Diario de Sesiones de las Cortes de Aragón
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Comparecencia del señor Bayod Pallarés, secretario general de la Asociación Cultural del Baix Aragó, al objeto de informar sobre los aspectos históricos del nacimiento de las lenguas del Aragón oriental, así como la problemática jurídica de la ley de lenguas.
Diario de Sesiones de las Cortes de Aragón n°: 130 de Serie B (V Legislatura)
Intervinienen: Bayod Pallarés, Roberto - Bernal Bernal, Chesus - Aullo Aldunate, Maria Trinidad - Artieda Garcia, Marcelino - Calvo Pascual, Marta
Vamos a pasar al punto tres. [Pausa.]
Continuamos con la sesión.
Punto tres: comparecencia del señor Roberto Bayod, secretario general de la Asociación Cultural del Baix Aragó, a petición propia, al objeto de informar sobre los aspectos históricos del nacimiento de las lenguas del Aragón oriental, así como la problemática jurídica de la ley de lenguas.
Bien venido a esta Comisión de Cultura, señor Bayod, y tiene usted la palabra para su intervención. A continuación, después de su intervención, usted puede elegir si contestar a las intervenciones y las preguntas que le hagan los distintos portavoces, uno a uno o a todos al final; normalmente se suele hacer al final, porque hay portavoces que repiten las preguntas o las cuestiones planteadas.
¿Qué es lo que va a elegir usted? En conjunto. Muy bien.
Pues tiene usted la palabra, señor Bayod.
Comparecencia del señor Bayod Pallarés, secretario general de la Asociación Cultural del Baix Aragó, al objeto de informar sobre los aspectos históricos del nacimiento de las lenguas del Aragón oriental, así como la problemática jurídica de la ley de lenguas.
El señor BAYOD PALLARÉS: Buenos días a la prensa (si hay prensa todavía), a todos los representantes de la voluntad de Aragón en estas Cortes, las Cortes, que son continuación de aquellas Cortes de la Edad Media que tanto anhelaba Joaquín Costa, porque eran las más libres que había en el mundo, mucho más libres que las de Castilla y de toda la cristiandad.
Para mí es una satisfacción, un orgullo, el estar hoy con sus señorías para hablar de este tema, del cual me he enamorado (y aquí estamos en el día de San Valentín). Yo me he enamorado de muchas cosas en toda mi profesión, en todas mis actividades, pero de las lenguas de Aragón me he enamorado desde el año ochenta, en que tuve la suerte de, cuando yo estaba en el Ministerio de Hacienda en Madrid, hablar con Criado de Val y Antonio Ubieto, después aquí en Zaragoza, desde entonces me he enamorado.
Voy a hacer lo contrario. Yo como letrado debiera hacer primero una exposición de los hechos y llegar a unas conclusiones y dictar sentencia, pero voy a hacerlo al revés, porque no soy letrado en este momento sino un historiador.
Les digo el final, las conclusiones. Estamos en contra, por razones históricas, jurídicas y sociales de que se nos imponga en Aragón un idioma que no es ni ha sido nunca aragonés. El catalán es catalán, el valenciano es valenciano, el italiano es italiano. En Aragón estamos en contra de que se nos meta con calzador por razones políticas, porque tengo una carta del que fue director de la Real Academia, Lázaro Carreter, en la que dice que no hay razones jurídicas ni sociales, sino solamente razones políticas, y en Aragón actuamos por razones políticas aragonesas, y los catalanes, con razones políticas catalanas.
Pues bien, dicho eso, pensarán que quizá se vea en mí algo de mal humor porque anoche al venir me pusieron carburante a la salida de Alcañiz, y al cabo de un kilómetro se me paró el coche, echaba humo por todas partes, y resulta que en vez de ponerme gasolina me pusieron gasoil, y, por tanto, me estuve dos o tres horas hasta que un taxi me pudo traer a Zaragoza, y estoy de mal humor. Pero estoy satisfecho, orgulloso por estar aquí, pero de mal humor interiormente porque me veo que estoy en la tragedia que pasó mi mujer anoche al venir a Zaragoza.
Primero, jurídicamente, el Estatuto de Aragón. Hay que tener en cuenta que el derecho que hoy vive el mundo, incluso en el Japón, todo el derecho del mundo, es herencia del Derecho romano, que rigió en todo el mundo. Durante siglos, después, cada país, cada nación lo ha acomodado a su historia y a su modo de ser. Pues bien, el Derecho romano, que rige los principio, dice: Ubi lex voluit, dixit; ubi non voluit, tacuit (‘donde la ley lo quiere lo dice, donde no lo quiere lo calla’). Y así estamos: que el Estatuto de Cataluña dice que el idioma oficial -es que es muy largo lo de Cataluña- es el catalán; pues muy bien: lo dice, a callar todo el mundo. Lo mismo pasa con el Estatuto de Navarra, que habla del vasco; el de Galicia; el valenciano dice que el valenciano, y el balear, el balear.
Pero el Estatuto de Aragón no dice absolutamente nada de las lenguas oficiales, ni de la posibilidad de que haya una lengua oficial, y, como no lo dice, tacuit. ¿Por qué? Porque no lo dice. Calla.
No he tenido la oportunidad, porque no he querido ver lo que dice la Comisión Jurídica Asesora de la Diputación General de Aragón, pero supongo que, al estar compuesta por eminentes juristas, los mejores de los mejores entre los mejores juristas de Aragón, estarán de acuerdo en que, como el Estatuto no dice, no da posibilidad de dictar ninguna ley sobre lenguas oficiales, no se puede hacer ninguna ley oficial en Aragón, y esto coincide con la Carta de las lenguas.
La Carta de las lenguas es un tratado de Derecho internacional, y los tratados de Derecho internacional están por encima de las leyes orgánicas (el Estatuto es una ley orgánica; el Estatuto está incluso por encima de las leyes ordinarias de las Cortes), y en el año 1982, hace diez años, se firmó la Carta europea de las lenguas, pero las naciones que formamos la Unión Europea (o que entonces formaban la Unión Europea), sino todas las naciones (desde Rusia hasta Turquía), todas las naciones firmaron, sus diplomáticos, firmaron la Carta europea.
Entonces el gobierno era del PSOE, y el del PSOE envió un plenipotenciario a firmar la Carta europea de las lenguas, y esa carta, desde 1992, ha estado diez años yendo y viniendo por el Congreso, por el Senado, hasta dar en la voluntad, que ha sido en febrero, hace un año, cuando se firmó ya, traspasados los trámites de la conformidad tanto del Senado como del Congreso, el protocolo, el instrumento de Derecho internacional, por el cual aceptaba España y se ajustaba en todos sus órdenes a la Carta europea de las lenguas.
Y ¿qué dice la Carta europea de las lenguas? Es muy larga, es muy extensa. Dice que las lenguas oficiales, en España, son las que, en sus respectivos estatutos, están reconocidas como lenguas oficiales, y, por tanto, el catalán es minoritaria pero oficial, pero de acuerdo con sus estatutos, y en los estatutos de Cataluña se habla de cuatro provincias, y el catalán es idioma oficial en las cuatro provincias de Cataluña, y no se puede extender, sino se modifica ese Estatuto de Cataluña, a Aragón; sería modificar el Estatuto de Cataluña con el consentimiento de todos los países que conforman la Carta de la Unión Europea, consecuentemente.
