previsiones de crecimiento, muchos dijeron que eran desarboladas. Bueno, pues esas son las previsiones que se han cumplido.
Por tanto, quiero decirles a todos los grupos parlamentarios que la coalición funciona con absoluta normalidad. Ha habido un relevo en un departamento porque así lo ha solicitado el Partido Aragonés, coaligado con el Partido Socialista en esta coalición. Dada esa solicitud, yo he accedido a lo que solicitaba el vicepresidente del Gobierno y presidente del Partido Aragonés dentro de la absoluta normalidad, y, desde el punto de vista de la coalición, está exactamente igual de firme y de sólida que el día que ustedes, en este parlamento, me invistieron presidente. Exactamente igual.
Ha habido unos meses de participación más intensa –concretamente, seis o siete meses– de Izquierda Unida en el Gobierno, que ha tenido cinco altos cargos; no ha tenido, como ustedes saben, consejeros. Pero la situación hoy es exactamente igual que el día que ustedes consideraron oportuno, por mayoría, elegirme presidente de la Comunidad Autónoma de Aragón. Y esas son las explicaciones que puedo darles. Esas son las explicaciones que debo darles. Insisto, para todos ustedes, mucho más amplias, mucho más generosas, mucho más participativas que las que se dan en otras instancias de gobierno.
Muchas gracias. [Aplausos desde los escaños del Grupo Socialista.]
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señor presidente.
Para la réplica tiene la palabra de nuevo el señor Alcalde.
El señor diputado ALCALDE SÁNCHEZ: Muchas gracias, señor presidente.
Señor Iglesias.
Yo no sé si felicitarle hoy a usted por este arrebato comunicativo que ha tenido o si tomarle el pulso por ver si padece alguna fiebre de estas repentinas que le haya impelido a subir a esta tribuna. De cualquier manera, me alegro, me alegro de que no haya usted provocado de nuevo una fuga que no la mejoraba Bach y que por fin dé la cara, baje del Olimpo y discuta, dialogue con la oposición sobre estas pequeñas cuestiones terrenales que parece ser que nos preocupan a los mortales.
Yo quiero decirle que no se ha ajustado usted a la verdad cuando nos ha relatado esa fuga del último Pleno. Su señoría debería recordar que el orden del día del Pleno se había modificado precisamente para que su señoría compareciera. Se había antepuesto la comparecencia a lo que es normal en esta cámara, que las comparecencias vayan a continuación de los proyectos de ley, y en aquella ocasión se cambió el orden del día precisamente porque su señoría iba a comparecer. ¿Por qué motivo, en el último instante, a usted le dio el arrebato y salió disparado como perseguido por no sé qué diablos? Pues no lo sé. Pero lo cierto es que se había modificado el orden del día para que su señoría compareciera y se había antepuesto a los proyectos de ley.
Luego, también se equivoca su señoría cuando hace referencia al señor Lanzuela y dice que él no compareció en esta cámara. Mire usted, el Gobierno del señor Lanzuela solamente sufrió una modificación en el gabinete a lo largo de toda una legislatura, que fue la salida del también consejero de Industria... –perdón, entonces era de Economía e Industria–, el señor Zapatero. Yo recuerdo perfectamente cómo el señor Lanzuela, por la vía del artículo 177 de nuestro Reglamento, compareció para dar las explicaciones oportunas de esa marcha del señor Zapatero de su Gobierno. Eso fue así y eso no lo puede usted negar porque eso es algo evidente que está en los Diarios de Sesiones. [Uno de los diputados se manifiesta desde su escaño en términos que resultan ininteligibles.] Precisamente porque no se lo pidió nadie. Eso es lo que se debe pedir a un gobernante, a un presidente: que tome decisiones, que dé la cara y que salga a explicar los motivos de una modificación sustancial de su gabinete.
Mire usted, a tenor de su respuesta, yo creo que no le ha gustado a usted esta comparecencia. Ha sido evidente. Ha dicho cosas que yo, personalmente, no he dicho. Yo no he hablado en ningún momento de escándalo. Le he dicho que me parece algo completamente normal. Nadie –repito– ha cuestionado la legitimidad suya, como presidente, para producir en el Gobierno los cambios que considere oportunos. Pero no veo motivo, señoría, para que a usted le moleste –como parece que le molesta– que la oposición le interpele sobre el cese de un consejero. Señoría, ¿preguntar es ofender? Pues yo no sé por qué se ofende su señoría o se molesta tanto. Una cosa es que usted esté en su derecho de no explicar –como no ha explicado, porque no le ha dado la gana– los motivos de esta crisis de su Gobierno y otra cosa es que la oposición no tenga derecho... El mismo derecho que tiene usted a no decir nada lo tenemos nosotros a pedirle explicaciones y a criticarle el hecho de que no las dé, como no las ha dado hasta este momento.
No hable su señoría de crecimiento de Aragón. ¡Si yo no he hablado de crecimiento de Aragón! Le he hablado de crecimiento de industria, del sector industria, y ese está por debajo de la media del resto de España, señor Iglesias.
Yo sabía que usted no soportaría hoy la tentación de equiparar el inesperado cese del señor Porta con la remodelación efectuada hace poco tiempo por el señor Aznar, por el presidente del Gobierno de la nación. Y eso, si me lo permite usted, me parece que es simplista, es simplista por muchos motivos.
El primero de ellos. Estamos –por si no se ha enterado su señoría– en el parlamento aragonés. Esto son las Cortes de Aragón, el parlamento aragonés, lugar donde debe rendir cuentas el presidente de Aragón, no el señor Aznar. Y el presidente de Aragón –tampoco me ha demostrado lo contrario– creo que es usted. Al consejero de Industria, Comercio y Desarrollo lo ha cesado usted o ha firmado su cese usted –cesado, parece ser que lo ha cesado otro–.
En segundo lugar, usted sube hoy aquí a la tribuna a dar explicaciones –es un decir lo de dar explicaciones– a los catorce días de producirse el cese del señor Porta. El señor Aznar comunicaba la remodelación de su Gobierno al Rey un martes por la tarde [risas desde los escaños del Grupo Socialista], y el lunes siguiente –menos de seis días después– comparecía en un debate del estado de la nación en el cual todos los grupos del Gobierno y de la oposición tuvieron ocasión de debatir, de discutir y de criticar la remodelación del Gobierno que había hecho el señor Aznar. Hoy, el que se examina es usted, no es el señor Aznar, conque apruebe usted la asignatura. Que cada palo aguante su vela. Usted se examina, no el señor Aznar.
En tercer lugar, usted se encuentra en una situación de minoría parlamentaria, en una situación políticamente endeble, señor Iglesias, mientras que el señor Aznar estaba todo lo contrario: respaldado por una sólida y amplia mayoría. Y mire, cuando la oposición tiene más votos que el Gobierno, como es el caso de Aragón, la prudencia debe constituirse en una herramienta imprescindible para un presidente minoritario. Usted comparece hoy porque los votos de la oposición (del Partido Popular, de Chunta y de Izquierda Unida) han sido más que los votos de los partidos que sustentan al Gobierno. Si no, usted hoy no hubiera venido aquí a comparecer. Y el señor Aznar, perfectamente, podría haber hecho su remodelación de Gobierno al día siguiente del debate del estado de la nación y se podría haber evitado –si hubiera querido, y no quiso– todo tipo de explicaciones al respecto.
En cuarto lugar, usted ha cesado a un consejero a diez meses de unas elecciones, con apenas seis meses por delante de gestión directa, de gestión efectiva de su Gobierno, y con unos presupuestos de 2003 de dudosa tramitación o de complicada –perdón– tramitación parlamentaria. Al señor Aznar, sin embargo, mire usted, le quedaban dos años largos de gobierno y una mayoría suficiente para aprobar sus presupuestos.
En quinto lugar, señor Iglesias, a usted le ha impuesto el cese una parte de su Gobierno, mientras que el señor Aznar puede hacer los relevos que crea oportuno porque tiene, para empezar –y este es el sexto y último lugar–, un Gobierno único, señor Iglesias, no dos; tiene un Gobierno único y un proyecto concreto e ilusionante para este país. Y usted no tiene ni un Gobierno –no sabemos si tiene dos o medio– y tampoco tiene un proyecto ilusionante para esta tierra.
Como era de esperar de esta su primera intervención, no nos ha explicado los motivos reales del cese del señor Porta. Es difícil que los explique, porque parece ser que el que ha tomado la decisión es el señor Biel, y, claro, entiendo que quizá su señoría no está en condiciones de explicarnos esos motivos reales. Pero, de cualquier forma, cuando su señoría explica los avatares de su Gobierno, a mí me recuerda a Lewis Carrol, me recuerda a Alicia en el país de las maravillas, cuando Alicia se cae por la madriguera del conejo y, al llegar al fondo, dice: «Me pregunto en qué latitud y longitud me encuentro. No tengo ni idea de lo que es latitud ni longitud, pero son dos palabras fantásticas». Cuando cuenta usted los avatares, eso es lo que usted me trae a la memoria.
Tiene una especial, una rara habilidad para responder con vaguedades a preguntas concretas o, simplemente, para irse por los cerros de Úbeda, señor Iglesias, y no contestar a lo que se le pregunta. Nunca contesta a lo que se le pregunta. Cuando lo hace, desde luego, es transformando la realidad, maquillándola, transfigurándola, hasta convertirla en irreconocible.