Ahora bien, dice que aquellos idiomas minoritarios que no sean oficiales, por las circunstancias que fuesen, deberán ser protegidos y tutelados por sus gobiernos y por sus instituciones gobernadoras, y eso viene a coincidir con lo que dice el Estatuto de Aragón: nosotros no podemos legislar sobre un idioma oficial de Aragón, y mucho menos sobre dos, pero sí que debemos... La Carta de la lenguas europeas dice algo más que nuestro estatuto; en nuestro estatuto dice «propias»; pero la Carta dice que sean de uso normal y generalizado en las regiones o comarcas. ¿Quién es el que se atreve a decir que en la zona oriental de Aragón, en el Baix Aragó, que yo represento, la lengua en la que hablamos los aragoneses es el catalán? Pues bien, en esta Carta de las lenguas europeas se dice que hay que conservar, que hay que tutelar las lenguas minoritarias, unas para ser oficiales -las que señala la ley, el instrumento público- y otras hay que conservarlas con aquellos preceptos que la ley de lenguas señala. Y tengo que señalar, que no lo he hecho al principio, que no estamos en contra, nosotros, los del Baix Aragó, como junta general de todas las asociaciones culturales de la zona oriental de Aragón, no estamos en contra de ninguna ley de lenguas de Aragón. Aragón tiene derecho a una ley de lenguas, pero, cuidadito, ajustada al Estatuto, ajustada a la Constitución y ajustada a la Carta de las lenguas europeas.
Hay en esta Carta algo muy interesante, que dice que las lenguas oficiales de los respectivos países nunca podrán estar en perjuicio de las lenguas del país, lo que está sucediendo, por desgracia, en Cataluña: que la lengua catalana está en perjuicio de la lengua común de todos los españoles, del castellano.
Los del Baix Aragó tenemos relación con los catalanes castellanoparlantes, hemos tenido una reunión en Valderrobres, estamos de acuerdo, y vamos a tener una reunión, no sé si en Tortosa o en Barcelona, con los castellanoparlantes porque tenemos algo en común: a ellos les prohíben hablar catalán y a nosotros nos obligan a hablar catalán. Y por eso estamos en contacto no solamente con los castellanoparlantes catalanes sino también con los valencianos, con los que hemos formado una superfederación, y con los de Baleares. Estamos todos en contacto.
El Estatuto de Cataluña, que es el que se nos quiere imponer, es un estatuto -y ya lo saben los catalanes de esta asociación cívica, que ellos llaman- inconstitucional. ¿Por qué? Porque dice la Constitución que, además del castellano -que debería decir «español», pero por razones políticas se puso «castellano»-, también -fíjense sus señorías- puede haber un idioma oficial propio de esa región. Pues los catalanes han invertido los términos, en contra de la Constitución. El estatuto tiene que adaptarse a la Constitución, que es la madre de las leyes. Dice que en Cataluña el idioma oficial es el catalán y también puede serlo el castellano, lo cual es anticonstitucional. Además, la Constitución habla de lenguas, y el estatuto catalán habla de idioma. Idioma es un término más restringido, más importante que la palabra lengua, de tal modo que la lengua catalana, el idioma catalán, está por encima de las lenguas castellanas, porque tiene literatura, tiene historia, cuando, en realidad, hasta el reciente siglo XX -como decía Salvador de Madariaga-, el catalán no lo hablaban más que los agricultores analfabetos. Porque los catalanes, durante la Edad Media y la Edad Moderna, escribían tanto la poesía como la prosa en provenzal.
Es un principio de orden jurídico que el que afirma es el que tiene que demostrar. No es solo un principio jurídico sino ético y de lógica. Si yo afirmo que esta chaqueta es mía, no tengo que demostrar nada. Si sus señorías afirman que estos muebles son de las Cortes de Aragón, no hay que afirmar nada. El que tiene que demostrar que esta chaqueta no es mía es quien lo niegue. El que tiene que demostrar que estos muebles no son míos es quien lo niegue. Pues nosotros, los de Aragón, los que estamos en Aragón, afirmamos que todo lo que se habla en Aragón es idioma aragonés, y, por tanto, quien tiene que demostrar que no es idioma aragonés es quien lo niegue. Pasa lo mismo que en Derecho penal: quien tiene que demostrar que uno es delincuente es quien quiere que sea delincuente. Es decir, es inocente mientras no se demuestre lo contrario.
Vamos a entrar en el tema histórico.
Las lenguas se denominan según de donde proceden o según donde nacen. En España se habló durante siglos el latín porque lo trajeron los romanos, pero no se llamaba romano el idioma que trajeron los romanos, sino que se llamaba latín porque nació en la comarca cercana a Roma, el Lacio, de donde trajeron el idioma.
En Argentina, donde yo tuve la honra de estar hace dos años muchos días, se llama español porque lo llevaron los españoles; no le llaman argentino. Y en Brasil se llama portugués, a pesar de que Portugal es mucho menor que Brasil. Lo mismo diríamos de Estados Unidos.
Pero ahora yo me pregunto: ¿cuándo?, ¿en qué fecha? y ¿con qué rey o con qué príncipe fueron los catalanes los que conquistaron Aragón, en la Reconquista de la Edad Media? Fueron los aragoneses los que conquistaron hasta el Segre, porque por orden del Papa tenían derecho a conquistar Lérida, y a eso iba Alfonso I el Batallador cuando conquistó Fraga. Mejor dicho, no llegó a conquistarla porque murió en la batalla del mismo nombre. Porque Lérida, durante ocho siglos, perteneció a Aragón, mejor dicho, a Zaragoza, al distrito jurídico -no quería decir político- de Zaragoza. No pertenecía, durante los siglos de la dominación romana, de la dominación visigoda, e incluso con los árabes el rey moro de la taifa de Lérida dependía del rey moro de la taifa de Zaragoza, no dependía del rey moro de Barcelona. Por eso en Lérida se habla un idioma muy parecido al aragonés oriental, porque el catalán empieza en Tárrega, los leridanos casi no entienden el catalán catalán. Hasta Tárrega, como en Almacellas, hablan un idioma parecido al aragonés oriental.
Por eso estamos en que históricamente -de esto, si hubiese tiempo, hablaría más extensamente después-, en Aragón, tenemos un idioma que ha nacido en Aragón, y, como decía Guillermo Fatás un día en Heraldo de Aragón, antes de ser director, el catalán nació en Cataluña, no nació en la Provenza, porque Cataluña fue conquistada por los galos, por el hijo de Carlomagno, que conquistó hasta Tarragona, y en Tarragona se paró y hasta allí fundo la Marca Hispánica. No le llamó principado de Cataluña, le llamó la Marca Hispánica, porque Carlomagno tenía una visión universal. Ya antes, en la Ribagorza, uno de los Berengueres pagó dinero a un conde de Ager para que le cediese un trozo de la Ribagorza para impedir que el rey de Aragón conquistase tierras al sur de la Ribagorza. Y después, como descubre Antonio Ubieto, Ramón Berenguer IV pagó dinero al califa de Tortosa para no atacar Tortosa, con el fin de que no tuviese dos frente el rey moro. Porque Alfonso I había llegado casi a las tierras del delta del Ebro.
Esa es la causa, desde el punto de vista histórico, de que algunos pseudohistoriadores digan que el Baix Aragó fue repoblado o colonizado por tierras de la Ribagorza, y, por tanto, es catalán y de Lérida. Pero si Lérida y la Ribagorza eran aragonesas, aunque admitamos -que no lo ha demostrado nadie- que al Bajo Aragón fueron a parar colonizadores, además, no habían aparecido todavía los idiomas romances.
La realidad es que, en un principio, las lenguas romances, al ser todas hijas del latín, el latín fue degenerando con el tiempo, con los siglos. Aquel latín de origen romano había desaparecido. Cada vez era más fácil y se fue convirtiendo en un romance (romance, de la palabra Roma, no de otra cosa). Y todos los idioma romances se parecían unos a otros. ¿Por qué? Porque todos acababan de nacer, como los niños de una inclusa o de un hospital, que todos se parecen unos a otros, y hay que ponerles una señal, para que no haya confusiones. De tal modo eran parecidos los idiomas romances en la baja Edad Media, que a Vicente Ferrer, que era valenciano, que hablaba el romance valenciano, lo entendían no solamente en Valencia, sino en Tortosa, en Binaroz, en Daroca, en Calatayud, en Barcelona, en Zaragoza, y hasta en la corte pontificia del papa Benedicto XIII. Ahora, claro, cuando cogen los catalanes un documento de aquella época les parece que todo es catalán. No, señor, era un idioma romance, mezclado con palabras castellanas o latinas. Era una mezcolanza que había en aquellas fechas. De ahí viene que en todos los tiempos en Aragón no hemos tenido la defensa que necesitamos y que deseamos y esperamos de estas ilustres Cortes de Aragón.
Llegamos a los decretos de Nueva Planta. Se cacarean muchísimo por parte de los catalanes. Tengan en cuenta sus señorías que no estamos en contra de los catalanes. Yo tengo muy buenos amigos catalanes y también parientes. Una cosa es la política que siguen algunos políticos catalanes, los catalanistas radicales, y otra los catalanes. No estamos en contra de los catalanes, como no estamos en contra de una ley de lenguas en Aragón. Y los catalanes catalanistas han hecho creer, incluso a algunos historiadores aragoneses, que en el decreto de Nueva Planta de Felipe V se suprimió el catalán. No, señores. En ese decreto no se suprimió el catalán. Ni se nombra la palabra catalán. En el decreto de Felipe V no se nombra catalán. Lo único que se dice es que los expedientes se sustancien en lengua castellana. Y ¿por qué dice eso? Porque se sustanciaban en lengua latina. Lo que suprime es el latín, y solamente en la real audiencia, no en los juzgados municipales ni en los municipios ni en las escuelas.
Y en Aragón el decreto de Nueva Planta no tiene la misma importancia, ni muchísimo menos, sino otro decreto importante con respecto a la época de Felipe V. Y no puedo por menos que recordar, ya que al principio he hablado de estas Cortes que tanto ensalzó Joaquín Costa, que fue regionalista cien por cien, aragonesista cien por cien y españolista ciento uno por ciento, y decía que, si España dejase de ser España, Aragón continuará siendo España. Esto decía Joaquín Costa, hablando en aquel desierto de principios del siglo XX o finales del XIX.
Pues bien, en filosofía se dice, en escolástica, sobre todo, que no hay efecto sin causa. ¿Cuál es la causa de ese desconcierto? Aragón, con sus Cortes y con su gobierno, está en una encrucijada, que se ha creado artificialmente, pues no teníamos problemas de ninguna clase. Si en las constituciones hubiesen declarado idiomas oficiales, porque los idiomas oficiales surgieron en la Constitución de la II República, porque el castellano no fue idioma oficial hasta la Constitución de 19331, ninguna constitución lo declaró oficial... Lo que pasa es que el castellano era el idioma usual de toda la Península, como el latín de los latinos, pero los emperadores nunca declararon el latín como idioma oficial del imperio romano. Era el idioma usual del imperio romano, que nadie lo impuso. Porque hay que tener en cuenta que Roma conquistó el mundo occidental entonces conocido con sus ejércitos, pero no lo impuso con sus ejércitos, sino con su derecho. Sus ejércitos iban conquistando, detrás quedaba el Derecho, los pueblos se enamoraban del Derecho, porque los pueblos desconocían el derecho, solo conocían la costumbre (el consuetudinario, que decía Joaquín Costa).
Por eso no hay efecto sin causa. Y ¿qué ha pasado aquí? Que Aragón ha sido abandonado desde Joaquín Costa, con algunas individualidades, como Antonio Ubieto. A mí casi me daban ganas de llorar cuando hace dos años, exactamente en el mes de octubre hizo dos años, fuimos invitados por una asociación cultural de Valencia, y había dos mil valencianos aclamando a Antonio Ubieto, aragonés, porque Antonio Ubieto les demostró a los valencianos que Valencia no había sido conquistada por los catalanes, sino por los aragoneses, y que lo que se hablaba en Valencia no era catalán sino aragonés. Y los valencianos hicieron a Antonio Ubieto un homenaje que no se ha hecho en Aragón.
¿Cuál es la causa? La causa ha sido que hemos estado abandonados por las autoridades aragonesas hasta fechas recientes, hasta fechas actuales, hasta el punto de que se conceden subvenciones oficiales, de algunas instituciones, a las asociaciones que defienden el catalán, y, sin embargo, a nosotros, a la Asociación del Baix Aragó, no se nos da ni una peseta, tenemos que pagarlo todo por nuestra cuenta.
Todos los intelectuales -entre comillas- que se han preocupado de nuestro idioma del Aragón oriental no han nacido en Aragón, no han vivido en Aragón o no han nacido y vivido en Aragón al mismo tiempo, sino que son gentes que han vivido en Cataluña y que quieren imponer aquel idioma, agradecidos, como están -y como debe estar toda persona humana-, al sitio que les corresponde, el idioma catalán, al que no pertenecemos.
En cuanto a las lenguas en Aragón, también es una cuestión de historia. Aragón es plurilingüe, hay muchas lenguas en Aragón, sin contar el catalán, pero el catalán artificial, pues es vergonzoso -y lo digo con la libertad de expresión que me concede la Constitución, que me concede la amabilidad de sus señorías- que en Aragón se nos quiera imponer el catalán artificial, el del Instituto de Estudios Catalanes. ¿Cuándo el Institut d’Estudis Catalans ha llamado a intelectuales de la Universidad de Zaragoza o a las Cortes de Aragón para que colaborasen con ellos para establecer la lengua que se creó el siglo pasado? Nunca. Y ahora nosotros tenemos que estar obedeciendo a un instituto de estudios catalanes. ¿Por qué no obedecemos a un instituto de estudios aragoneses?