Vamos a ver si al segundo intento lo consigue. Yo creo que, si hace un esfuerzo, lo puede conseguir. La pregunta es muy sencilla –no es precisamente la del millón–: ¿cuáles han sido las razones por las que ha cesado al señor Porta?
Mire, señoría, mi partido no ha sido precisamente el que ha especulado sobre las verdaderas causas del cese del señor Porta. Ni siquiera nos puede acusar de haber practicado una política de acoso y derribo al señor Porta. Recientemente se vio en esta misma cámara una moción de Chunta Aragonesista reprobando al consejero, en la que mi partido se abstuvo por entender que no había nuevos argumentos que justificaran esa reprobación.
Lo cierto, señor Iglesias –es lo cierto de lo que está ocurriendo aquí–, es que su estrategia de ocultar la ineficacia e incompetencia de su Gobierno detrás de un telón o muralla de agua ha tocado ya fondo. Ha quedado en evidencia con el cese, precisamente, del señor Porta, porque este cese es el escaparate, señor Iglesias, de la realidad que esconde su Gobierno, de una realidad de un Gobierno sin proyecto político para esta tierra.
El señor Porta y su cese han sido el botón de muestra, la punta del iceberg, señor Iglesias, de la acción de su Gobierno. No le voy a hablar, por cuestiones de tiempo, de todas las cosas que se han dicho por parte de los medios de comunicación, de los sindicatos e incluso de fuentes de su propio Gobierno respecto a este cese. Simplemente le voy a comentar una: ha salido publicado que ustedes habían perdido la confianza en el ex consejero, en el señor Porta. ¿Por qué han perdido ustedes o habían perdido ustedes la confianza en el señor Porta? Si, como dicen los medios de comunicación, los sindicatos y fuentes de la Diputación General de Aragón que han salido publicadas, el departamento estaba estancado; se había perdido la confianza en él; el balance de su gestión era muy negativo; había cometido muchos desaciertos e incluso tenía enfrentamientos con importantes sectores empresariales, tanto de la industria como de la informática; si no existía política industrial; si la operación del gato se había comido al ratón; si estaba tan tocado..., ¿no esperará que ahora nos creamos que su mayor delito ha sido no encabezar la lista del PAR por Huesca? Algún otro motivo habrá para haber cesado al señor Porta. ¡Vamos, digo yo! Porque parece ser que el señor Porta ni se ha enterado tampoco de los motivos de su cese; eso ha declarado él ante los medios de comunicación. Luego tampoco se han guardado muy bien que digamos las formas por parte de su Gobierno a la hora de producirse ese cese. ¿O acaso tenían ustedes miedo a que aparecieran nuevos nubarrones sobre la gestión del señor Porta? Porque lo cierto es que, en la gestión del Departamento de Industria, Comercio y Desarrollo, las sombras apenas han dejado ver algún rayo de luz; apenas, tímidamente han dejado ver algún rayo de luz. Como Walqa, proyecto que inmediatamente se vio oscurecido por nubarrones en el horizonte, y esos nubarrones se convirtieron, señor Iglesias, en tormentas de granizo en lo relativo a la regulación del PEREA y a la posible o a la necesaria abstención que debía haber tenido el consejero a la hora de emplearse en cuestiones que afectaban, directa o indirectamente, a su persona y a su familia.
Señoría –ya acabo–, mi grupo ha mantenido en todo momento un escrupuloso respeto hacia la honorabilidad del señor Porta y no ha apoyado iniciativas que buscaban su reprobación. Ahora, lógicamente, en mi grupo surge una duda: ¿nos equivocamos en la última moción dándole ese margen de confianza? Y yo le pregunto a usted que me aclare esta pregunta.
Muchas gracias, señor presidente.
El señor PRESIDENTE: Gracias, señor diputado.
Para el turno de dúplica, el señor presidente tiene la palabra.
El señor presidente del Gobierno de Aragón (IGLESIAS RICOU): Señor presidente.
Señorías.
Yo creo que ustedes no se equivocaron, porque los responsables de los diferentes departamentos no tienen nunca, en ninguna hipótesis, más que una salida, como los presidentes de las comunidades autónomas o los ministros o los portavoces de los grupos parlamentarios: ser ex ministros, ex consejeros, ex presidentes. Eso es la normalidad democrática. Algunos dirían aquello de sic transit gloria mundi. Yo no voy, ni siquiera, a decir eso. Eso es la normalidad democrática. Y subir aquí a esta tribuna a defender lo obvio es bien difícil. Primera cuestión, porque yo considero que es una misión imposible de cualquier responsable del Gobierno el convencer a la oposición. La oposición, por principio, no se convence con las explicaciones del Gobierno, y esto es normal. Y, sin embargo, el Gobierno, como Sísifo, tiene que hacer el esfuerzo permanente de explicar, y por eso vengo a gusto a este parlamento; no vengo a disgusto. No vengo a disgusto; vengo a gusto. En primer lugar, porque es mi obligación –lo he dicho, señor Alcalde–. Es lo que más me duele de su explicación; lo demás es normal. Pero yo vengo a gusto al parlamento, entre otras cosas porque no he tenido tropiezos importantes con el parlamento. Es decir, era consciente en el mes de julio de 1999, cuando llegamos a un acuerdo de coalición, de la dificultad inherente a la gestión de un Gobierno de coalición, un Gobierno en el que, además, los dos socios no eran suficientes. Pero contamos –¡cuidado!– con el apoyo desde el primer momento, para todos los temas importantes, de Izquierda Unida, desde la propia investidura hasta la aprobación de los presupuestos, cuestión nada normal en la Comunidad Autónoma de Aragón hasta esta legislatura.
Por eso vengo con comodidad, sin ningún tipo de sensación de agobio, sin ningún síntoma de presión excesiva. Vengo con normalidad. Y le aseguro que, cada vez que pueda venir a explicar las cosas, vendré. ¿Qué sucede? Que un día han coincidido dos cuestiones importantes y ustedes se han sentido preteridos. Pues le pedí disculpas, y lo vuelvo a hacer públicamente para que conste en el Diario de Sesiones. Si ustedes consideraron que aquella solicitud de comparecencia, que solo en casos muy excepcionales en la Comunidad Autónoma de Aragón ha contestado el presidente –insisto: que solo en casos muy excepcionales, como es caso excepcional subir aquí ante la Diputación Permanente–... Solo ha subido un presidente de esta comunidad autónoma, el señor Hipólito, don Hipólito Gómez de las Roces. Nadie más. El señor Lanzuela no ha subido a la Diputación Permanente –nunca– cuando se discutía la financiación autonómica. Nunca. Cuando las decisiones tenía que tomarlas un Gobierno de coalición en contra del parecer del conjunto de la cámara, no vino a dar explicaciones. ¡Hombre!, en período ordinario de funcionamiento de las Cortes, ¡faltaría más que el presidente –sea quien sea– venga a dar explicaciones aquí! Hombre, ¡faltaría más! Estoy hablando de un período excepcional, de una convocatoria excepcional, de un momento excepcional y de una cuestión que usted la justifica porque considera que el cese de un consejero es mucho más grave que una remodelación de ocho ministros en Madrid. Bueno, yo entiendo que todas estas cosas son la política; es como el fútbol. Son la política. Pero, realmente, los que estamos en política, y especialmente los que estamos en la Diputación Permanente, que tenemos más responsabilidad si cabe, deberíamos ser capaces de transmitir a la opinión pública que, cuando empleamos herramientas excepcionales, es por razones excepcionales; y que la vara de medir tendría que ser similar cuando medimos los metros en Zaragoza o cuando los medimos en Madrid. ¡Claro! Por tanto, que quede muy claro que soy el segundo presidente que comparece ante la Diputación Permanente.
Segunda cuestión: que vengo a gusto y satisfecho a dar las explicaciones que se pueden dar. Yo nunca he encontrado a un jefe de Gobierno que explique... pues yo qué sé, yo qué sé qué cosas de un cambio en un departamento. Nunca lo he encontrado. Si ustedes tienen bibliografía o datos de estas cosas o anécdotas, pues me lo pueden pasar, pero yo no he encontrado nunca a ningún responsable del Gobierno que tenga que justificar de una manera absoluta un cambio en la normalidad democrática y parlamentaria más absoluta, que es tal como se produce aquí.
Ahora bien, que ustedes no se consideren suficientemente explicados o que no les satisfaga la explicación que yo dé, eso está dentro de esa normalidad. Sería realmente excepcional, saldríamos en los periódicos de todo el mundo y en los informativos de la CNN, si, después de mi explicación –eso sí que sería excepcional–, el señor Alcalde subiera aquí a manifestarse satisfecho. Eso no se va a producir. Ni en este caso, ni cuando aprobamos los presupuestos, ni cuando aprobamos un proyecto fantástico para la Comunidad Autónoma de Aragón: PLAZA, o las ocho mil viviendas que estamos haciendo, o el plan de comarcalización...