Pues tenemos una lengua que es el baturro, que sus señorías, por las causas que sean, no han tenido en cuenta.
Algo importante tengo que decir. La fabla no es idioma propio, consuetudinario, del valle de Gistaín. Pues bien, sin contar la fabla, las hablas de los valles pirenaicos son extraordinarias: tienen su historia, tienen su derecho, tienen sus propiedades, porque son maravillosas. Pero, cuidadito, no el idioma artificial de la fabla. Pues sin contar con la fabla y sin contar con el catalán artificial, Aragón es plurilingüe. Está el baturro. Tengo un librito que no he podido traer, escrito nada menos que por Menéndez Pidal, donde dice que el aragonés es el que está contenido en el libro de lenguajes de Borau. Ese es el baturro, que quitándole las palabras soeces o malsonantes, es el que debía ser también tenido en cuenta, que vas por los pueblos, incluso por los bares de Zaragoza, y vas por Alcañiz, por Belchite, donde se habla un baturro extraordinario, muy bonito, tiene palabras muy expresivas.
Termino con una frase jurídica de Derecho penal, aplicada a la historia y a la geografía: «in dubio, pro Aragonia»; en lugar de in dubio, pro reo (‘en la duda, en favor de Aragón’). Y con otra meramente jurídica, de derecho de la propiedad: Res sunt ubi sunt (‘las cosas son de donde están’): la chaqueta es del que la lleva, y, por tanto, aplicándolo a esto, vemos que las cosas que están en Aragón son propiedad de Aragón. Y defendamos Aragón, al cabo de muchísimos años de abandono, salvo individualidades que se han destacado en defender Aragón. Defendamos Aragón, nuestro Derecho, nuestra historia y nuestra geografía, y nuestra cultura, porque la cultura que se nos quiere imponer, señores, es la cultura catalana. ¡Si en Aragón no he encontrado ningún pueblo donde se baile la sardana! Sin embargo, en el delta del Ebro se canta la jota, y el día de la festividad de la Virgen del Pilar se celebra como si estuviésemos en Utebo. Eso es la cultura aragonesa, en tanto que en ningún pueblo... Y si preguntan en Tortosa qué es lo que hablan -que mi hijo tiene una casa allí- les dirán que el tortosí. Y en Lérida lo mismo.
Quiero hablar de Baleares. En el Estatuto de Baleares, los idiomas son el castellano y el catalán, y los pobres de Baleares han caído en la trampa saducea de meterles el catalán; pero, cuidadito, ahora se han dado cuenta de que no es lo mismo el catalán que el catalán de Baleares, el que se habla bien en Baleares, que es muy diferente del catalán de Barcelona. Los de Baleares están federados con nosotros, se reúnen con nosotros y tenemos la seguridad de que, contra viento y marea, estas asociaciones, como la del Baix Aragón, porque queremos defender la cultura, la lengua y la geografía aragonesas, venceremos. ¿Por qué? Porque nos apoya el Estatuto de Aragón y nos apoyará con toda seguridad el Gobierno de Aragón.
Y nada más que expresar mi alegría y satisfacción de estar con sus señorías en este día en que, debido a la avería que tuve ayer, casi no podía hablar, a pesar de que tenía agua para refrescarme.
Buenas tardes, y que en el día de San Valentín sean ustedes felices y enamorados de Aragón, como yo estoy enamorado de mi lengua...
Tengan en cuenta que en mi pueblo, que está a siete kilómetros de Torrevelilla y a ocho de La Codoñera (donde se habla diferente), se habla idéntico a la Ribagorza, a Peralta de la Sal. No nos distinguimos nada. Porque Alfonso I se trajo nada menos que diez mil mozárabes de Andalucía y metió mozárabes que hablaban un romance castellanizado ya, y otros no.
Con esto termino.
Muchas gracias por haberme invitado, por lo cual estamos agredecidos; porque tengan en cuenta que Cataluña no nos devolverá el arte sacro del Aragón oriental, si Aragón, con su gobierno y sus Cortes, no se pone donde debe ponerse. Si no persiguen por lo penal ustedes a los que tienen impropiamente la riqueza aragonesa, en Cataluña, esa riqueza artística no la devolverán a Aragón, como no nos han devuelto la historia, que nos la han falseado totalmente, como demostró Antonio Ubieto.
Hasta pronto, que, según los catalanes, el abuelo del actual rey de España no era Alfonso XIII, sino Alfonso XII, porque ellos no cuentan más que los reyes que ha tenido Cataluña. No cuentan el rey Alfonso I, rey de Aragón, como rey existente. Ellos empiezan Alfonso I en el Alfonso II. ¿Por qué? Porque además le falsearon el nombre, le llamaron Ramón, hasta que la reina Catalina se dio cuenta, y, cuando quedó viuda, dijo que se llamara como su tío abuelo, Alfonso I.
Y con esto me voy extendiendo, y no quiero extenderme, y perdonen sus señorías.
La señora presidenta (COSTA VILLAMAYOR): Muchas gracias, señor Bayod, por sus palabras.
Ahora van a intervenir los distintos portavoces de los grupos parlamentarios para plantearle las observaciones y las preguntas que consideren oportunas, y, como usted ya me ha hecho saber, al final les contestará a todos.
Señor Bernal, del Grupo Parlamentaria de Chunta Aragonesista, tiene usted la palabra, y agradecería que se ajustaran al tiempo lo más posible.
El señor diputado BERNAL BERNAL: Gracias, señora presidenta. Voy a ser muy breve.
Porque de hecho no es la primera vez que comparece la Asociación Baix Aragó en estas Cortes, para hablar sobre el asunto de la política lingüística en Aragón.
Como en aquella ocasión, que fue el 25 de octubre del año 1996, cuando compareció su presidente, el señor Gascón Cases (hoy nos acompaña el señor Bayod Pallarés, como secretario de esa asociación), he de decirle que bien venido a estas Cortes, que es la casa de todos los aragoneses, y, por lo demás, yo voy a ser muy breve.
No observo en la intervención del señor Bayod Pallarés, ni en su línea argumental, ninguna novedad respecto a lo planteado aquel 25 de octubre de 1996; yo, por lo tanto, me remito a la respuesta que ya les di entonces, el 25 de octubre de 1996, que está publicada en el Diario de Sesiones y en el volumen Debates parlamentarios sobre la política lingüística en Aragón, y me remito a ella para reiterarme en mis apreciaciones y en el análisis de los conceptos «expresión lingüística» y «comunicación lingüística», como manifestación del patrimonio cultural; me remito también a lo que dije respecto de los sistemas lingüísticos, a las variedades lingüísticas, a la norma común, a los procesos de fragmentación lingüística; me remito también a lo que dije respecto a la confusión entre lengua y territorio, dos conceptos que son a menudo confundidos, y también me remito a mi intervención de aquel día y en días subsiguientes, que están recogidas en este volumen, respecto al racionalismo, respecto a los valores racionalistas, que, como bien expliqué entonces, están en la base de determinados concepciones y de determinadas políticas lingüísticas, y me remito, finalmente, a lo que dije respecto a los conceptos de codificación o normativización lingüística, por una parte, y de normalización lingüística, por otra.