Fíjese, por no irnos, señor Alcalde, del área de Industria, en donde yo estoy satisfecho con el trabajo que ha hecho, hasta ese momento, el consejero. Estoy satisfecho. Otra cosa es que se haya producido un relevo, y, cuando he tenido la oportunidad de estar con el consejero saliente y el consejero entrante, he vuelto a apelar al circuito de la política como una carrera de relevos. Hoy estoy aquí yo, coyunturalmente, y después vendrán otros. Y lo importante es la resultante que para Aragón se produzca entre unos consejeros y unos que han sido consejeros anteriormente, como nos sucederá a todos, a usted y a mí. Como nos sucederá a todos. No tenemos otro futuro, señores y señoras diputados, señor presidente; no tenemos otro futuro más que ser ex presidente. Incluso el presidente de las Cortes, incluso cualquier consejero, incluso los ocho ministros del señor Aznar. Así es el mundo y así es también el mundo de la política, amigas y amigos. Por tanto, esa es la realidad.
Y yo quiero decirles que estoy muy satisfecho del funcionamiento de ese departamento: un departamento que ha puesto en marcha el programa Walqa, que es un programa innovador en todo el país; un departamento que ha puesto en marcha el parque tecnológico, que es un proyecto innovador en todo el país; un departamento que ha madurado y que ha desarrollado el proyecto de Dinópolis, en Teruel. [Rumores.] Oiga, que sé que ese proyecto lo puso en marcha –también, como casi todo lo que sucede en la vida política– otro ministro. Dentro de unos meses vendrán ustedes a inaugurar el tren de alta velocidad, y la primera piedra no la puso el señor Aznar; la puso otro. ¿Y qué? ¿Y qué? Pero ¡no! Mire, el año 1995 yo era presidente de la Diputación de Huesca y pasaba por el túnel de Ballobar, en el límite del Cinca, al lado de Lérida ya, ¿eh?, el año 1995. Es decir, que no solo puso la primera piedra. Por tanto, esto es lo que debe ser. La política democrática es el enlace entre diferentes políticas.
Por tanto, estoy muy satisfecho de que en Dinópolis pusiera la primera piedra un departamento, un Gobierno, y lo haya desarrollado otro, pero es un activo importante, porque lo ha consolidado y lo ha desarrollado. Y el proyecto PLAZA no tiene nada que ver con el mundo industrial en Aragón. Bueno, yo creo que es la plataforma logística –industrial, por tanto– más importante que se está construyendo hoy en Europa, con un éxito notable de captación de empresas, de las primeras empresas del país, que vienen a Aragón porque consideran que es atractivo venir a Aragón, porque se ha hecho una política correcta que atrae a las empresas, que desarrolla a las empresas; que consideran estas empresas, las primeras del país, como Global 3 o como Inditex, que venir a Aragón es positivo para ellas. No por este Gobierno, ¿eh? –no vaya nadie a equivocarse–, no por este Gobierno, sino porque se han creado en Aragón las condiciones para que la gente pueda venir. Y ese fomento industrial nada tiene que ver con el Departamento de Industria. Por tanto, yo estoy satisfecho de ese trabajo. Se ha puesto en marcha el proyecto de Aramon, que es el primer grupo de nieve y montaña del país. También en esta etapa reciente, con participación muy intensa del Departamento de Industria.
Y ha venido la hora del relevo. ¿Por qué? Por muchas razones. Por la oportunidad que ha considerado uno de los socios del Gobierno. ¿Es razón suficiente? Para ustedes, no, ni puede serlo. Porque ustedes no deben coincidir con el Gobierno. Están en la oposición, y la oposición tiene como misión fundamental no coincidir con el Gobierno. Cuando yo he estado en la oposición, también me ha costado coincidir con el Gobierno, también me ha costado. Pero, bueno, eso está dentro del orden de las cosas. Pero hacer un grave problema en la comunidad autónoma de un relevo –de un relevo– en un departamento del que, si usted quiere los datos, yo le manifiesto que estoy muy satisfecho del trabajo que se hizo hasta el momento del relevo y que el relevo es una condición normal en la vida política y no hay más cera que la que arde... Pues esta es la situación. Esta es la única situación y la única explicación que yo debo darles. Un Gobierno de coalición; por tanto, las decisiones se toman entre los socios. Mire, señor Alcalde, de no entender ese principio que parece fundamental, de no entender ese principio, se han producido en otras etapas problemas importantes. Es decir, usted cree que me afecta cuando dice: ¿y quién lidera el Gobierno? Pues un Gobierno de coalición se lidera conjuntamente. De no entender eso han venido muchos problemas a esta comunidad autónoma. Y yo quiero entenderlo eso. Y no es una demostración de debilidad. Que el vicepresidente y presidente del partido coaligado me haga propuestas y las discutamos, y unas las aceptemos y otras las discutamos, pues esa es la dinámica que funciona en un Gobierno de coalición; no es otra. Otros no lo entendieron así, y por eso se produjo la anterior comparecencia ante esta Diputación Permanente de otro presidente en un momento delicado, difícil políticamente para esta comunidad autónoma.
Pero, señor Alcalde, hemos aprobado los presupuestos. Hemos acordado con el Gobierno central, en momentos de dificultad y de confrontación, la financiación autonómica con incrementos notables, muy notables, que ha aceptado la inmensa mayoría de sus señorías. Hemos asumido con normalidad y con incrementos notables sobre la propuesta del Ministerio de Hacienda la sanidad. Hemos asumido trabajo. Hemos desarrollado proyectos muy importantes en esta etapa. Y hemos cumplido con nuestra obligación, que es la de defender los intereses generales de Aragón frente a uno de los problemas más graves que tenemos –del que no voy a hablar hoy–, que es el problema del trasvase del Ebro.
Yo estoy muy satisfecho del trabajo de este Gobierno; también del trabajo que hizo todos los días que estuvo colaborando con nosotros el consejero de Industria, el señor José Porta. Por tanto, estoy muy satisfecho de su trabajo hasta el último momento. No hay razones ocultas –absolutamente ninguna–, sino la normalidad del funcionamiento democrático de un Gobierno de coalición, donde los dos socios deben ser oídos y el Gobierno debe funcionar –como funciona– con lealtad, con eficacia y con políticas constructivas.
Muchas gracias. [Aplausos desde los escaños del Grupo Socialista.]
El señor PRESIDENTE: Gracias, señor presidente.
Turno de los grupos parlamentarios. Izquierda Unida (Grupo Mixto). Señor Lacasa, tiene la palabra.
El señor diputado LACASA VIDAL: Muchas gracias, señor presidente.
Señor Iglesias, écheme a mí la culpa –ya sabe cómo es la canción–, écheme a mí la culpa porque, sin duda, usted comparece en esta cámara, fundamentalmente –por qué no decirlo–, por la decantación en la Junta de Portavoces de la posición de Izquierda Unida. Y ¿sabe por qué? –y yo creo que será sencillo que usted lo entienda–: usted comparece en esta cámara para explicar lo que debería estar explicando, aunque luego me adentraré en las razones del fondo, por los mismos motivos por los que el señor Caldera y el señor Alcaraz firmaron los dos en el Congreso de los Diputados, hace escasas fechas, la solicitud de comparecencia del señor Aznar para explicar la remodelación del Gobierno. Por la misma razón, por esa misma razón: por esa normalidad democrática a la que usted apelaba anteriormente y por esas esperanzas que siempre tenemos quienes estamos en la oposición constructiva de escuchar razones de los Gobiernos. Y creo que, en ese sentido, todos entenderemos el sentido del cometido parlamentario que estamos desarrollando con normalidad esta mañana en las Cortes de Aragón. Porque, es verdad, quizá ha costado tiempo entenderlo, pero creo que todos nos hemos convencido perfectamente de que el fondo y la forma están indisolublemente unidos; es decir, en una democracia parlamentaria es verdaderamente difícil diferenciar el fondo de la forma y la forma del fondo.
Por lo tanto, es muy importante que los Gobiernos comparezcan y den explicaciones cuando acometen un proceso de crisis política, porque un cese de un consejero –o no digamos de ocho ministros, que, evidentemente, comparto su razonamiento– es una crisis política de importante magnitud y, por lo tanto, debe ser explicada en el lugar de donde emana, precisamente, esa legitimidad democrática que ostentan el Gobierno y el presidente que nombra y separa libremente a sus consejeros: que, por cierto, es usted, a quien yo voté en la sesión de investidura, y, por lo tanto, me considero legitimado para decirle: venga usted aquí, explíquenos cuáles son los motivos y hable a los ciudadanos aragoneses. Ésa es la razón. No creo que tengamos nada extraño ni nos debamos llamar a ninguna explicación extraordinaria, sino, simplemente, a esa normalidad democrática, para saber cómo suceden las cosas.
Porque yo sí estoy reconfortado, señor Iglesias, porque usted hoy haya subido a esta tribuna, frente a especulaciones periodísticas en los últimos días que decían que no subiría usted, sino que subiría el señor Biel; frente a una espantada parlamentaria –seguramente fruto de malentendidos que usted hoy ha explicado en la tribuna; creo que era importante y creo que las buenas formas también se justifican desde ese punto de vista– que no fue bien entendida por parte de los ciudadanos –entiendo yo; por lo menos, así lo entiendo– y no la entendimos otros grupos parlamentarios.
Era bueno que hoy usted explicara, dijera por qué firma usted un cese. Porque yo sí comparto con usted una cuestión –y creo que, además, es muy importante en Aragón–, que es defender la cultura de la coalición y la cultura de los acuerdos políticos en una cámara, evidentemente, en la cual no es previsible que vaya a haber, ni en esta legislatura ni en las anteriores, pero tampoco en las futuras... Vamos a ver otras coaliciones de gobierno. Ojalá, desde mi punto de vista, las coaliciones de gobierno que vengan sean coaliciones en la izquierda, y lo digo con toda claridad. Esa es la posición política de Izquierda Unida. Ojalá las próximas coaliciones, aquí y en otras instituciones, sean en el ámbito de la izquierda. Creo que sería bueno para nuestra comunidad autónoma.