Sí que he decir que hay una novedad en estas Cortes respecto a la comparecencia del año noventa y seis, y es que hay dos leyes más aprobadas, que van configurando algunos aspectos nuevos respecto de la política lingüística. Una es la Ley de sucesiones por causa de muerte, que fue aprobada por unanimidad en estas Cortes, y la Ley del patrimonio cultural aragonés, en su artículo cuarto y en su disposición final segunda. Remitiéndome a todas estas referencias, no tengo nada más que decir.
Muchas gracias.
La señora presidenta (COSTA VILLAMAYOR): Gracias, señor Bernal.
Señora Aulló, del Grupo Parlamentario del Partido Aragonés, tiene usted la palabra.
La señora diputada AULLÓ ALDUNATE: Muchas gracias, señora presidenta.
Empezar también dando la bienvenida a esta comisión al representante de la Asociación Cultural Baix Aragó y agradecerle además su amplia exposición, que nos ha aportado una información muy interesante.
Es verdad que la lengua es un hecho diferencial y, a mi entender, es un factor aglutinante, la lengua une mucho, pero la lengua también puede separar, y en ocasiones ha producido conflictos de consecuencias, desde luego, no deseadas.
Porque el ámbito lingüístico es, cuando menos, controvertido, ya que la lengua es algo muy sensible, que afecta directamente a los sentimientos de la persona, y su debate levanta pasiones, y por ello es un asunto que tiene que tratarse -yo diría- con mucha prudencia.
En Aragón, afortunadamente, gozamos de una peculiaridad, que yo creo que los poderes públicos tienen que tener siempre presente: nuestra comunidad es multilingüe o polilingüe, como usted decía, porque junto con el -me gusta más decir- español, que es la lengua oficial en toda la zona, en todo el territorio, conviven otras lenguas en determinadas zonas, como son el aragonés, el catalán y, además, las modalidades lingüísticas vernáculas, que es ahí donde creo que está el meollo del asunto.
La realidad lingüística de Aragón constituye un rico patrimonio, que refleja la historia y la cultura propias. Debe ser conocido y valorado positivamente por los aragoneses y protegido por las instituciones puesto que la lengua materna, siempre, siempre, debe acompañarnos.
Como sabe, el Estatuto habla de «lenguas y modalidades lingüísticas», y siguen esa misma línea varias leyes aprobadas en esta cámara, como es la Ley de carreteras, cuando dice que la señalización será bilingüe, atendiendo a las lenguas y modalidades lingüísticas de Aragón; también la Ley de sucesiones se ajusta a esta premisa: dice que los pactos sucesorios podrán redactarse en cualquiera de las lenguas o modalidades lingüísticas de Aragón que los contratantes puedan elegir.
Pero en este tema, en este asunto, hay posturas muy radicalizadas, muy encontradas: hay quien pide la cooficialidad de las modalidades normativas y quien pide la cooficialidad de las modalidades lingüísticas propias de su zona, municipio, comarca, y yo creo que la ley de lenguas no puede prescindir ni de unos ni de otros.
Hay distintas visiones en esta materia, porque estamos ante una realidad compleja y heterogénea. Tanto es así que, en el período de exposición pública del anteproyecto o borrador de anteproyecto que presentó el Gobierno de Aragón, recibió más de tres mil alegaciones, y existe disparidad de criterios también en personas de relieve, que han expresado su opinión al respecto. José Ignacio López Susín, un jurista, parece partidario de la cooficialidad del aragonés y del catalán; sin embargo, Antonio Usieto, ilustre aragonés, lo rechaza de plano.
Yo creo que el Gobierno de Aragón, en su redacción del anteproyecto de la ley de lenguas, se ha ajustado, al menos, a lo establecido en el artículo 7 del Estatuto de Autonomía de Aragón, reconociendo las lenguas y las modalidades lingüísticas; pero también ha interpretado un dictamen de política lingüística, que se aprobó en estas Cortes, y que en sus conclusiones también ese dictamen reconocía las lenguas normativas con variedades vernáculas.
Yo creo que, si se lee detenidamente el texto del proyecto, se verá que se ha optado por el reconocimiento y la protección de los derechos de todos los habitantes; el proyecto siempre está presidido por el principio de la voluntariedad, no se trata de imponer nada sino de reconocer unos derechos que existen en determinadas zonas de Aragón.
Y, por último, he de comentarles que, dada la complejidad y la disparidad de criterios que existen, será necesario, para poder aprobar esta ley, un amplio consenso de todas las fuerzas políticas, porque se trata de una ley que tiene que ser duradera, no puede ser una ley que se esté reformando constantemente, y que no esté al albur de los avatares políticos; no se puede hacer una ley de unos contra otros, y deberá debatirse con serenidad, sosiego y yo creo que se necesitarán grandes dosis de diálogo y de consenso.
Por tanto, sí, reconocemos que, desde el Partido Aragonés, precisamente, apostamos por esas modalidades lingüísticas, porque creemos que es una riqueza cultural enorme que tiene Aragón, y eso no lo podemos perder. La Comunidad Europea, la Unión Europea, como usted muy bien decía, reconoce y fomenta el apoyo para esas modalidades, para que no se pierdan, porque saben que es un rico patrimonio que tenemos la suerte en Aragón de tenerlo, y, por lo tanto, debemos esforzarnos y el gobierno debe esforzarse en proteger, en fomentar y en ayudar a que esas modalidades lingüísticas no desaparezcan.
Por tanto, desde el Partido Aragonés seguiremos en la línea que siempre hemos manifestado, que reconoce esa situación, que usted vive día a día, y, efectivamente, como aragonés, no quiere que una joya en la cultura que tenemos pueda desaparecer.
Muchas gracias.
La señora presidenta (COSTA VILLAMAYOR): Gracias, señora Aulló.
Señor Artieda, del Partido Socialista, del Grupo Parlamentario, tiene usted la palabra.
El señor diputado ARTIEDA GARCÍA: Muchas gracias.
Para darle la bienvenida a don Roberto Bayod, en nombre del Grupo Socialista, y debo decirle brevemente que, como portavoz del Grupo Socialista en esta comisión, le he recibido y le he atendido con interés; pero he de recordarle que el compañero señor Becana es el ponente en el anteproyecto de la ley de lenguas y que, por su imposibilidad física de estar aquí hoy, yo le voy a contestar y le voy a hacer, básicamente, un agradecimiento, más que a su comparecencia, a la conferencia, que yo le he escuchado, acerca del origen y la evolución del catalán, del castellano, del aragonés, provenientes todos ellos del romance y, a su vez, el romance del latín, y, a su vez, del latín, otras muchas lenguas europeas.
Como no soy un experto en lenguas, le doy el reconocimiento a su conferencia, más que a su comparecencia, y, en nombre del portavoz o del ponente, del señor Becana, quiero decirle que esta comparecencia, esta conferencia que usted ha realizado, como queda escrita, la estudiará y la utilizará para el desarrollo de este proyecto de ley de lenguas, que espero que podamos tener cuanto antes, para poder igualar las condiciones del aragonés y de las lenguas que se dan en Aragón, con respecto a otras lenguas o a otros idiomas, como usted ha dicho, que se dan en nuestro entorno y en nuestra convivencia cotidiana.
Nada más. Muchas gracias por su comparecencia, y decirle que, supongo yo, como también estuvo en aquella comparecencia del 25 de octubre de 1996, el señor Becana le atenderá y le doy en su nombre las gracias por su comparecencia en esta sesión.
Nada más, y muchas gracias.
El señor vicepresidente (BRUNED LASO): Gracias, señor Artieda.
En representación del Grupo Parlamentario Popular, la señora Calvo tiene la palabra.
La señora diputada CALVO PASCUAL: Gracias, señor presidente.
Bien venido, señor Bayod, a esta Comisión de Cultura en nombre del Grupo Parlamentario Popular.
Yo, más que formularle preguntas concretas al contenido de su exposición, en todo caso, sí quiero recordar y ratificar cuál es la postura del Grupo Parlamentario Popular, aunque creo que es bien conocida, en lo fundamental, sobre el tratamiento que -entendemos- debería recibir nuestra realidad lingüística. Un tratamiento que, a nuestro juicio, parte, indudablemente, del establecimiento de un marco legal que garantice lo contemplado en el artículo 7 del Estatuto de Autonomía y que permita, por tanto, desarrollar todas aquellas medidas de protección, de promoción, de enseñanza de nuestras lenguas y modalidades, allí donde históricamente han tenido un uso predominante.
Esta concepción, aunque parto de una interpretación del artículo 7 del Estatuto de Autonomía, dista muchísimo, por supuesto, de los planteamientos que, desde otros ámbitos y desde otros sectores, se hacen propugnando la cooficialidad del catalán y del aragonés en nuestra comunidad autónoma. Yo creo que todos somos conscientes de ello y de la distancia entre un planteamiento y otro. Estamos convencidos, desde el Grupo Parlamentario Popular, de que el Gobierno de Aragón también es consciente de esa distancia.
Partimos de percepciones distintas sobre lo que es la realidad sociolingüística en nuestra comunidad autónoma; partimos de percepciones distintas, en cuanto al alcance de lo establecido en el artículo 7 de nuestro estatuto, y partimos de percepciones distintas, en cuanto a lo que podrían ser las actitudes de los hablantes de esas zonas de uso predominante.
Desde la comparecencia de la asociación a la que representa en la Comisión especial sobre Política Lingüística a esta comparecencia, en todo caso, se ha producido una novedad, que ha sido el hecho de que el Departamento de Cultura y Turismo sometiese a información pública un inicial anteproyecto de ley.
Desde el punto de vista parlamentario no es fácil enjuiciarlo, puesto que no ha llegado a esta cámara como proyecto de ley, y es evidente que, como decía, hay diversidad de opiniones y hay planteamientos distintos, desde el punto de vista político, y mucho más se han conocido a raíz de esa publicación y de ese sometimiento a información pública.
Ahora bien, el hecho de que no haya acuerdo político, en cuanto a la cuestión lingüística en nuestra comunidad autónoma, algo que el Gobierno de Aragón sabe de antemano, ni tampoco hay acuerdo entre los lingüistas, que no lo hay -yo creo que no hay que centrar únicamente la cuestión al acuerdo o al consenso o no político-, no hay acuerdo entre los lingüistas, y lo pudimos comprobar en los trabajos que desarrolló la Comisión especial sobre Política Lingüística, ni hay tampoco acuerdo entre los juristas, como hemos podido comprobar, por una parte, las opiniones utilizadas por la consejería para argumentar y justificar la presentación de ese anteproyecto de ley y, por otra parte, conociendo el criterio del dictamen de la Comisión Jurídica Asesora.
Pero el hecho de que no haya acuerdo, ni desde el punto de vista político, ni desde el punto de vista lingüístico, ni siquiera tampoco desde el punto de vista jurídico, entendemos, desde el Grupo Parlamentario Popular, que no es justificación para que el Gobierno de Aragón se esconda y dé por cumplida su misión y su papeleta por el hecho de haber sometido a exposición pública aquel anteproyecto. Un anteproyecto que, como digo de antemano, sabía que iba a ser muy contestado. Y, por supuesto, no es justificación para que no esté desarrollando política lingüística alguna, ni haya tomado ninguna iniciativa para avanzar hacia algún acuerdo de mínimos.
El consejero, en la última comparecencia sobre este asunto, manifestó que es absolutamente necesario y urgente que esta comunidad autónoma encuentre ese clima de consenso, ese clima de sosiego intelectual necesario para hacer posible una ley que no podría ser viable sino desde el consenso. Hoy la portavoz del Grupo Parlamentario del Partido Aragonés también recordaba la necesidad de ese amplio consenso y de lograr grandes dosis de diálogo, para llevar adelante una ley de estas características.
No sé qué avances ha producido el Gobierno de Aragón, desde ese mes de octubre a esta parte, para ir avanzando hacia ese diálogo y hacia ese consenso. Desde luego, el Grupo Parlamentario Popular no lo ha percibido.
Y decía usted, señor Bayod, que no es que la asociación a la que representa esté en contra de una ley de lenguas -creo que es importante que haya hecho esa matización- y que efectivamente considera que es necesaria una ley de lenguas.
Desde el Grupo Parlamentario Popular estamos plenamente convencidos de la necesidad de esa ley de lenguas, que venga a garantizar lo que se ha establecido en el artículo 7 del Estatuto de Autonomía.
Por tanto, nosotros vamos a contribuir a todo planteamiento plural que parta de un debate sereno y, sobre todo, que parta de la pretensión de alcanzar resultados y, mucho más, si esas líneas son acordes con los planteamientos que marcamos en nuestro voto particular al dictamen elaborado por la Comisión especial sobre Política Lingüística.
Desde luego, no vamos a participar en iniciativas que pudieran propiciar enfrentamientos y, desde luego, en iniciativas que respondan a otros intereses que no sean los de los hablantes, y, como entendemos que hoy el señor Bayod nos ha planteado, precisamente, cuáles son las visiones que desde una asociación integrada por hablantes de una zona afectada nos ha traído a esta comisión, pues agradecemos todas las aportaciones que vengan a enriquecer esa visión que hasta ahora ha tenido esta comisión.
Gracias, presidente.
El señor vicepresidente (BRUNED LASO): Gracias, señora Calvo.
Ahora, para contestar a las cuestiones planteadas por los diferentes portavoces, tiene la palabra el compareciente, el señor Bayod.
El señor BAYOD PALLARÉS: Muchas gracias.