Por lo tanto, sí defiendo la cultura de la coalición. Ahora bien, señor Iglesias –y aquí ya empiezo a entrar en el fondo de la cuestión–, una cosa es la cultura de la coalición, y la coalición, indisolublemente, se encuentra reflejada en el programa, en el programa y en la actuación del Gobierno de todos los días. Es la única base y fundamento, lo único que los ciudadanos pueden entender en la cultura de la coalición: fuerzas políticas se ponen de acuerdo para hacer programas, para hacer cosas y para explicarlas con claridad a los ciudadanos.
Los ciudadanos no entienden un Gobierno de coalición como una suma de compartimentos estancos; como: «No te metas en lo mío, que yo no me meteré en lo tuyo; tú actúa como quieras, que yo haré en lo mío lo que me dé la gana». Eso no es un Gobierno de coalición: eso son compartimentos estancos y vasos incomunicados en un Gobierno. Por lo tanto, el problema, la sensación, la preocupación que muchos tenemos es que en este Gobierno se aprecian rasgos –no digo cien por cien, pero se aprecian rasgos– de vasos incomunicados, se aprecian rasgos de compartimentos estancos, se aprecian rasgos de políticas contradictorias y se aprecian cada vez más, a medida que se acerca el final de la legislatura y el socio minoritario del Gobierno afirma sus señas de identidad, incoherencias en la acción del Gobierno.
Este es el problema. Y aquí sí puede tener importancia política la explicación de la crisis parcial de Gobierno que usted ha acometido cesando al señor Porta, porque –y usted lo ha explicado con claridad– usted cesa al señor Porta sin dar ninguna razón política y usted, además, pues no entra ni sale en ese cese; es que se lo pide su socio de Gobierno, pero no hay ninguna otra razón política de fondo. Y eso, claro –dice usted–, a la oposición no le puede satisfacer. No solo es que no satisfaga a la oposición: el problema es que no satisface las normales expectativas de los ciudadanos, que querrían saber por qué se producen los cambios políticos, querrían saberlo.
Porque no es muy normal, señor Iglesias, que venga el sucesor en el cargo, el señor Aliaga, por el cual creo que todos los grupos hemos expresado el respeto que nos merece su persona y la confianza en su valía personal y funcionarial, y le hagan una entrevista, señor Iglesias, en la que le pregunten: «¿Se ganó Porta su cese y ahora le toca a usted arreglar la casa?»; y responda el señor Aliaga: «No puedo juzgar esto, sería injusto. En cuanto a su gestión, yo no critico. No es mi forma de ser. La prensa y la sociedad serán las que lo juzguen». Y le preguntan: «Walqa, PEREA, CEEI, las dudas sobre la “Operación ratón”… ¿Algo que decir?» «Para ser sincero [dice el señor Aliaga], debo decir que todavía no puedo contestar. Estoy analizando.»
Bueno, la verdad es que no parece una defensa muy ardorosa de la tarea de su antecesor en el cargo. ¡Vamos, me parece a mí! Me parece a mí que al señor Aliaga la verdad es que en esto sí creo que le han faltado las formas, salvo que el Gobierno hubiera explicado que es que han cesado al señor Porta por discrepancias fuertes en su gestión de Gobierno. Pero, hombre, que el sucesor –porque yo intento profundizar en cuáles son las razones– venga y diga: «Hombre, yo, en estos temas, la verdad es que lo voy a tener que mirar un poquito, porque, en fin...». Claro, él no tiene que mirar nada, porque unas líneas antes habla de PLAZA, y dice: «PLAZA, sí; PLAZA, a tope. ¿Dinópolis? Adelante». Pero en los otros temas (Walqa, PEREA, CEEI, no sé qué, la «Operación ratón»): «Bueno, lo estamos mirando...» ¿El señor Porta? «No voy a hablar del señor Porta; la prensa lo juzgará.» Hombre, no son, parece, unos motivos de un entusiasmo desbordante y desaforado por parte del sucesor en el cargo.
La opinión pública es madura y quiere explicaciones sensatas, razonables y transparentes. ¿Por qué? Porque que salga el señor Biel en una comparecencia después de un Consejo de Gobierno en vez del –en vez del– presidente de Gobierno, en la cual hablaba con la autoridad y casi la legitimidad del presidente del Gobierno, diciendo: «Yo he cesado al señor Porta porque he perdido la confianza en él», por razones que parecían razones orgánicas y partidistas, eso, la opinión pública no lo entiende ni lo puede compartir.
Señor Iglesias, el cese de Porta, sin duda, se inscribe en una crisis de Gobierno, pero no es el cierre de la crisis de Gobierno: esa es la percepción que desde Izquierda Unida tenemos. Lo veremos con más detenimiento; yo le animo a esta reflexión. Tenemos todo el verano para preparar –en septiembre, cuando sea– el debate sobre el estado de la comunidad autónoma. Será un buen momento político para reflexionar sobre lo que ha pasado desde hace un año hasta aquí y para analizar y enfocar la última fase de este Gobierno y de la actuación parlamentaria de esta cámara. Yo creo que hay que reflexionar sobre muchas cosas.
En nuestra opinión –se lo decimos sinceramente– hay, efectivamente, una crisis de gobierno, que parcialmente –es verdad– afectaba al Departamento de Industria, Comercio y Desarrollo. Un departamento que ha tenido aciertos, y así lo tenemos que reconocer –ha tenido cosas positivas, porque, si no, seríamos totalmente injustos–; ha tenido –y especialmente en Huesca estoy convencido de que así lo reconocen– aciertos como el parque tecnológico de Huesca. Creo que es una reclamación que hicimos durante muchísimo tiempo; incorporarnos a la senda de los parques tecnológicos era un elemento estratégico fundamental. Pero es cierto que ha sido un departamento que ha tenido carencias, enormes carencias. Se han revelado estos días en los medios de comunicación por parte de los sindicatos, de los informadores, por parte de la opinión pública y publicada. ¿El Plan Miner? Pues, bueno, en el Plan Miner es evidente la falta de impulso político que hay y es evidente la necesidad –me gustaría que estuviera aquí el señor Aliaga para escuchar estas argumentaciones; las escuchará de todas maneras–, porque el Plan Miner tiene que crecer y tiene que pasar a desarrollarse en aspectos estructurales. Necesitamos, por ejemplo, esos proyectos de agua para las comarcas mineras. No se pueden asentar proyectos industriales porque nos faltan obras hidráulicas en esa zona para asentar proyectos.
Nos falta resolver los problemas de comunicaciones en el medio rural, la telefonía, el acceso a una telefonía moderna, y en el Pirineo tenemos un problema grandísimo con la transmisión de datos –eso lo sabemos–. Por lo tanto, ahí ya ha fallado, no hemos sido capaces todavía de poner en marcha un proceso para que lleguen las nuevas tecnologías al medio rural.
En comercio tenemos patatas calientes de notable dimensión: resolver el tema de Utrillas y, evidentemente, tomar una posición con el tema de Puerto Venecia, que nosotros tenemos claro qué tipo de proyecto es, pero nos gustaría ver y el consejero tendrá que explicarse sobre qué opina en torno a esa nueva ciudad del ocio y de las compras mezclada fuera del cuarto cinturón de la ciudad de Zaragoza y las afecciones que eso puede tener sobre el comercio de proximidad. Pues sobre todo eso habrá que hablar, y es una evidente situación de incertidumbre.
Ha habido un gran fracaso en la política energética en materia de energías renovables, indiscutiblemente. Se tuvo que retirar –recuérdenlo ustedes–, esta cámara vio cómo se retiraba la iniciativa legislativa popular de energías renovables y de ahorro energético; luego ahí hay un agujero y una carencia estructural en esa materia y en esa política en nuestra comunidad autónoma. Por tanto, ahí tenemos mucho que recuperar.
Hay que diversificar el sector industrial, y ahí hay propuestas que todavía no han arrancado. Recuerdo la propuesta de Comisiones Obreras sobre la Mesa del automóvil como elemento que articule el sector del automóvil y lo haga menos dependiente de una única empresa como es Opel y busque una diversificación.
Es decir, que hay muchas cosas que dejó sin abordar, que dejó sin resolver el señor Porta y que, efectivamente, justificaban una crítica, al menos, a unas partes importantes de su gestión.
Pero, señor Iglesias, no es eso lo único ni era –desde el punto de vista de Izquierda Unida– lo más importante que funcionaba mal en su Gobierno. No era ni lo único ni lo más importante, y usted sabe que hay aspectos muy, muy delicados; que tenemos tiempo –porque, en política, todavía hay tiempo– y tenemos la necesidad de buscar espacios de encuentro para que esas cosas salgan adelante, porque deberíamos ser capaces de aprovechar lo que nos queda de legislatura. Y hay, fundamentalmente, problemas, problemas serios en algunos departamentos y líneas de trabajo de su Gobierno, y usted lo sabe. Sabe que tenemos discrepancias notables, no con Izquierda Unida solo, sino en general, en el ámbito educativo y sabe que hay problemas también muy importantes en el ámbito medioambiental. Luego son pistas y pinceladas que yo le dejo apuntadas de lo que deberemos discutir en el marco de un debate sobre el estado de la comunidad autónoma.
El señor PRESIDENTE: Vaya concluyendo, señor diputado.
El señor diputado LACASA VIDAL: Concluyo, señor presidente.
Pero creo que hoy era importante que usted compareciera, y esa primera parte se ha conseguido: el éxito relativo de que usted comparezca y explique, al menos formalmente, las razones de una crisis. Pero creo que la opinión pública aragonesa no se da por satisfecha porque un gobernante, que legalmente puede hacerlo, legalmente puede nombrar y separar libremente a sus consejeros, simplemente dé ese argumento y esa explicación. Hoy, una sociedad pública madura requiere que se lo expliquen con la madurez y con la sensatez que esas cosas deben conllevar. Yo creo que la opinión pública aragonesa quiere saber realmente cuáles han sido los motivos políticos que han llevado a un Gobierno de coalición que usted preside a cesar en estos momentos al consejero de Industria, Comercio y Desarrollo. De lo contrario, seguirá entendiendo la opinión pública que los gobernantes se sitúan en un plano y la ciudadanía en otro.
Muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Gracias, señor diputado.
Por el Grupo Parlamentario de Chunta Aragonesista, el señor Yuste tiene la palabra.
El señor diputado YUSTE CABELLO: Señor presidente.
Señorías.
Señor presidente, me alegra mucho la normalidad democrática de este debate. Ya ve usted, señor presidente, que, como ha dicho el presidente del grupo solicitante de esta comparecencia, si usted tuviera mayoría absoluta, podría hacer lo que le diera la gana y no tener que dar explicaciones a nadie, como si la mayoría absoluta fuera un cheque en blanco, como si fuera una patente de corso que permitiera al gobernante no respetar las leyes o no respetar las reglas mínimas democráticas, ¿no? De verdad, así se entienden algunas cosas o algunas actitudes de algún partido.
No cometa usted esos mismos errores, señor presidente. A nosotros nos alegra que hoy usted comparezca y que no delegue en nadie; nos alegra que dé la cara, porque, aunque, efectivamente, se trata de un Gobierno de coalición y la decisión depende de un partido que no es el suyo, usted es el presidente del Gobierno de Aragón, usted nombra y cesa a los consejeros; por tanto, es usted quien debe dar explicaciones ante las Cortes y ante el conjunto de la sociedad aragonesa.
Y en ese sentido debo preguntarle: si estaban ustedes tan contentos, tan satisfechos con la gestión del señor Porta Monedero, ¿no le extrañó que el señor vicepresidente le propusiera sustituirlo, no le extrañó?; ¿no le preguntó los motivos de la crisis? ¿Cuáles son las razones que le dio el vicepresidente para explicarle la justificación de la sustitución del consejero de Industria, Comercio y Desarrollo? Yo creo que ese es el motivo de la comparecencia de hoy.
Usted ha venido a decir antes que ningún presidente dice lo que no se puede decir –algo así ha dicho en su segunda intervención–. Bueno, nos gustaría saber qué es lo que no se puede contar del cese del señor Porta. [Rumores.] No lo dirá; pero nos gustaría saberlo, evidentemente.
Le adelanto que el cese de este consejero ha satisfecho una petición que Chunta Aragonesista había formulado hace bastante tiempo, y no comprendemos que otros grupos parlamentarios se alegren del cese o se apunten a hablar de las razones que desgastaron la gestión de este consejero y justificaron su cese cuando, precisamente, ellos mismos tuvieron en su mano la reprobación de este consejero hace unas semanas y le salvaron con una abstención tibia, por no decir cobarde.
Nosotros pedimos su dimisión en el mes de noviembre; presentamos una moción de reprobación en junio, y, por supuesto, nos alegramos del cese del señor Porta. En nuestra opinión, sobran las razones para el cambio. Eran ya demasiadas las zonas de sombra que pesaban sobre la gestión de este departamento, y han venido, además, debatiéndose en estas Cortes a lo largo de los tres años: el contrato leonino del centro Walqa, que pone cuantiosos recursos públicos a disposición de una única empresa privada, dejándola en posición ventajosa frente al resto de empresas aragonesas de Internet; las innumerables irregularidades en la ordenación minera, especialmente las relativas a minería del alabastro, que han motivado varios debates en esta cámara; la falta de contundencia ante Madrid y de agilidad en la gestión del Plan de la minería del carbón y del desarrollo alternativo de las comarcas mineras; la ausencia de iniciativas de transformación del alabastro y de las arcillas en Aragón para que el valor añadido se quede en nuestras comarcas; los incesantes titubeos en el proyecto estrella de la fibra óptica con Endesa, recientemente reconvertido en un proyecto de banda ancha con Telefónica –aunque la verdad es que tampoco sabemos si va a ser este el definitivo–; el reparto clientelista de las ayudas del Plan de infraestructuras industriales de Aragón, desproporcionadamente sesgado en favor de los ayuntamientos con alcaldía del PAR; el menosprecio sufrido por la iniciativa legislativa popular en favor de las energías renovables y del ahorro energético, cuyos promotores se vieron obligados a retirarla ante el vaciado que se había venido auspiciando por parte del Departamento de Industria; la falta de transparencia habitual del Departamento de Industria ante las Cortes de Aragón, incumpliendo sistemáticamente el plazo de veinte días que prevé el Reglamento de las Cortes para entregar información y documentación solicitada por los diputados –y recuerdo que hace siete meses, ¡siete meses!, Chunta Aragonesista requirió documentación precisamente sobre el convenio entre la DGA y Telefónica sobre la extensión de la banda ancha y sobre la participación de esta empresa en el parque tecnológico de Huesca, y todavía no se nos ha respondido sin ninguna justificación–; la pasividad ante las graves denuncias formuladas por los trabajadores de una empresa pública que el consejero de Industria, Comercio y Desarrollo presidía; la falta de una auténtica política industrial en el Gobierno de Aragón, según han venido coincidiendo las organizaciones sindicales a lo largo de estos tres últimos años; y la gota que a nuestro juicio ha colmado el vaso, la regulación de la evacuación de las energías de régimen especial, donde el consejero favoreció descaradamente intereses empresariales propios y de su familia.
No nos extraña, por tanto, el cese –sobran las razones para ello–: lo que nos extraña es el retraso. ¿Por qué no se aprovechó la crisis del verano pasado –con el recambio en Educación– para reforzar también el Departamento de Industria con la entrada de un nuevo consejero? ¿Por qué se ha perdido un año? ¿Por qué no fue cesado el señor Porta, por ejemplo, en noviembre o diciembre al conocerse su participación irregular en el PEREA? ¿Por qué se han perdido siete meses? Lo que sorprende es el cambio a diez meses de las elecciones, cuando el sucesor apenas tendrá tiempo de corregir algunos errores; tendrá tiempo apenas de corregir algunos errores, pero no, evidentemente, de relanzar el departamento. Y ¿por qué solo en Industria, cuando existen otros departamentos bajo mínimos que merecerían también cambios, como le recordó nuestro portavoz en la pregunta que le formuló en el último Pleno de junio? Salvo que nos dé una razón convincente, estoy convencido por mi parte de que el relevo del señor Porta se debe a una operación defensiva de la coalición PSOE-PAR que pretende que no salten nuevos escándalos en Industria en los meses que quedan hasta las elecciones. Así de simple. Si Porta fuera un buen consejero, si estuvieran tan satisfechos de su gestión, no lo habrían cesado, aunque se hubiera enfrentado, por ejemplo, al presidente del PAR; aunque hubiera pasado eso –que yo no sé si ha ocurrido eso–, seguro que no lo hubieran cesado si fuera un buen consejero. Fuentes gubernamentales en la prensa han argumentado que el vicepresidente había perdido la confianza en Porta; que el departamento estaba estancado; que el balance era muy negativo, con muchos desaciertos, con muchos enfrentamientos con importantes sectores empresariales; que su trabajo anodino no favorecía los intereses electorales del PAR. ¿Qué hay de verdad en eso? ¿Es verdad lo que han venido diciendo esas fuentes gubernamentales a la prensa? Su sucesor, Aliaga, efectivamente, ha expuesto algunas claves. Sobre Walqa, el PEREA y la «Operación ratón» dice que no puede opinar porque aún tiene que analizarlos para tener su propio criterio. Es un silencio muy significativo, muy interesante.
«Que la prensa y la sociedad juzguen a Porta», concluye la entrevista que le hacen al señor Aliaga. Y en otra entrevista dice que él va a asumir personalmente la gestión del Plan de la minería (es decir, que su antecesor no la asumió personalmente –ya se nota–); que iba a ser tajante con los promotores del PEREA para que no se perdiera más tiempo (es decir, que nuestras denuncias de que Aragón podía perder cuota de conexión si se seguía así están siendo confirmadas por el consejero nuevo); que no hay que apostar únicamente por las nuevas tecnologías y que hay que crear cultura industrial en todo el territorio –dice el señor Aliaga–, y concluye diciendo: «Quiero dejar el departamento en alto y subir una consejería donde había mucha desmotivación». Más claro, agua. El señor Aliaga dice que ha entrado a sustituir a Porta porque había mucha desmotivación en el Departamento de Industria.