Voy a empezar por el final, por la señora Calvo. Lo que había dicho yo: que no estamos en contra de una ley de lenguas, que una ley de lenguas de consenso es muy fácil, con un artículo primero, como aquella que decía Joaquín Costa. Joaquín Costa decía que si él fuese gobernante, solo habría una ley: se suprime el Boletín Oficial del Estado, artículo único. Aquí se diría: «se crea, en el Gobierno de Aragón, en las Cortes de Argón, la academia de las lenguas de Aragón». Artículo único. Una academia de gente entendida: historiadores, geógrafos, hablantes, con categoría cultural suficiente, para que traten el tema desde el punto de vista histórico, geográfico y sociológico, y no de política. Es decir, una academia de lenguas. Creo que todos los partidos estarían a favor.
A aquella reunión del año noventa y seis asistió mi amigo y compañero de la asociación porque yo estaba en Bruselas. Porque de cuando en cuando voy a Bruselas y me entusiasma el hecho de estar en Bruselas.
Un saludo y un abrazo al señor Becana, con el cual mantengo una relación, quiero hablar con él extensamente; estos días estoy en Zaragoza, no sé cuántos días, hasta que mi autoridad correspondiente me ordene marchar, es decir, mi mujer, hasta que me diga mi mujer que la lleve al pueblo, hasta entonces, voy a estar en Zaragoza a disposición del señor Becana.
Me satisface expresar la alegría que me proporcionó un importante político socialista, concretamente Esteban Izquierdo, cuando un día me lo encontré en Teruel, en un sótano, aparcando, hace dos o tres años, y me dijo: «Roberto, alégrate, que se ha cambiado el Estatuto de Autonomía y se ha puesto la palabra propias». Es la primera noticia que tuve de esa actualización y modernización.
Con respecto a eso, la normalización, que parece que alguien ha hablado de la normalización, cuidadito, señores, cuidadito con la normalización. Les voy a contar una anécdota. Un día estaba yo, hace siete u ocho años, buscando setas, robellones, en una finca mía, me veo allá arriba, en el monte, en mi finca, cinco o seis personas, y les pregunté que de dónde eran. Eran de Batea. «Hombre, allí me enseñó latín el párroco de Batea», porque, en mi juventud, con dieciséis años, yo hablaba el latín con la misma fluidez que hablo ahora el castellano. Mosén Prudencio, párroco de Batea, cerca de Gandesa... Aquellos señores eran de Gandesa, y yo les pregunté por el idioma que hablaban, si castellano o catalán. Me dijeron: «Mire usted, se lo vamos a decir, se lo voy a decir claramente: el jodido de Pujol nos ha robado el idioma de nuestra madre». Por la normalización. Cuidadito con la normalización, que nos quedamos sin las lenguas aragonesas. Porque los andaluces, señores, no normalizan. Yo he estado cinco años de delegado de Hacienda en Jaén, pero no normalizan. Los de Sevilla dicen «Sevilla», y los de Jerez dicen «‘erez», pero cuando escriben escriben «Jerez». Y los de Sevilla, cuando escriben, no escriben «Cevilla»; escriben «Sevilla». Y los de Baeza escriben «Baeza», pero allí sesean.
La normalización es un ataque a la cultura. Y una cosa para que no se me olvide. Si los catalanes quieren que el catalán se hable donde ellos dicen que se habla catalán, ¿por qué no consiguen que en el Rosellón se hable catalán? ¿Por qué? Porque se lo impide el Gobierno francés. El Gobierno francés consigue su unidad francesa a base del idioma francés, y la unidad y grandeza de España debe ser a base del idioma español. Proteger y tutelar los idiomas minoritarios, pero, cuidado, no empecemos a normalizar, porque ¿cómo vamos a normalizar el idioma de mi pueblo, si a ocho kilómetros, en La Codoñera, ya hablan diferente, y, sin embargo, los de Maella...? No se puede normalizar. Eso es atentado a la cultura, como en Cataluña, que ha cogido parte de su catalán, lo ha hecho oficial, y los demás se han quedado sin poder hablar catalán.
La ley. Ese anteproyecto de ley de lenguas es catalanista, cien por cien; se ha mejorado mucho con respecto a sus orígenes, pero, claro, continúa hablando del catalán, pero mientras no se suprima la palabra catalán... Hombre, libertad, cada uno que hable como quiera, naturalmente. Mis hijos piensan en castellano; mi hija está en un bufete de Londres, pero ama tanto a Belmonte, mi pueblo, que, a pesar de que está en Londres (se graduó en Oxford, de tres carreras, y de abogado en Londres), sin embargo, continúa domiciliada y censada para votar en mi pueblo, porque ama Aragón. Y no podemos poner la palabra catalán porque no es catalán. ¿Por qué no ponemos el inglés? Ella piensa en inglés, no cabe la menor duda, porque su padre es inglés: piensa en inglés, en español y en aragonés; pero, cuando va su familia, con su padre y con su madre, hablan en inglés, y lo siento muchísimo, y que hablen como les dé la gana, pero no normalicemos el inglés con el aragonés. El catalán con el catalán, que es lo normal. ¿Y cómo vamos a normalizar nuestros idiomas con el Institut d’Estudis Catalans, que no nos ha pedido ni voz ni voto en ese instituto? Hagamos la academia de las lenguas de Aragón, que lo estudie el tiempo necesario, pero que nos digan cuáles son los idiomas propios de Aragón, con el estudio completo de Aragón. O sea, que de normalización, nada. Se ha pretendido normalizar los idiomas del Pirineo, y ¿qué resulta? La fabla.
Y aquí tengo yo, que puedo entregar uno a cada uno, y sobran... El que más ha escrito y mejor sobre los idiomas del Pirineo es Brian Mott, que ha escrito dos o tres tomos sobre el idioma de Gistaín. Este lo tengo dedicado: Brian Mott, catedrático de idiomas en Barcelona. Brian Mott, que todos los años va a mi pueblo a darme un abrazo, dice: «Querido amigo Roberto, muchas gracias por tus detalles. Como bien dices, la fabla, siendo como es un habla artificial, estandarizada, no tiene mucho que ver con la fabla de Gistaín. Naturalmente, a los chistabinos, que hablan tanto el castellano como el autóctono chistabino, no les sirve ni lo desean. Sería una complicación innecesaria en su vida hablar dos variedades lingüísticas ya existentes, y tener que asumir una más escrita que es ajena en muchos aspectos a la que hablan. Defendamos las lenguas de los valles del Pirineo, pero sin normalizar, con su riqueza histórica consuetudinaria».
También tengo otro papelito si lo desean, sobre cómo se están falsificando la legislación, las leyes, el aspecto jurídico, porque en el Bajo Aragón se ha editado una guía con la firma o la presentación de dos consejeros, que no se han dado cuenta, porque tampoco se dio cuenta el coordinador, donde se dice -es vergonzoso que tengamos que recurrir a profesores catalanes para que escriban libros sobre Aragón-: «La actual Constitución española reconoce en el artículo 3.2 el carácter de lengua oficial tanto para el castellano como para el catalán». Acaso, la Constitución, la ley de leyes, habla en alguna parte del catalán. No, señores, ni habla del catalán ni del gallego ni del vasco. Habla de las comunidades que puedan establecer sus lenguas oficiales. Pero este señor, este profesor de catalán, nos dice, que es la máxima autoridad catalanista en Aragón, añade: «En la comarca del Bajo Aragón». Hombre, que la Constitución se rebaje a tan bajo, que se nos diga cómo tenemos que hablar en este pueblo o comarca. No, señores. Eso es falsificar, es adulterar, es creer que los demás somos tontos. Señores, esto está también a su disposición.