Otras fuentes –y voy concluyendo– sitúan la crisis en la discrepancia del señor Porta Monedero con respecto al holding de la nieve, y en concreto en su política de colaboración con las dos empresas privadas que no han querido entrar en el holding impulsado por el Gobierno de Aragón. Aliaga ha dicho al respecto que actuará de forma diferente a su antecesor y que la política del Gobierno de Aragón en cuanto a la nieve se realizará a través del holding, que supongo que para eso lo han creado ustedes.
Por lo tanto, sobran las razones desde nuestro punto de vista y desde el punto de vista de la sociedad civil; incluso a usted se le ha escapado decir que hay muchas razones para el cese. Pero ahora queremos saber sinceramente qué razones. ¿Qué razones pesaron en usted cuando tomó la decisión, cuando firmó el decreto de cese? Por otra parte, nos gustaría saber –y concluyo ya con esto– si el nuevo consejero tiene manos libres para hacer los nombramientos, para emprender los cambios y para revisar las decisiones más polémicas de su antecesor. ¿Tiene manos libres, sinceramente? ¿Qué resulta menos conveniente electoralmente para la coalición PSOE-PAR –y entiéndanme bien la pregunta–: reconocer los errores y corregirlos o defender la gestión del consejero anterior y no menear nada para evitar que puedan surgir nuevos escándalos?
Señor presidente, yo le aconsejo: encomiende al nuevo consejero que revise las decisiones más polémicas de su antecesor y, sobre todo, que recupere la transparencia del Departamento de Industria, Comercio y Desarrollo hacia estas Cortes.
Muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Gracias, señor diputado.
Por el Grupo del Partido Aragonés, la señora Blasco tiene la palabra.
La señora diputada BLASCO NOGUÉS: Gracias, presidente.
Señor presidente del Gobierno, gracias por su presencia en esta Diputación Permanente.
En principio quisiera resaltar que nuestro grupo se abstuvo en la Junta de Portavoces en la cual se decidió esta Diputación Permanente, y en principio nuestra abstención fue porque realmente creemos que no se cumple el artículo 70.3, que era la urgencia del tema que hoy debatimos. Hoy, claramente, el portavoz del Partido Popular, que es el grupo que lo solicitó, lo ha dicho: era una cosa normal; luego, si entra dentro de la normalidad, está claro que el carácter de urgencia no debe de existir.
De todas maneras, estamos aquí porque la solicitud la realizó el Partido Popular y fue respaldada por el equipo de la oposición, es decir, Izquierda Unida, Chunta Aragonesista y Partido Popular; y fue precisamente este partido quien solicitó que compareciera el presidente del Gobierno para informar sobre las circunstancias que han motivado el cese del consejero de Industria, Comercio y Desarrollo. Por la intervención también del portavoz del Partido Popular, parece que este realmente no ha sido el motivo, sino que esta iniciativa fue presentada por otros motivos, legítimos, pero que realmente no han sido por lo que realmente estamos aquí hoy reunidos en esta Diputación.
Señorías, formalmente ya conocemos que el parlamento es la casa de la oposición; esto lo dice reiteradamente nuestro amigo y portavoz señor Pina, y es verdad que entre las funciones a desarrollar en esta cámara no solamente está la legislativa, sino también el control que debe realizar la oposición al Gobierno. Quisiera recordar también que en el título octavo de la Constitución se dice que, en sí, los Gobiernos autonómicos no son meros gestores, sino que tienen una autonomía política, son centros de decisión política, y el Gobierno autónomo no solo debe ejecutar y aplicar, sino también debe decidir libremente, y también tiene como funciones –y ya se ha dicho aquí– remodelar los Gobiernos. Unos lo llaman crisis, otros decimos remodelaciones; unos los llaman ceses, otros dicen dimisiones.
Existen dos partidos en el Gobierno –eso ya lo sabemos–, dos partidos diferentes, dos partidos que firmamos un pacto de gobierno que se está cumpliendo, un pacto de gobierno que también está basado en el respeto a las decisiones de cada partido. Y aquí debo ratificar lo que ha dicho el presidente: la decisión del cese del señor Porta, de nuestro compañero y amigo José Porta, fue una decisión del Partido Aragonés; posteriormente, el presidente lo cesó, al igual que nombró a Arturo Aliaga.
No ha venido, pues, el presidente del Partido Aragonés, sino que ha venido el presidente del Gobierno de Aragón, el presidente del Gobierno de coalición, y me alegro de que haya venido el señor Marcelino Iglesias precisamente porque esa frase de que el Gobierno es bicéfalo, etcétera... Está claro que desde el Partido Aragonés creemos que este Gobierno tiene solo un presidente que es el presidente de Aragón, como ya lo hemos dicho en esta tribuna muchas veces.
No vamos a caer, pues, en la trampa de que tenía que haber venido el presidente del Partido Aragonés y vicepresidente del Gobierno. Creemos que la figura del presidente del Gobierno no solamente coordina y dirige a un equipo, que son los consejeros, sino también tiene que nombrar y cesar a los consejeros. Porque también hay que decir que en los momentos fáciles es muy fácil –y reitero–, es muy fácil ser presidente de Gobierno, pero realmente los ceses de los consejeros son de los momentos creo que más difíciles que debe vivir un presidente. Porque a nadie se le escapa que un poco de sentimiento, ¿verdad?, deben de sentir el presidente, el mismo Gobierno y debo decir que los partidos cuando cesamos a un compañero, cesamos a un amigo, porque los partidos políticos están formados de personas que tenemos sentimientos, y a todos nos afecta. Pero la política es así: hay días difíciles y hay días que también pueden ser peores.
Señorías, estamos en la institución política por excelencia, en el parlamento, y los diputados y las diputadas que estamos aquí se entiende que algo de política debemos de saber o, por lo menos, debemos de intuir. Por ello, podemos hacer muchas lecturas de este cese, porque, ceses, ha habido en todos los Gobiernos o en casi todos los Gobiernos autonómicos; incluso, de otra forma, también la misma oposición, la oposición aquí, en otras instituciones también ha cesado, y no ha pasado nada –ya se ha dicho: es una cuestión normal–. Aquí me gustaría recordar, por ejemplo, cómo Chunta Aragonesista hizo dimitir a un concejal del Ayuntamiento de Zaragoza porque podía –podía– incurrir en incompatibilidades, no sé si probadas o no, pero que sí le hicieron dimitir. Esto es muy típico de Chunta Aragonesista: crea la fama, y luego, todos tan tranquilos; pero la fama ya está creada. También, por ejemplo, Izquierda Unida: no ha logrado hacer dimitir a los cargos políticos que puso en su momento; han preferido marcharse del partido antes que dimitir, pero también podría ser una cosa normal que Izquierda Unida –y es normal– solicite la dimisión o el cese. Y también hay que recordar, como ya se ha dicho aquí por el portavoz del Partido Popular, que, en la anterior legislatura, el superconsejero, que era el señor Zapatero, dimitió; y es verdad, vino aquí el presidente Lanzuela a explicar la dimisión, pero yo creo que fue más por las razones por las cuales dimitía y por adónde se iba, porque hay que recordar que era consejero de Economía, Hacienda, Industria, Comercio y todas esas cosas, un superdepartamento –contrario a esa política de descentralizar, Lanzuela centralizó y creó ese superdepartamento–, y el señor Zapatero se fue a una organización como la CREA, y precisamente fue ese el motivo por el cual el señor Lanzuela vino aquí a explicar.
Con ello quiero decir que entra dentro de la normalidad, como se está exponiendo aquí continuamente. Y también a nivel estatal, ya se ha dicho. El señor Aznar acaba de cambiar a ocho ministros, y que yo sepa nadie ha solicitado que comparezca. Él ha aprovechado el estado de la nación precisamente para explicar. También el señor Iglesias podría haber utilizado el próximo estado de la comunidad para explicar o para razonar el cambio del Departamento de Industria. Pero hoy estamos aquí. Se dijo que esto era muy urgente para la oposición, y vamos a decir que desde el PAR, desde luego, creemos que es una cosa normal –ratifico– lo que pide la oposición –la radical vocación de la oposición es estar en la oposición–. Creemos que el Partido Popular no debería haber solicitado esta comparecencia, y lo creemos no solamente porque se supone –por lo menos, a nivel nacional– que pueden ser alternativa, y en estas cuestiones de oposición pura, rabiosa y radical creemos que el Partido Popular – lo digo desde el PAR– no debía haber caído en esta tentación.
Porque hay que decir también que hace unos años hubo una dimisión o un cese –una dimisión voluntaria, un cese obligatorio; ya digo que, depende de quién lo diga, las palabras «cese» y «dimisión» son lo mismo–, y el anterior portavoz del Partido Popular, señor Gimeno, decía el 1 de octubre del noventa y siete: «¿Cómo la Mesa de la cámara puede aceptar tratar este tema [que era un cese] cuando son de libre discrecionalidad del consejero y del Gobierno los nombramientos de los cargos? ¿Qué pretende la oposición? Sacar punta». Y, además, seguía: «¿Se han solicitado o se solicitaron en el Congreso o en el Senado comparecencias cuando cesan a un ministro, a un director general, a un subsecretario?». Claro, realmente, se ve la incoherencia de cuando se está en el Gobierno, en aquel momento, con cuarenta y un diputados, y cuando ahora se está en la oposición. Pero vuelvo a decir: el Partido Popular no debe caer –desde el Partido Aragonés lo decimos–, no puede caer en esta tentación de la radical oposición. Nosotros lo decíamos entonces y lo decimos ahora: es función del presidente del Gobierno nombrar y cesar, y, al igual que el presidente de Aragón, también lo ha hecho el presidente del Estado. Y, para nosotros, aunque el ámbito territorial es diferente, las mismas funciones, la misma legitimidad, la misma razón básica de Constitución, de Estatuto, de Reglamento, de funciones, el presidente de Aragón como el presidente del Estado.
Señor presidente, antes de terminar me gustaría recordar la labor intensa e importante que ha desarrollado hasta ahora el consejero don José Porta. Ha llevado a cabo puntos de gestión importante –ya se ha dicho aquí– tanto en Huesca y en Teruel como en Zaragoza. Para el PAR ha sido fundamental su gestión, no solamente porque ha cumplido el pacto de gobierno, sino porque también ha cumplido el programa del PAR. Sabemos, pues, que queda mucho por hacer en el departamento y sabemos que el nuevo consejero, Arturo Aliaga, así lo va a hacer, como así lo ha ratificado en sus declaraciones.
Sepan, además, que hay otras lecturas en este cese y hay muchas lecturas: depende de quién lo lea o de quién quiera hacer esa reflexión de lo que es un cese. En el PAR creemos que políticamente es el momento oportuno por muchas cuestiones y que a nadie en esta cámara se le deberían escapar –y yo, desde luego, a nadie de esta cámara se las voy a recordar–. Pero solamente tienen que leer los últimos meses las hemerotecas, las iniciativas, y cuenten cómo estábamos hace unos meses y qué realidad tenemos ahora; no lo voy a decir. Nuestro compañero Javier Alvo, que, como bien saben, también fue cesado por Hipólito Gómez de las Roces para que entrara nuestro compañero Urbieta en el Departamento de Agricultura, decía que en política, como en la caza, a las palomas se les dispara cuando pasan. Por ello creemos que la oportunidad política, el momento oportuno ha sido realmente este. Repito que ha sido un cese de oportunidad política, como se lo dije también a mi amigo y compañero –repito– José Porta cuando hable con él para mandarle un abrazo de todo el grupo parlamentario. Desde el PAR creemos que las circunstancias del cese del consejero Porta son las mismas o parecidas a las que han movido al señor Aznar a hacer su remodelación del Gobierno, que dijo: «La remodelación del Gobierno es una de las facultades que corresponden al presidente del Gobierno, y en uso de sus facultades hace los cambios o las remodelaciones del Gobierno que le parecen oportunas». Pues eso es lo que se ha hecho. Y es que, señorías, la política cada día es más difícil; conforme nos vamos acercando a las elecciones esto se irá calentando.
Y desde el Partido Aragonés quiero ratificar lo que he dicho: esta iniciativa, que con toda legitimidad fue presentada por el Partido Popular, por múltiples razones, no deberían haberla hecho ustedes. Entendemos que Chunta Aragonesista lo haga, entendemos también que Izquierda Unida lo haga; pero ustedes no deberían. ¿Lo entendemos o no lo entendemos?
Gracias, presidente.
El señor PRESIDENTE: Gracias, señora diputada.
Por el Grupo Socialista, el señor Pina tiene la palabra.
El señor diputado PINA CUENCA: Gracias, señor presidente.
¿Tiene su señoría la sensación de que estamos haciendo, produciendo un debate urgente, crucial, imprescindible para los grandes intereses de la gran mayoría de los aragoneses? Yo, escuchando al señor Alcalde en su intervención, miraba al atril y tenía la impresión de que estaba leyendo el libelo este llamado «Aragón Popular», que circula estos días con tanta profusión. Sinceramente, no entendía nada de su argumentación. Pero no tiene demasiada importancia que el portavoz del principal partido que sustenta al Gobierno no entienda nada de eso, ¿verdad? Creo que, como suspendió el curso en junio y montó el estrambote, el numerito de la saga y fuga y no le salió bien, ahora ha pedido una convocatoria, un examen extraordinario en plena canícula veraniega, y yo creo que tampoco le va bien esto, no le va bien. Pero no haré como usted. Como «enemigo que yerra, mejor no distraerlo», pues yo no digo nada, porque, cuando le escucho sus admoniciones sobre la gran tragedia que vamos a infligir con este desgobierno, esta mala actuación, yo me pregunto humildemente: pero ¿de verdad se creerá que esto es así? Porque, si fuese así o parecido, jamás le diría nada: que sigan hasta que la percepción de los aragoneses me den mayoría, no absoluta: superabsoluta. ¿Cómo distraer con esos juicios tan apocalípticos al adversario que se está equivocando? Yo no lo entiendo.
Como se ha dicho y ha respondido el presidente lo que tenía que responder, reconozco humildemente que mi aportación a este debate es bastante limitada, y, además, porque lo hago convencido de que no es urgente, de que esto lo podríamos haber hablado en septiembre o en noviembre o en el estado de la comunidad... En fin, no creo que vayamos a aportar nada nuevo. Yo creo que debo responder a una cuestión que plantea el señor Alcalde recurrentemente, a falta de argumentos sólidos. Habla de la normalidad política. Parece como si el sanedrín del Partido Popular, reunido en cónclave extraordinario (es decir, el señor alcalde de Calatayud, que es secretario general del partido, el señor presidente y unos cuantos notables más), hubiera decidido que en Aragón no hay normalidad política. Lo han decidido y lo pregonan siempre, recurrentemente: no hay normalidad política. Yo creo que es una coalición que funciona razonablemente bien. No tenemos la suerte de ese número mágico de cuarenta y un diputados de que disfrutaba en su presidencia el señor Lanzuela, pero con un modesto treinta y tres –número mágico en esta cámara– vamos sorteando las dificultades, y yo creo que queda claro el proyecto político y que se va resolviendo con razonable oportunidad y eficacia hasta ahora. Pero ha decidido el Partido Popular, como argumento recurrente, que no hay normalidad política. Yo creo que hay una gran normalidad política en la acción de este Gobierno. La única anormalidad política contundente, penosa para Aragón, se la voy a decir cuál es: la única anormalidad política que hay es la posición que el Partido Popular de Aragón mantiene con los grandes temas aragoneses, especialmente el trasvase. No decirle a su admirado presidente del Gobierno de España que va a trasvasar –como decía un comentarista periodístico el otro día– la sequía... Tienen la osadía de hablarnos del acero helicoidal de dos coma tres metros de diámetro para transportar el agua sin evotranspiración; tienen esa osadía. Esa es la única anormalidad política de esta tierra: la gran servidumbre del Partido Popular en los asuntos trascendentes para esta tierra; eso es lo grave. Y eso es lo grave, que se lo tengamos que recordar recurrentemente, porque ustedes se empeñan en acuñar el término de «anormalidad». Esa sí que es una anormalidad política, personal; una servidumbre insostenible, que la acabarán pagando incluso personalmente. Porque, cuanto menos protestan y menos se esfuerzan en decirle al señor Aznar, al señor Matas y otros adláteres –y luego lo veremos, en la PAC, a este señor Cañete, que entiende que la PAC no perjudica a Aragón; luego ese será otro debate–... En vez de esforzarse en decirles algo, advertirles honradamente, honestamente –no se trata de que renieguen de su partido; yo pertenezco a un partido como el suyo, y entiendo muy bien la relación que hay que tener–, en vez de esforzarse en decirles: «¡Hombre!, pero no hagáis esta barbaridad, medid un poco las cosas, adelantemos las obras del Pacto del Agua. No nos digáis, no nos hagáis pasar la humillación, que la prisa no importa, que la prisa es hacer el trasvase; que la prisa es resolver los expedientes administrativos, hacer las obras del Pacto del Agua, solventar los problemas de infraestructuras»... Eso es lo que tenía que hacer el Partido Popular, y no predicar anormalidad política de esta manera, porque no tienen argumentos, para nada –es un Gobierno que está funcionando razonablemente bien–. Y lamento que nos convoquen a esta ceremonia veraniega, porque creo que se ha demostrado, evidentemente, que no hay argumentos.
En todo caso, menos mal que ha servido para una cosa. No dejo de apreciar un deje condescendiente, pero, cuando hacen ustedes profesión de fe democrática y reconocen las atribuciones del presidente de Aragón, quizá eso sea por lo que haya valido la pena este debate: porque admiten que el presidente de Aragón tiene competencias para cesar a un miembro del Gobierno con normalidad. La única anormalidad es la que ustedes ponen en la falta de defensa de los intereses de los aragoneses; pero, eso, los aragoneses juzgarán.
Gracias, señor presidente.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señor diputado.
¿El señor presidente quiere hacer uso de la palabra? Tiene la palabra.
El señor presidente del Gobierno de Aragón (IGLESIAS RICOU): Señor presidente.
Señorías.
Para agradecer la posición a los grupos que comparten los argumentos que he defendido aquí, al Grupo del Partido Socialista y al Grupo del Partido Aragonés; agradecerles su posición, su apoyo y su comprensión, y agradecer también la posición o la explicación o la demanda de explicación del resto de los grupos, que tienen más reticencias o menos reticencias a entender lo que es un cambio normal dentro de un proceso normal en un Gobierno de coalición.