Así, no puedo nada más observar, sobre las magníficas exposiciones que han hecho los demás... Bueno, alguien ha hablado -me parece que doña Trinidad- de que, en algunas leyes aragonesas ya se habla... No sé si esas leyes citan o no la palabra catalán. Es decir, la Ley de carreteras y la Ley de sucesiones. A mí no me perjudica que sea en bilingüe, como si es en inglés o en alemán, a mí no me perjudica nada. No me interesa, y me río. Y en chino: en mi pueblo hay una niña china adoptada; pues lo ponen en chino. A mí no me importa nada. Si la gente se preocupa de que en la Ley de carreteras diga que se ponga en bilingüe o en trilingüe, que lo pongan como les dé la gana. Lo que sí les afecta es cuando les dicen cómo tienen que hablar.
Sus señorías han nombrado la Ley de Patrimonio, que sí habla del catalán y del aragonés, pero quiero explicar por qué se puso en esa el catalán. Fue un gol metido en las Cortes de Aragón, y no por mayoría.
En el mes de marzo del noventa y uno nos reunimos en Maella, y nosotros adoptamos el acuerdo de hacer una moción al Gobierno de Aragón para que iniciase las gestiones para declarar inconstitucional, antiestatutaria, la Ley de patrimonio. ¿Y qué pasó? Pues después había que darle forma a ese acuerdo que tomamos en Maella, juntamente con otra asociación, con la asociación del Matarraña, radicada en Maella. Nos reunimos en Fraga con todas las asociaciones e hicimos una exposición jurídica e histórica de que procedía impugnar inconstitucionalmente esa Ley del patrimonio. Pero ¿qué pasó? Que cuando llegó esto era el mes de abril. En el mes de abril estábamos a dos meses de las elecciones, y el gobierno del PP (que desde el punto de vista político, bien hecho; desde otros, mal hecho) no se preocupó de este tema, de la inconstitucionalidad, porque solamente el presidente del Gobierno de Aragón podía impugnar la Ley del patrimonio en el plazo de tres meses ante el Tribunal Constitucional.
Nuestros escritos de Maella y Fraga fueron a parar a un negociado cuya funcionaria los metió en un cajón, y no se sabía qué funcionaria. Durante días tuve que ir de un lado para otro, porque, claro, yo iba al director general que había entonces y me dijo: «Mire, yo no tengo ningún escrito vuestro; cómo voy a decir arre a la mula si no tengo mula ni tengo nada». No lo podían encontrar, hasta que, por fin, cuando ya se había pasado el plazo para impugnarlo en el Tribunal Constitucional, encontré una señorita, cuyo alcalde del Bajo Aragón dice que es una víbora, que en la parte lingüística es catalanista, como antes era españolista, escondió nuestras mociones, nuestros escritos en su cajón y vino el período en que ya no se podía reclamar, y pasó ya a la historia.
Esta es la causa por la cual el Gobierno de entonces no pudo recurrir. Porque en parte no quiso o no tuvo tiempo, porque las elecciones eran lo primero, o porque quien tenía que dar la gasolina éramos nosotros, que éramos los perjudicados. Porque los perjudicados somos nosotros. Porque ¿cómo pienso yo? Pues yo pienso según la materia de que se trate. Cuando hablo de unas cosas, de Andalucía, pienso en andaluz; pero cuando pienso en una cosa hacendística o de historia, pienso en castellano o español; pero cuando pienso en lo que tengo que decir a mi mujer pienso en bajoaragonés. Eso es que cada uno tiene que defender el habla.
Un día, en Calaceite, que es el pueblo quizás más catalanista, o menos aragonesista, de los que hay, se recogieron ochocientos firmas, acreditadas ante notario, contra la catalanización de Aragón. Cataluña, que sea todo lo catalanista que quiera. Pero nos están invadiendo, señores.
Los casals de Jaume I están invadiendo el norte de Valencia y Baleares, y es porque Cataluña, dicho con amargura, quiere suprimir la Corona de Aragón. No les extrañe esta palabra. Quieren constituir los países catalanes. Y todo es catalán. Eso es lo que quieren: suprimir la Corona de Aragón. Hay libros, hasta yo he colaborado en un libro catalanista, del Matarraña. Mi pueblo, que no está en el Matarraña, sino que está en el Mezquín, lo incluyen en un libro en la comarca del Matarraña, en el cual he colaborado yo. Está escrito en catalán. He colaborado yo, por lo menos, para que no se dijesen cosas sustantivas de las cosas de mi pueblo que no eran verdad. Yo he colaborado con los catalanes, soy amigo de los catalanes. Es como aquella amiga mía de Gandesa, que decía: «Cuanto más amo a Cataluña más quiero a España, y cuanto más quiero a España más quiero a Cataluña». Esa era una catalanista con familia en Aragón de Gandesa, en los límites con Aragón. Que se sienten muy aragoneses.
Y con esto creo que he explicado por qué no pudo interponerse el recurso de inconstitucionalidad contra la Ley del patrimonio. Las demás no nos importaban nada, ni la de carreteras ni la de sucesiones. Te pongas como te pongas, ¿qué nos importa el nombre del término municipal o el nombre de la carretera?, pero sí cómo tenemos que hablar.
Nada de catalanidad y sí mucha aragonesidad, con su historia y con sus lenguas usuales. Que se cree una ley de lenguas muy cortita. Si las leyes son cortas son muy eficaces. Que se cree una academia de las lenguas de Aragón. Y que estudien los sabios, que bastantes hay.
Con esto, señores, me despido con alegría, con una de las alegría de mi vida, con orgullo, en mis muchos años de vida, por haber estado en estas Cortes de Aragón, que tanto amaba Joaquín Costa, y del cual yo tanto he escrito.
Así que buenos días, y quien quiera un ejemplar de lo que dice Mott del chistabino, profesor catalán y máxima autoridad... Una profesora amiga mía decía «¿el catalán en Aragón?; no, el catalán en Aragón, no». Si al señor Fraga le decimos que habla el portugués de Galicia, nos araña el señor Fraga, y si al señor de Portugal le decimos que en Portugal habla el gallego de Portugal, nos araña también. A Portugal, el portugués; a Galicia, el gallego; en Aragón, el aragonés; en Cataluña, el catalán; en Valencia, el valenciano. Y los valencianos se están uniendo a nosotros, con los de Baleares, nos estamos moviendo muchísimo, y tengo la seguridad de que venceremos. Y estaremos de acuerdo con las Cortes de Aragón en tanto hagan una ley de lenguas ajustada a la historia, al Estatuto y a la historia y a la geografía de Argón. No se compliquen ustedes: dejen ustedes a los sabios, los historiadores y geógrafos, que estudien. Y no he hablado socialmente porque no era mi tema.
Y nada más.