El señor Lacasa hacía referencia a un debate que tendremos más en profundidad, sin duda, en el debate del estado de la comunidad autónoma cuando iniciemos el próximo período de sesiones. Bien, ahí tendremos un punto de referencia importante para analizar lo que ha sido esta legislatura, que creo que ha sido una legislatura positiva; digo «positiva» porque esta legislatura positiva tiene mucho que ver también con la actitud que mantuvo el portavoz de Izquierda Unida en este parlamento en la sesión de investidura, en el apoyo a los presupuestos y en el apoyo a cuestiones que creo que son muy importantes, a proyectos muy importantes que estamos desarrollando. En un momento determinado ha surgido alguna falta de sintonía en algún proyecto concreto que yo tengo la obligación de explicar mejor –lo digo para el señor Lacasa–, tengo la obligación de explicar mejor, e intentaremos hacerlo, porque las discrepancias en educación me preocupan, y me preocupan por la dimensión que tiene, por la trascendencia que tiene todo el Departamento de Educación y también por el esfuerzo que la comunidad autónoma aragonesa viene haciendo con la educación desde su transferencia. Yo he relacionado, he comparado algunas veces las transferencias que hemos hecho en este Gobierno de coalición con la transferencia de educación, que no vino igualmente dotada, no se negoció con tanta intensidad, no se exprimió la negociación de la misma manera que hemos intentado hacerlo –y lo hemos conseguido– en competencias como la sanidad, como el empleo o como el propio sistema de financiación. Pero, en cualquier caso, tendremos ocasión en ese debate.
Mire, ha habido una referencia que creo que es importante por parte del Partido Popular a que, cuando se tiene mayoría absoluta, se explican menos las cosas, es decir, esa tentación en la que se puede caer y en la que a veces se suele caer de la mayoría absoluta y de considerar el parlamento, cuando hay una mayoría absoluta, de una manera diferente a cuando se necesita el apoyo del parlamento permanentemente porque el grupo que apoya al presidente no es suficiente. Bueno, eso se produce en la política. Pero yo les aseguro que no he venido aquí por eso. Yo vuelvo a insistir, señor Lacasa, señor Yuste y señor Alcalde, que he venido a gusto a dar las explicaciones razonables que puede dar un responsable del Gobierno de un cese que se produce con absoluta normalidad.
Miren, a la opinión pública y a ustedes, desde la oposición, no es fácil convencerles de la diferencia que hay entre un cese y una dimisión, no es fácil. Cuando desde el Gobierno se justifica con una dimisión o con que el consejero correspondiente o el alto cargo correspondiente ha planteado su dimisión por cuestiones de salud, por cuestiones familiares –por las cuestiones que sean–, son explicaciones que yo tengo la sensación de que nadie termina creyéndoselas. Finalmente, hay un cambio en el Gobierno; y esa es la realidad que hemos tenido, que tendremos y que, mientras dure la política democrática, que espero que se consolide ya de una manera definitiva en nuestra comunidad autónoma y en nuestro país, se seguirá produciendo con absoluta normalidad.
Por tanto, no es nada fácil que la opinión pública y la propia oposición entiendan la diferencia que hay entre un cese, una dimisión, la solicitud de cese... Yo creo que finalmente es lo mismo: es una remodelación dentro del Gobierno dentro de las atribuciones que tiene el Gobierno, el presidente del Gobierno, y, en un Gobierno de coalición, el acuerdo, el pacto de gobierno entre los dos partidos. ¿Eso produce desestabilidad? Pues yo, sinceramente, creo que no. ¿Es más estable un Gobierno que puede hacer cambios –pregunto– o un Gobierno que no es capaz de hacer cambios? ¿Es más fuerte un Gobierno que es capaz de producir alternativas, alternancias, o un Gobierno que está bloqueado? Pues yo tengo mi respuesta. Yo creo que, dentro de los Gobiernos, se tienen que producir estas alternancias, se tienen que producir con naturalidad, con normalidad y con las explicaciones razonables.
Yo les he dicho que estoy satisfecho –y lo reitero– del trabajo que durante esta etapa ha hecho el consejero Porta al frente de Industria, como estoy satisfecho del trabajo que está haciendo el conjunto del Gobierno. Pero ¿qué de excepcional tiene que diga yo eso? No tiene nada, no tiene ninguna excepcionalidad; por tanto, todas las explicaciones que yo pueda dar aquí no tienen ninguna excepcionalidad. ¿Por qué se cesa a un consejero, señor Alcalde? ¿Por qué se le nombra? En un sistema como el nuestro, con un Estatuto como el nuestro, en donde los miembros del Gobierno no tienen que ser miembros del parlamento –por tanto, no tienen que ser elegidos por los ciudadanos– y son elegidos y son cesados por el presidente del Gobierno, hay las mismas razones para elegirlos que para cesarlos; exactamente las mismas razones. Es decir, ¿la pérdida de la confianza es una razón? Si se produce, es una razón. ¿La reorganización interna de los partidos es una razón? Si se produce, es una razón. ¿Los errores, si se producen, son una razón? Pues son también una razón si se producen. ¿La dimisión es una razón? Pues por supuesto. Pero no deja de ser menos razón la organización interna o la reorganización interna por cuestiones democráticas y electorales de los partidos políticos. Porque la democracia, señoras y señores diputados, señor presidente, funciona con partidos políticos, solo con partidos políticos, y claro que tienen mucho que decir los partidos políticos en la organización de los Gobiernos; tienen muchísimo que decir, y sobre todo en Gobiernos como el nuestro, en Gobiernos de coalición.
El señor Yuste me planteaba si tiene las manos libres el señor Aliaga. Pues tiene la misma libertad el señor Aliaga dentro de su departamento para organizarse que tuvo el señor Porta o que tengo yo mismo para organizar el Gobierno; es decir, sí, tiene libertad para organizar su departamento como considere más oportuno. Creo que es positivo, que será positivo. Yo creo que los relevos pueden ser positivos, y espero y deseo que sean positivos, pero no, como usted planteaba, será positivo para la coalición de gobierno, para los partidos que forman la coalición de gobierno. Mire, le digo sinceramente: no es mi preocupación; mi preocupación es si es positivo –y es lo que impulsaré– para el conjunto de Aragón, para la política en Aragón. Porque estoy convencido, señorías, de que estamos en un momento interesante, importante y decisivo para nuestra comunidad autónoma. Estoy convencido de que estamos creando las condiciones con múltiples proyectos que se están desarrollando. Estoy convencido de que ustedes lo perciben también; unos lo podrán decir, los grupos que están apoyando a mi Gobierno lo podrán decir con legítimo orgullo, y otros, evidentemente, no lo podrán decir, porque desde la oposición estas cosas no tocan. Pero estamos en un momento en donde se están abriendo, se van a seguir abriendo grandes oportunidades para nuestra comunidad autónoma, grandes oportunidades. Estoy convencido de que el siglo XXI será un siglo de oportunidades, de crecimiento y de desarrollo para Aragón. Y en alguna medida yo creo que importante –y los grupos que apoyan a este Gobierno creo que tienen razones suficientes para sentirse orgullosos–, en alguna medida habremos colaborado desde el Gobierno de coalición en esta comunidad autónoma.
Por lo tanto, señorías, con humildad, estoy satisfecho y orgulloso del funcionamiento del conjunto del Gobierno de coalición. Con humildad lo digo, que no es sinónimo de debilidad. Lo he dicho en muchas ocasiones en todo este período que me ha tocado presidir la comunidad autónoma: la humildad o la coalición o el no tener mayoría suficiente no tienen por qué ser sinónimo de debilidad. Ninguno de los proyectos que nosotros hemos planteado en el Pacto por Aragón ha sido recriminado o frenado u obstaculizado por estas Cortes, y de eso estoy muy orgulloso, y les agradezco esa cooperación que han mantenido permanentemente.
Quiero insistirle, señor Alcalde, en un último apunte: si ustedes se consideraron agraviados el día que yo tuve que irme a recibir a los presidentes de la Comunidad de Trabajo de los Pirineos, les pido disculpas –seguro que no me supe explicar bien–, pero le aseguro que no era porque esta tribuna me produzca especial desagrado o porque me encuentre mal en esta tribuna, sino simplemente porque consideré que en aquel momento, después de dos horas de debate y de contestación a las preguntas, la prioridad para el presidente de la comunidad era estar con los presidentes autonómicos españoles y de las regiones francesas que estábamos esperando en Jaca. Por tanto, si aquella cuestión, si aquella anécdota, que se convirtió en una cuestión primordial y que a ustedes les hizo abandonar el parlamento, fue como consecuencia de que yo no me supe explicar bien o que no transmití bien lo que tenía que hacer en el momento de salir del parlamento, yo les pido disculpas, pero sigo pensando que era importante que la Comunidad Autónoma de Aragón y quien la representa en este momento, que es su presidente –que soy yo mismo–, tenía que estar donde tenía que estar, y sobre todo con la tranquilidad de haber estado dos horas contestándoles a ustedes en el parlamento. Por tanto, vendré con satisfacción, con gusto, sabiendo que es mi responsabilidad y que es mi obligación en períodos de sesiones o en períodos extraordinarios, como ustedes han querido. Por tanto, no me quejo de eso; me quejo simplemente de que considero que las razones para esta convocatoria de la Diputación Permanente no eran suficientes o, por lo menos, no eran igual de suficientes que cuando se producen fenómenos políticos similares en otros Gobiernos bien próximos como el Gobierno de Madrid.
Nada más, señor presidente.